Brujas 4×4
Joel Bracho Febrero 6th, 2007
Ya conoce el amigo lector que para este modesto escribidor es una verdad demostrada e incontrovertida, el hecho de que todas las esposas son brujas, y que tienen como parte de sus tareas mundanas controlar la vida de nosotros los maridos, felices mortales a pesar de todo.
Por eso hoy quiero referirme a una nueva forma de amenaza que se cierne sobre nosotros, a objeto de que estemos alerta y aprendamos a protegernos y defendernos de lo que tal amenaza puede significar.
Me refiero, mortales colegas, al nuevo y creciente ejército de brujas 4×4, que a bordo de poderosas y cada vez más grandes camionetas se desplazan “ por estas calles”, con más prepotencia que un Capitán y más agresividad que un miembro de esos Círculos que andan por ahí para hacernos entender “a c…..zos” que ahora Venezuela es Otra. | Joel Bracho
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Ya conoce el amigo lector que para este modesto escribidor es una verdad demostrada e incontrovertida, el hecho de que todas las esposas son brujas, y que tienen como parte de sus tareas mundanas controlar la vida de nosotros los maridos, felices mortales a pesar de todo.
Por eso hoy quiero referirme a una nueva forma de amenaza que se cierne sobre nosotros, a objeto de que estemos alerta y aprendamos a protegernos y defendernos de lo que tal amenaza puede significar.
Me refiero, mortales colegas, al nuevo y creciente ejército de brujas 4×4, que a bordo de poderosas y cada vez más grandes camionetas se desplazan “ por estas calles”, con más prepotencia que un Capitán y más agresividad que un miembro de esos Círculos que andan por ahí para hacernos entender “a c…..zos” que ahora Venezuela es Otra.
Cualquiera puede verlas desplazarse por calles, avenidas y autopistas, conduciendo orgullosa su flamante y descomunal vehículo, desde cuya altura va divisando el predio que la circunda, el cual además va “peinando” con el scanner incorporado a los lentes oscuros de marca, atenta para detectar a cualquier infeliz y desprevenido mortal que pueda tener la osadía de interponerse en su trayectoria, puesto que además de estar absolutamente convencida de que “su” camioneta es mejor y más bonita que las demás, también está persuadida de que la calle es “suya”, con todos los derechos y ninguna obligación, tal como si en la guantera cargara el documento notariado y registrado que la acredita como dueña y señora de la vía.
Es por eso que ella sí tiene derecho a detenerse frente al kiosco de periódicos, bajar elegantemente la ventanilla eléctrica de la puerta del co-piloto y gritar con voz afectada: “Señor Manuel, porfa, déme El Universal, la última Hola, unos chicles full menta sin azúcar y una cajita de Belmont Light”.
Claro, el señor Manuel tiene que armar el pedido buscando cada cosa en los estantes, salir del kiosko para llevar la mercancía hasta el vehículo de la dama, la cual entonces hurga en los insondables abismos de una cartera enorme, y paga con un billete de Cincuenta Mil, así que el señor Manuel tiene que devolverse a buscar el cambio y regresar a traérselo para que ella le diga “Ay, gracias. Usted es un sol. Mañana vuelvo como a esta hora”.
Mientras tanto, el tránsito está detenido, porque la inmensa 4×4 no deja espacio para otra cosa, pero la Bruja Capitana al mando de la unidad, está indudablemente convencida de que los mortales que se encuentra en la cola y que desde sus vehículos hacen sonar la corneta para quejarse, no son más que seres inferiores que por tal condición no son capaces de esperar “un minutico” para que ella pueda hacer sus compritas cómodamente.
Satisfechas pues, estas necesidades, y ya con la boca fresca por el chicle que ostentosamente masticará el resto del día, la Bruja arranca con su nave y acto seguido toma el celular para llamar a la peluquería, pues hacia allá se dirige. La conversación con la peluquera, necesaria para anticipar la descripción de lo que espera le hagan cuando llegue, la hace olvidar que está manejando y que tiene que estar pendiente del tránsito, las señales, los peatones, la motos y todo lo demás, razón por la cual ni siquiera advierte que repentinamente frena mientras exclama “Cómo que no tienes el tinte para hacerme mis reflejos¡ Pues ve a ver de dónde lo sacas, porque esta noche se casa mi sobrina Alejandrita y yo no puedo ir con estos pelos como los tengo.”
Claro, el que venga atrás que vea qué hace, pues como conductor responsable tiene que prever que el vehículo de adelante puede detenerse repentinamente y además puede cruzar sin ninguna advertencia y sin poner la luz de cruce, para entrar en el Centro Comercial, como en efecto la Bruja lo hace en ese instante.
En fin, observe Ud. amigo lector, y se dará cuenta de que es cierto lo que digo: el noventa por ciento de las grandes 4×4 que circulan por la ciudad, llevan al timón una encantadora Bruja, toda divina ella, que mientras conduce conversa animada y despreocupadamente por el celular.
Me dí a la tarea de averiguar el por qué de ese estereotipo, y he aquí el resultado de mis investigaciones:
Resulta que entre los Ministerios de Industria Liviana y Comercio, el Instituto para la Pequeña y Mediana Industria, y el SENIAT, se dieron cuenta de que en los Estados Lara, Zulia y Falcón, hay cooperativas que fabrican escobas. Claro, son escobas modestas y sencillas que sólo sirven para barrer pisos, mas no para levitar y transportar a una Bruja. Estos organismos oficiales, sin percatarse de ese detalle, han prohibido la importación de escobas de modelos como la NIMBUS 2000 que usa Harry Potter, porque además es un instrumento del imperialismo británico, razón por la cual nuestras Brujas han recurrido al expediente de inducir a los mortales maridos, a través de un maleficio que nos hacen beber en el cafecito de la mañana, a que para contrarrestar la falta de escobas voladoras, que no se pueden importar, les compremos camionetas 4×4.
Esa es la explicación. Así que cuando vaya Ud. a un concesionario a tratar de comprar una camioneta de esas, pero para Ud., el vendedor le dirá que no hay, que se anote en una lista para dentro de tres meses, etc., etc.
Pura falacia¡, como decía el gocho aquél. Es que las Brujas han agotado las existencias y sólo permiten que se vendan camionetas para ellas.

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