Travesías por el cielo del Atlántico
Casos y Rostros Mayo 9th, 2008
En las décadas de los años veinte y treinta, coinciden en mayo las travesías que recorrieron el Atlántico: el primero en lograr el desafío fue el teniente norteamericano Albert Read junto a su tripulación, en 1919; luego en 1927, Charles Lindbergh lo hizo solo y sin escalas. Más tarde, Amelia Earhart lo lograría, bajo esas mismas condiciones, como abanderada del sexo femenino
Por Tibisay Ascención Pino
La inquietud del hombre por volar es un hecho tangible, evidenciado por las múltiples pruebas y maniobras que ha intentado realizar desde la prehistoria. Se registraron los traspiés de aquellos que, por iniciativa propia, imitaron la capacidad natural de los pájaros, lo que puso en duda la capacidad de volar del ser humano. El tiempo demostró que su impulso creativo lo llevaría hasta la luna.
En virtud de esa búsqueda, se materializaron la cometa, el paracaídas y el globo dirigible; este último conocido actualmente como Zepelín. La evolución de estos inventos, en el transcurso de los años, dio origen a otras ideas que se llevaron a la práctica mejorando las características técnicas de los diseños anteriores. Para no caer en la minuciosidad de los detalles históricos, saltaremos hasta llegar a la década de los veinte, cuando ya la aeronáutica había conseguido su figuración dentro del ámbito de las ciencias aplicadas.
La aviación logró acortar el tiempo de traslado de largas distancias; sin embargo, para alcanzar este beneficio, tuvieron que rediseñarse las maquinarias construidas una y otra vez, hasta llegar a la perfección de los aviones que funcionan hoy en día.
La creatividad, imaginación e iniciativa del hombre en este ámbito, no sólo se estableció dentro de los límites de la capacidad de la aeronave, sino que en su entelequia se edificaron retos que rompieron los récords establecidos en cuanto a las distancias recorridas.
Fue así como pasaron a la historia las hazañas que dejaron su rastro en el cielo. Algunos de los pioneros fueron los pilotos portugueses Gago Coutinho y Sacadura Cabral (1922), quienes efectuaron el primer vuelo sobre el Atlántico Sur; Alan Cobham y Arthur Elliot realizaron el primer vuelo desde Inglaterra hasta Sudáfrica y con retorno a su destino, entre 1925 y 1926. Por su parte, en 1919 los hermanos Ross y Keith Smith hicieron el primer vuelo de Inglaterra a Australia, y el último al que haremos referencia es el primer vuelo alrededor del mundo, efectuado por Lowell Smith, Leslie Arnold, Erik Nelson y John Harding, hijo.
Este mes se cumplen varias proezas que dejaron huella en la aeronáutica: en 1919, un primer vuelo cruzó el Atlántico a manos de Albert Read y su tripulación; en 1927, Charles Lindbergh realizó el mismo vuelo, pero solo y sin escalas. Y como las mujeres no pueden quedarse atrás, Amelia Earhart fue la primera mujer en sobrevolar el Atlántico.
Es muy poco lo que se conoce acerca de la primera ocasión en la que se realizó esta proeza aérea. El viaje estuvo al mando del Teniente norteamericano Albert Read, quien embarcó tres hidroaviones de la Marina de Estados Unidos. El total de kilómetros recorridos fueron 6.315 y se realizaron cuatro escalas. Sólo un avión llegó a Portugal por aire, después de 19 días del despegue. El resto de las maquinarias no contaron con el mismo éxito, ya que una naufragó y la otra fue remolcada hasta las Azores, después de sufrir los embates de una tormenta.
Charles Lindbergh se dio a conocer al hacerse acreedor del premio Orteig, haciéndose famoso dentro de la opinión pública. Por esa razón son muchas las reseñas que se pueden hallar sobre este suceso, a diferencia de los otros, que a pesar de su importancia, no contaron con la misma cobertura de información.
El impulso que lo motivó a tomar este desafío fue la competencia patrocinada por Raymon Orteig, empresario de una cadena de hoteles en Nueva York, quien ofreció 25.000 dólares a la persona que lograra cruzar desde Nueva York hasta París, o viceversa, sin escalas. Además, Lindbergh sentía gran curiosidad de incursionar en la aviación. Distintas personalidades de ese mundo intentaron lograr la hazaña; incluso hubo muertes por incendios de aviones y accidentes.
Lindbergh llegó a la meta en un vuelo que duró 33 horas y 32 minutos, partiendo el 20 de mayo de 1927 del aeródromo Roosevelt, Long Island, y aterrizó en el terminal de Le Bourget, cercano a París.
El aeroplano que utilizó fue bautizado con el nombre de Espíritu de San Luis, en honor a los empresarios que financiaron la construcción de la nave, que pertenecía a la ciudad de San Luis. Actualmente, este aeroplano se exhibe en el Museo del Aire y del Espacio, en Washington, Estados Unidos. Este modelo posee las características técnicas: modelo Ryan NYP, estructura de madera, alas de implantación alta, tubos de acero y revestimiento exterior de tela. El beneficio con el que contaba esta maquinaria, a diferencia de la de sus competidores, es que ésta era monomotor.
Lindbergh ingresó en un curso de entrenamiento para desempeñar la función de piloto, y gracias a la inducción recibida por la compañía de Aviación de Nebraska, manejó los conocimientos requeridos. Abandonó la carrera de ingeniería mecánica en la Universidad de Wisconsin en 1922 para involucrarse de lleno en las actividades vinculadas al vuelo. Realizó una inducción con la Fuerza Aérea Norteamericana como piloto, de la cual egresó como el primero de su clase. Al mismo tiempo se desempeñaba en el mantenimiento mecánico de los aviones en el aeropuerto internacional de Logan.
Su vida fue llevada a la gran pantalla en 1957 en el largometraje El espíritu de San Luis. Su papel lo representó James Stewart y el director fue Billy Wilder. En el mundo de las letras, Lindbergh publicó: El Espíritu de San Luis (1953) y El diario de guerra de Charles Lindbergh (1970).
Pionera de la aviación
En este mismo orden de ideas, se presenta en el escenario aéreo una mujer, Amelia Earhart, quien entre el 20 y 21 de mayo de 1932 realizó en solitario la travesía del Atlántico. Además, logró establecer un nuevo récord de velocidad, al llegar a Irlanda en 13 horas y 50 minutos. De esta manera, recibe el reconocimiento de La Cruz Distinguida de Vuelo, otorgado por el Congreso de los Estados Unidos, por primera vez a una mujer.
Amelia sostenía que la figura femenina dentro de la sociedad era capaz de ejercer y desempeñar las mismas actividades realizadas por el hombre. Ideas que, en esa época, aún no eran totalmente aceptadas. Sin embargo, ese fue el motivo que la impulsó a ser una mujer pionera en la aviación.
Presenciar un espectáculo aéreo en Long Beach y su latente curiosidad, la llevaron a abordar un biplano. Esta experiencia la indujo a tomar la determinación de surcar los cielos y hacer de ello parte de su vida.
Amelia no sólo se conformó con ser participante activa de la aeronáutica marcando nuevos récords como piloto, sino que además difundió y promocionó la aviación, especialmente entre las mujeres: planificó una carrera aérea que se denominó Power Puff Derby, en 1929, exclusiva para féminas; fundó Las Noventa y Nueve, organización que recibió este nombre por estar conformado por otras 99 pilotos.
Su vida quedará inmortalizada en un film, Amelia, el cual permitirá dar a conocer a un público masivo su legado en la aviación. La actriz que interpretará a la célebre piloto, es la ganadora de dos Oscar, Hilary Swank, y el co-protagonista será Richard Gere, quien representará al esposo de la piloto, George Putman. La película será dirigida por la directora india Mira Nair, quien es conocida por sus más famosas realizaciones: Kamasutra, En busca del Amor, La Boda y La Feria de Las Vanidades.
El guión estuvo a cargo de Ronald Bass, quien terminó esta tarea antes de que se iniciara la huelga de guionistas. Bass se basó en los libros Al este del amanecer, de Susan Butler; El Sonido de las Alas, de Mary Lovell, y Amelia Earhart: el misterio resuelto, de Elgin Long.
Las biografías de los personajes que han hecho historia se reconstruyen en muchas ocasiones a partir del registro de la cobertura mediática, pero también a través de los escritos realizan en vida. Esto mismo fue lo que ocurrió en el caso de Amelia Earhart: durante sus viajes, solía mandarle cartas a su esposo. En una de ellas, existe una frase que delata el ímpetu de su espíritu, el placer que sentía por la aventura y la opinión que le merecía el papel de la figura femenina en la sociedad: “Por favor, debes saber que soy consciente de los peligros, quiero hacerlo porque lo deseo. Las mujeres deben intentar hacer cosas como lo han hecho los hombres. Cuando ellos fallan, sus intentos deben ser un reto para otros”.
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