Nuevo optimismo: ¿El mundo no está tan mal?
Casos y Rostros Abril 8th, 2008
Profesor danés pone nerviosos a los más furibundos ambientalistas
Contrario a la opinión imperante, esta teoría plantea que la situación de nuestro planeta no es tan grave como nos la han pintado. Con números en la mano, Björn Lomborg asegura que hoy en día tenemos más comida y menos hambre, y a pesar de que el calentamiento global es innegable, hay otros problemas más graves que resolver a corto plazo, en lugar de invertir millones de dólares en tratar de revertir algo, que en lo inmediato, resulta inviable
Por Yesmín Sánchez
A estas alturas, podría decirse que el profesor Björn Lomborg es como la ópera: “o lo amas, o lo odias”, pues atrae seguidores y detractores a gran velocidad desde la publicación, en 2001, de su libro El ecologista escéptico: Midiendo el verdadero estado del mundo (bajo el auspicio de la Universidad de Cambridge).
Ahora, las publicaciones de finanzas y negocios más reconocidas aprecian esta teoría, que han llamado el Nuevo Optimismo. De hecho, en 2004, la revista Time lo nombró una de las 100 personas más influyentes del planeta. Recientemente, el diario británico The Guardian lo catalogó como “una de las 50 personas que podrían salvar el planeta”.
La esencia del Nuevo Optimismo es sencilla: “Dejar el pesimismo de lado: las cosas no están tan mal”.
A lo largo de la obra, que excede las 500 páginas, Lomborg (apoyado por más de 3000 referencias y notas al pie de página, y 182 tablas y diagramas) cuestiona la mayoría de las afirmaciones casi dogmáticas acerca del calentamiento global, la sobrepoblación del planeta, los recursos energéticos, la deforestación, la extinción de las especies y la escasez de agua, basándose en métodos científicos tales como las muestras, los análisis o el cálculo.
El mismo Lomborg presenta sus argumentos: “Cuando empecé a comprobar la letanía ambientalista con los datos de fuentes solventes (como la ONU, el Banco Mundial, la Organización para la Cooperación y el Desarrollo Económico, etc.), emergió una imagen diferente. No estamos agotando la energía o los recursos naturales. Hay incluso más comida, y muere menos gente por hambre. En 1900, la esperanza media de vida era de 30 años; hoy es de 67. En los últimos 50 años hemos reducido la pobreza más que en los 500 anteriores. La contaminación del aire en el mundo industrializado ha disminuido”.
En la película del ganador de un Oscar y Premio Nobel de la Paz, Al Gore, Una verdad incómoda, se ilustran catástrofes que Lomborg se ha dedicado a desmontar. Por ejemplo, se predice que el aumento del nivel del mar a consecuencia del cambio climático supondrá que regiones como los Países Bajos queden sumergidas bajo 6,5 metros de agua. Lomborg señala que una exageración así no está avalada por las investigaciones del Panel Intergubernamental del Cambio Climático (Ipcc, el panel climático de las Naciones Unidas galardonado junto con Al Gore con el Premio Nobel de la Paz en 2007), en cuyo informe de 2008 se prevé que el nivel del mar aumentará tan sólo 38,5 cm.
Entonces, ¿Qué se debe hacer?
Una de las principales críticas que se le han hecho a esta teoría, es el hecho de que se plantee la inactividad ante hechos que se consideran graves. Aunque la receta parezca fácil, Lomborg propone que no nos concentremos sólo en la reducción de las emisiones de CO2, sino más bien en la inversión de nuestros escasos recursos en proyectos orientados hacia la felicidad humana, tales como la reducción de la pobreza, la investigación y prevención del Sida, la eliminación de la malaria, y el abastecimiento de agua limpia y potable para los más pobres.
Sin embargo, las críticas no han cesado. Incluso han llegado a cuestionar los motivos del autor para escribir este libro. Según sus detractores, el planteamiento de Lomborg “no habría llamado la atención, de no ser por las críticas abrumadoramente positivas en los periódicos punteros americanos”. La revista semanal británica The Economist publicó que “Estados Unidos es el país con más alto consumo de energía en el mundo, y existen poderosos intereses en esta nación relacionados con el incremento en el consumo de energía y la creencia en las fuerzas del mercado”.
Rápidamente, los contrarios a la teoría de Lomborg han ubicado intereses económicos entre sus motivaciones para escribir. El autor respondió: “Sin embargo, no tengo ningún interés en apoyar a un grupo de interés frente a otro. Mi objetivo es proporcionar la información que permita a la gente elegir mejor. Esto es más obvio en la discusión acerca del calentamiento global. Opino que, a pesar de nuestra inclinación a ‘hacer algo’ sobre ello, los análisis económicos muestran que será mucho más caro parar radicalmente las emisiones de dióxido de carbono, que pagar los costes de la adaptación al incremento de temperaturas”.
Ahora en frío
Recientemente, este profesor danés de estadística publicó una nueva obra, Cool it, que seguramente avivará el fuego de la polémica, y lo menos que producirá será el enfriamiento de algo.
Siempre bajo la filosofía de ver el vaso medio lleno, en lugar de medio vacío, este nuevo libro cuestiona el tema del deshielo: “A muchas especies les va a ir mucho mejor con el cambio climático. Las regiones árticas van a experimentar un aumento de la riqueza de especies y una mayor productividad en su ecosistema. Así, tendrán menos desierto polar y más bosques”.
Su posición podría considerarse enriquecedora. En más de una ocasión, se ha quejado de que la lucha contra el cambio climático se haya convertido en prácticamente una cuestión de fe, y que cualquier persona que ose cuestionar los planteamientos “políticamente correctos”, es visto como un hereje de la ciencia o un títere de las grandes petroleras. “¿Por qué gastar miles de millones de dólares en un complejo sistema de techos de emisión y un mercado de derechos de emisión, y muy poco dinero en investigación, cuando con más recursos en este sentido, a largo plazo, se logrará un mejor resultado?”.
Para pensar
Otra muestra de su imparcialidad es que Lomborg se ha declarado promotor de la energía solar, como la única forma de tratar de reducir las emisiones de CO2. De hecho, está convencido de que reemplazará al petróleo como la mayor fuente de energía en los próximos 50 años.
Su visión podría resumirse como totalmente pragmática: “Si el Protocolo de Kyoto fuese implementado totalmente, sólo retrasaría al calentamiento en apenas seis años”, posponiéndolo desde el 2100 hasta el 2106. Sin embargo, el precio de esto oscila entre $80.000 a $350.000 millones anuales. Lomborg está muy perturbado por estas cifras, ya que ve las mejoras en la salud pública como el mayor reto que debe enfrentar la raza humana.
Fuentes consultadas:
www.strategy-business.com
www.wikipedia.org
www.desarrollointeligente.org
Abril 10th, 2008 a las 19:25
Me parece un reportaje aliviador, debido al exceso de información alarmante que es difundida hoy en día por lo medios acerca del Calentamiento Global, que en vez de crear una conciencia colectiva de cómo utilizar y administrar nuestros recursos naturales y evitar que el planeta sufra consecuencias irreparables, por su parte crea polémica y miedo en la población pero sin obtener un cambio que nos beneficie a todos.
Deberíamos tratar de sustentarnos en información y datos que proporcionen soluciones en conjunto para el planeta y no en datos que sólo llevan a pensar que ya no hay vuelta atrás.