Más allá del más acá de un paisaje
Casos y Rostros Abril 8th, 2008
“ Llámame siempre por mi nombre y no desapareceré jamás”.
Akenatón. (Antiguo Egipto)
El faraón poeta se hundió para siempre en el Nilo, escuchando la voz de Nefertiti: “cuando te miro veo la luz”. La escena, menos terrible que bucólica, corrobora que todo lo que es uno mismo, es paisaje. Viceversa, la cosa cambia: no todo paisaje es uno mismo. Por eso, cuando nos atrevemos a mirar al fondo de los ojos de ciertos prójimos, vemos cenizas. Sus pupilas abrasaron lo mejor de sí mismos y de lo contemplado; sólo distinguen ahora el emblema de una Compañía Anónima en el capó de su carro.
José A.Sáenz Astort
Caminante sin camino
¿Se puede concebir peor forma de secar la humanidad y el medio ambiente, que desde el parapeto del anonimato? Quemar a toda prisa culturas y memoria, para que otros puedan quemar su real corazón, es decir, el motor de su automóvil, bólido ciego y sin paisaje. Los trae y los lleva, es cierto; pero también se lleva su sosiego, la transparencia del aire y hasta el aura que (otrora), manaba de la mujer al volante, cuando ella se sumergía en fantasías sensuales y no en el retrovisor.
Amantes de Mantova
Otros no se resignan a la sinrazón del combustible que devora alimentos. Prefieren arder lentamente, al compás de la brisa que se escancia cual vino espumoso sobre sus cuerpos caminantes. Se saben cimiento, no ápice; se sienten como una mirada compartida y entera. Así, enteros y abrazados se encontraron, no hace mucho, los cuerpos de una pareja sepultada cerca de una ciudad italiana cinco mil años atrás. ¡Cuánto habría disfrutado Shakespeare este hallazgo, de haber acontecido en Verona!
De profundis
La muerte puede ser hermosa (como la que cobijó durante milenios el último abrazo en Mantova). Pero de lo que se trata ahora es de recuperar otra belleza: el sentido humano de la vida, que se nos escapa entre prisa sin motivo, violencia, estrés y compra-venta de valores desechables. Vamos camino de ser autistas sobre cuatro ruedas. Se trata de emerger de una cultura de telenovela que nos volvió insípidos, atestada de cursilería sin imaginación y de noticieros sin verdad. Se trata de convocar a Ártemis y a Eros para que nos flechen con la pasión y la equidad.
Sólo así el cambio brotará desde lo profundo -como esos huesos abrazados- y subirá hacia el comunitario encuentro. Para que volvamos a escuchar con los ojos un verso de Borges o de Adriano. Saborear una sonata de Mozart o una pintura de Leonardo. Oler una copa de vino junto a una mujer (u oler a la mujer en él humedecida). Caminar en lugar de acelerar. Retomar los igualitarios juegos de la niñez y exorcizar al consumismo que nos oprime a escala planetaria.
La vida en un papelito
El rey poeta decidió ahogarse junto a su nombre musitado por una mujer. Dos cuerpos se durmieron abrazados bajo la tierra de Mantova. Mil generaciones nos precedieron y son memoria colectiva de un proyecto inconcluso. Ellos tienen, sin embargo, dos cosas en común: tomaron decisiones por amor y no conocieron el motor a gasolina. Si buceamos en nuestra infancia, quizá recobremos la primera tímida decisión de amar en aquel papel que todos leímos o escribimos alguna vez y que puede abrirnos camino a la nueva adultez. La carta del colegio, con dos nombres que querían ser uno.
Fulano:
…te digo que sí
…y a la salida nos vamos caminando juntos
…pero no se lo digas a nadie.
Fulana.
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