El Enemigo

Casos y Rostros Abril 8th, 2008

cyr_enemigo_004 Violencia e Independencia tras el lente de Lamata

El Enemigo es una historia sobre el desencuentro, el rencor, la venganza y tal vez la redención de dos habitantes de Caracas, víctimas de la violencia. Protagonizada por Carlos Cruz, Lourdes Valera y Daniela Alvarado, la nueva película de Luis Alberto Lamata es también un triunfo en materia de realización, pues fue rodada de forma independiente sin apoyo económico del Estado o de la empresa privada. El resultado: la mejor cinta venezolana en lo que va de año
Por Carlos “Caque” Armas

“En una guerra moral, si actúas como el enemigo, eres el enemigo”. Con esta frase, el personaje de Daniela Alvarado revela al espectador el dilema moral que encierra este film, que en tiempos aciagos se convierte en una película obligatoria para todos los venezolanos. “Ahorita estamos viviendo en Venezuela una guerra silenciosa, con penas de muerte no declaradas. Incluso es un problema que sobrepasa nuestras fronteras y se extiende al continente. De lado y lado de los bandos que se enfrentan, siento que es preciso encontrar una capacidad de convivencia sin agresión”, comenta el director Luis Alberto Lamata, también realizador de las películas Jericó (1990), Desnudo con Naranjas (1994), La Primera Vez (1997) y Miranda Regresa (2007).
La humilde madre de un joven abaleado (Lourdes Valera) y un fiscal del Ministerio Público (Carlos Cruz), cuya hija fue víctima también de una balacera, coinciden en una angustiante noche en los pasillos del Hospital Clínico Universitario de Caracas. Ambos esperan que sus hijos continúen con vida al amanecer. Ese encuentro aparentemente casual, no es fortuito. Un secreto se oculta detrás de esa falsa coincidencia y se irá revelando a lo largo de El Enemigo. La historia está inspirada en la pieza teatral Un corrío muy mentado, de Javier Moreno, y fue adaptada a la pantalla por Lamata, quien encontró elementos particularmente atractivos para convertirla en su próximo proyecto cinematográfico:
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“La obra era conmovedora, pero lo que más me gustó era que hablaba de una diferencia social única y poco explorada: ese bache que existe entre la clase media baja y la más popular. Otros países no la tienen tan claramente palpable como Venezuela. Parte de lo que vivimos hoy, es porque ese bache se nos creó en algún momento. No es la diferencia social clásica que explotan las telenovelas, es una cosa más sutil. Es la historia de ese tipo que logró ser abogado, pero vive en El Valle; es educado, no es un malandro y sin embargo, tiene un distanciamiento grande de la gente de barrio.
“Fernando Sabater dijo en una entrevista una frase tremenda: ‘El destino son nuestros semejantes’. Sartre decía que los otros son el infierno, pero en todo caso están ahí, para bien o para mal son nuestro destino. Y el dilema de estos personajes lo demuestra; el fiscal tiene una motivación sádica de indagar en el dolor ajeno de esta mujer, pero al asomarse al abismo de esta madre, ve su propio dolor.”
El texto original contaba sólo con dos personajes en un solo escenario. Lamata enriqueció su guión agregando nuevas escenas, nuevos personajes, desenlaces, e incluso anécdotas tomadas de experiencias reales ocurridas en el Hospital Clínico Universitario, como el caso de algunas madres que van armadas al hospital a proteger a sus hijos de algún ajuste de cuentas.
Independencia, entrega y solidaridad
cyr_enemigo_002 ¿Quién iba a pensar que un director tan experimentado como Luis Alberto Lamata, luego de realizar una de las películas más caras de nuestra historia (Miranda Regresa), se aventuraría a realizar una modesta película independiente? Usando cámaras de video, con personal mínimo, financiamiento proveniente del aporte personal de sus productores y solidaridad de técnicos y artistas, El Enemigo demuestra que un gran trabajo no siempre va acompañado de cifras millonarias o alardes de producción.
“Cuando trabajas en TV te acostumbras a trabajar con presupuestos incluso más grandes que el de Miranda Regresa. Por oficio, me he acostumbrado a hacer trabajos de encargo con presupuestos que no he levantado yo. Hay encargos más gratos que otros, en el caso de ‘Miranda’, pues me encontraba en mi elemento y además debía contar una historia que tenía una carga educativa importante y asumida. Estoy acostumbrado a esos saltos. En Rctv yo hacía un par de novelas y me iba a hacer mi corto con los realitos que podía conseguir. Incluso hoy, cuando hago una película, el costo es que luego debo trabajar en alguna telenovela para recuperarme o poder financiar mi próximo proyecto. Últimamente he vivido una luna de miel con el cine, que no es común en mi carrera.”
“En el caso de El Enemigo, el equipo de rodaje era muy pequeño, mínimo, pero muy profesional. Todos vienen de trabajar conmigo en otras películas. Se me hizo muy grato el rodaje porque hacerla con recursos tan limitados, me permitió concentrarme más en el trabajo actoral. Esta no es una película para hacer un gran alarde de imagen o producción. Lo que tenía que contar, tenía que contarlo a través de los personajes.”
El rodaje fue planificado en dos etapas, con una pausa de seis meses, que debido a dificultades económicas y otros compromisos del equipo, se convirtieron en dos años. Los primeros 12 días se grabaron en 2005 y los tres días restantes en 2007. Quince días en total fueron suficientes para contar esta historia en la que casualmente los eventos suceden con una diferencia de dos años. El costo final de la producción estuvo cercano a los 300 millones de bolívares, y aunque a primera vista la cantidad de actores de renombre que participan en la cinta haga pensar que las cuentas no cuadran, los créditos finales del filme se desviven en agradecimientos al elenco, que a fuerza de voluntad y ganas de hacer cine hizo posible la realización de una película de tan bajo presupuesto como El Enemigo.
“Sin ellos, la película no hubiera podido realizarse”, comenta Lamata. “La cosa no fue gratuita, yo creo que todo trabajo debe ser pago. Pero la mayor parte de ellos trabajó por cifras mucho menores de lo que suelen ser sus tarifas. Hay actores allí a los que les pagué con una cena. Uno como realizador debe saber qué fortalezas tiene, con qué puede contar. Yo contaba con la amistad de una cantidad de actores con los que he trabajado en televisión que se mueren por hacer cine. Es una cosa que además es bueno que lo sepan los cineastas independientes, porque muchas veces se les oye decir: ‘bueno, pero ese elenco es impagable’, pero la verdad es que si tú llamas a ese elenco para un proyecto que les guste, lo más probable es que lo acepten porque en realidad los actores de este país se mueren por hacer cine. Claro, cuando trabajas en una película como ‘Miranda’, donde ya cuentas con un presupuesto más holgado, por supuesto que pagas lo que se debe pagar.”
“Desde que escribí el guión tenía una idea de qué actores quería. En el caso de Carlos Cruz, es un actor que a mí me parece fabuloso, tiene una sensibilidad tan grandota como él. Y en el caso de Lourdes Valera, independientemente de que sea mi esposa, siempre ha sido una actriz que he admirado mucho, incluso desde antes de empatarme con ella. Me gusta mucho su capacidad de pasar de la comedia al drama. Todos los actores fueron muy profesionales. El tiempo que no fue de rodaje, fue tiempo de ensayos. Muchos de los diálogos que están en la película son improvisados y surgieron de esas sesiones. Hay escenas completamente improvisadas, ni los actores sabían bien de que iba la cosa, pero habían preparado tan bien sus personajes, que se aventuraban a tomar ese riesgo.”
Con el rancho bajo la piel
Los más viscerales críticos del cine nacional suelen apuntar sus argumentos hacia dos tópicos específicos: la violencia gratuita en muchas de nuestras películas y el excesivo uso de los barrios y malandros como protagonistas de sus historias. Sin embargo, Lamata responde: “Nunca vamos a dejar de hacer cine con malandros y barrios. Es parte de nuestra realidad y siento que es además nuestro aporte narrativo. Es como decirle a los gringos que no hagan cine de gangsters, cuando es un género que se reinventa cada año, desde El Padrino hasta American Gangster. Es un género del cine y nosotros tenemos nuestro género, que es el de malandros. Luego de hacer Jericó y Desnudo Con Naranjas, la gente me felicitaba porque yo no hacía películas de ese tipo, pero yo les decía: “Ya va, espérate, que yo también quiero hacer mi película de malandros”.
“En una percepción quizás un poco aventurada de mi parte, yo siento que al público le encanta ver películas de malandros. El venezolano tiene una fascinación con la violencia. No es casual que las películas más taquilleras de la filmografía venezolana sean Homicidio Culposo, Secuestro Express, Macu, Sicario, la lista es enorme. Hay cierto morbo en eso de la violencia. La cosa es que hay que saber resolverlo, porque si no, nos come. Siendo Caracas una ciudad tan armada, tan violenta, me parece maravilloso que aún haya una reserva de racionalidad y de necesidad de paz por parte del venezolano, a la que es importante aferrarse.”
“En ese sentido, lo negativo sería que sólo se hicieran películas de malandros. Y si algo bueno tienen la nueva ola de ‘operaprimistas’ que están surgiendo es la diversidad temática. Se está rescatando el género de la comedia y eso tiene un valor importante. Hacer comedia es difícil y ojala reincidan, porque lo harán con la experiencia aprendida en sus primeras películas. Creo que es muy bueno que el abanico se abra, es importante que el país recupere un cierto esfuerzo audiovisual que hable de nuestra historia y tenga un valor educativo, porque las películas tienen un alcance enorme.”



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