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La trompeta del mundo

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Arrancó el año con una gran noticia: su firma con el sello Deutsche Gramophon. Un reto enorme, como los que siempre se plantea el joven trompetista nacido en San Cristóbal que ha ganado los premios más importantes del globo y ha tocado con algunas de las más prestigiosas orquestas sin descuidar su pasión por la música venezolana

Por Oscar Medina - Fotografía: José Luis Cueto. Cortesía de Guataca Producciones

En ese edificio del centro caraqueño ya nadie debe sorprenderse cuando, de pronto, en medio del estruendo citadino, se cuela por los pasillos y ventanas la melodía de algún bolero con el sonido limpio y embriagante de una trompeta ante el cual sólo queda rendirse. “Es el muchacho ese”, dirán. “Es el gochito del piso tal”, dirán, refiriéndose al jovencito al que vieron llegar hace ya largo tiempo sentado en una silla de ruedas que empujaba su padre.

A estas alturas deben saber que su vecino es especial. Muchas veces le habrán visto entrar y salir cargado de instrumentos. Otras tantas le han visto fotografiado en páginas de periódicos y revistas. Y quizás algunos ya saben que se trata de un músico excepcional que se ha ganado a pulso el calificativo de “maestro”. Por estos días se habrán enterado también de que acaba de firmar un contrato con uno de los sellos discográficos más importantes del mundo. Y si aún no lo saben, no importa, porque no hay que ser muy enterado para tener la íntima satisfacción de sentirse privilegiado por escuchar ese fraseo de trompeta a cualquier hora del día.

Francisco “Pacho” Flores no ha dejado de ser el tipo sencillo que salió de San Cristóbal a los 16 años armado con una trompeta y una maleta de sueños por realizar. Dejar su casa, su vida apacible en esa ciudad andina, fue —visto en retrospectiva- el momento más duro de su carrera: llegó a Caracas, convaleciente de una operación en las piernas, a vivir solo de un día para otro. “El momento del desprendimiento fue difícil, todavía dependía mucho de mi hogar. Pero eso no hizo que me rindiera”. El sacrificio, entendió, tenía que valer la pena y el esfuerzo.

Creció rodeado de instrumentos de viento porque su papá, Francisco Flores Díaz, era músico a la par de su trabajo como contador. A los 8 años ya estudiaba música y ya entrado a la adolescencia, terminado el bachillerato, sabía que debía continuar su camino en Caracas.

Su talento descomunal lo llevó más lejos. Fue a Francia a formarse con el maestro Maurice André y, de hecho, ganó el premio que lleva el nombre de ese ilustre músico en 2005. Su hoja de vida con la trompeta en cuanto a formación, premios y giras internacionales junto a grandes orquestas es cosa de quitarse el sombrero y mirarlo bien: Pacho cumplirá 31 años el próximo mes de octubre, ha ganado los reconocimientos más importantes en el mundo de la trompeta, ha tocado con destacadísimas orquestas y ha dado clases hasta en Japón, a donde va a tocar al menos dos veces por año como compromiso fijo.

A la fama saltó —al menos para el público masivo- cuando a finales de 2009 lanzó su primer disco como solista: La trompeta de Venezuela (Guataca Producciones). Allí dio rienda suelta a su pasión por la música popular venezolana y latinoamericana junto a algunos destacadísimos colegas del patio y con una formación de base que es todo un lujo: Jorge Glem (cuatro), Manuel Alejandro Rangel (maracas) y Roberto Koch (contrabajo, dirección musical y arreglos).

Con ellos repite fórmula para una segunda entrega que debería salir al mercado a mitad de este año. “El repertorio es variado, desde grandes clásicos como ‘El Cruzao?, de Ricardo Sandoval, hasta obras de Aquiles Báez compuestas especialmente para mí”, explica. También suma a otros cómplices: Leo Blanco (piano), Alfredo Naranjo (vibráfono), Linda Briceño (voz), Jorge Montilla (clarinete), Pedro Carreño (trombón), Nené Quintero (percusión) y Edgard Ramírez (cuatro), entre otros.

“Es un disco más arriesgado en cuanto a ritmos y con más elementos de jazz latino. También ha sido mucho más difícil de grabar que el anterior, por el grado de virtuosismo que demanda. Este disco exigió toda mi capacidad en cuanto a dificultad técnica por los arreglos y el repertorio que he debido adaptar a la trompeta”.

Entre alemanes te veas

Su entrada al catálogo de Deutsche Gramophon este año lo ubica en el lugar en el que le gusta estar: frente a un reto. Los productores de la disquera alemana —la más importante en cuanto a música académica- se engancharon con su aporte al disco México en el cual el tenor Rolando Villazón recrea con su timbre temas emblemáticos del repertorio mexicano junto al ensamble Bolívar Soloists, dirigido por Efraín Oscher, un músico venezolano-uruguayo a quien hoy día considera como un padre: “no tengo familia en Caracas, todos están en Táchira. Así que me he refugiado un poco en la bella familia de Efraín”.

A pocos meses de la grabación, recibió un correo que daría inició a la historia que lo llevó a convertirse en el primer trompetista firmado por el sello desde que treinta años atrás lo hiciera su maestro Maurice André. “Eso me llena de ilusión y de motivación. Ellos tienen muchas ideas conmigo y han aceptado las mías. Les interesa mi perfil de géneros”.

La referencia de André es importante: “grabó con ellos todos los conciertos barrocos y románticos de la trompeta. Y también conciertos de oboe, algo que en su época era una completa innovación”. Ahora le toca el turno a Pacho. Y aspira poder aportar alguna cuota de sonido venezolano.

Si ya era complicada su agenda —contando sus proyectos como solista y su trabajo con la Sinfónica Simón Bolívar, más los talleres que dicta en Europa-, en los próximos años lo será aún más. Eso, claro, no lo asusta. Aplica para sí mismo el consejo que le da a los músicos más jóvenes: “les digo lo que aprendí de mi padre: que sueñen mucho, porque el sueño es la antesala de la realidad. Que nada ni nadie perturbe sus sueños. Si no lo consiguen la primera vez, será en la cien o será en la mil. Hay que ser muy perseverante”.

Paella y cuatro

Calcula que tiene más de dieciséis trompetas (por suerte, lo patrocina la casa Stomvi): “Los trompetistas somos muy caprichosos en cuanto al instrumento y las boquillas. Pero debido a que soy músico clásico, tengo que tocar toda la familia de trompetas. Y son muchísimas. Por eso tengo tantas, una para cada tipo de repertorio”.

Ese arsenal le acompaña en su apartamento caraqueño. Y también algunas van con el equipaje las pocas veces que logra escaparse a San Cristóbal. “Apenas puedo ir dos veces al año… por eso hago que mi madre me visite mucho. Y también mis hermanas, Zulema y Andreína; y mi hermano menor, José Daniel, quien es un trompetista con mucho más talento que yo, lo que a mí me tomaba cinco horas sacar, él lo hace en media hora”.

A veces, cuando puede, le es infiel a la trompeta: “tengo algunas nociones de guitarra. Y soy un enamorado del cuatro. Es un instrumento que me atrapa. Es multifónico, es melódico y es percusivo. Toco algunas cosas sencillas, nada como Jorge Glem, pero me sé varias canciones…”.

Donde sí se destaca —jura- es en la paellera: “soy andino, pero lo que más me gusta es la comida del mar. Es lo que más cocino: pescados y mariscos. Mi especialidad es la paella. Ah, y soy adicto al café”.

El de la vecindad

- ¿Por qué Pacho y no Pancho?

- Porque a mi padre lo llamaban Pacho y yo era Pachito, ahora él nos dejo físicamente y yo pasé a ser Pacho. También pienso que la cercanía cultural en la frontera del Táchira con Colombia hace que se mezcle eso un poco. Allá sería Pacho, en México es Pancho, en España es Paco y en Brasil es Xico o Xiquiño.

- ¿Cómo fue la carrera musical de tu papá?

- Mi papá era director de la Banda Municipal de Táriba (Táchira) y también de varias agrupaciones bailables y de antaño. El era trompetista y la manera que tenía de tocar la trompeta era muy peculiar ya que fue totalmente autodidacta. Su magia de buen trompeta y padre cariñoso hicieron que me atrapara en esta aventura hermosa de vida que es la música.

- ¿Cómo es posible que a los 8 años quisieras tocar trompeta si seguro casi ni la podías sostener con tus manos?

- ¡Querer es poder! Al principio la música era un juego, hoy día es mi vida.

- ¿No son el jazz y la salsa los caminos más obvios para un trompetista? ¿Cómo fue que decidiste ir por otra vía?

- Un músico de metal tiene esa suerte de pasar por varios géneros; toqué salsa, toqué jazz con Virgilio Armas en Táchira (eminente pianista), toqué en un mariachi (Mexi Show), hice muchas guatacas con los panas de música venezolana, fundé un quinteto de metales, etcétera. Eso hace que poco a poco te vayas dirigiendo hacia un norte. Me encantan todos los géneros, pero lo que más me ha llamado la atención es la búsqueda de la perfección del sonido y creo que eso me ha hecho muy disciplinado con mi trabajo diario. Hoy me faltan horas para estudiar mi instrumento. Dios ha tenido muy consentidos a los trompetistas, tanto así que el día del juicio final tendremos que matar un tigre…

- ¿Alguna vez llevaste serenatas al pie de alguna ventana en San Cristóbal?

- Con el mariachi me cansé de hacerlo

- ¿Por qué crees que en el ámbito de la música tradicional y los ensambles hay pocos —o ningún otro- trompetista más o menos famoso?

- La música venezolana es bastante compleja, y la gran mayoría de estos ensambles han escrito para el violín, la flauta y el clarinete. Incorporar a la trompeta es bastante reciente, y la adaptación de esta música a la trompeta es un gran reto.

- ¿Quiénes han sido tus referentes a lo largo de tu aprendizaje con la trompeta?

- Mi padre, mi primer maestro Orlando Paredes, Jairo Hernández, Ramiro Ramírez, Eduardo Manzanilla, Arturo Sandoval, Wynton Marsalis Eric Aubier, Frank Pulcini, Maurice André. La lista es más larga…

- Si revisáramos entre tus discos, ¿qué encontraremos?

- De todo, clásica, jazz, rancheras, muchísima música venezolana, bastante material de trompeta, muchas cosas.

- ¿Tienes alguna costumbre o “ritual” antes de salir al escenario?

- No tengo rituales, trato de relajarme, la noche anterior voy al cine. El día del concierto almuerzo pasta porque me da energía para la musculatura facial. Me hidrato mucho, duermo una siesta y llego muy temprano para calentar los labios.

- ¿Te han echado mucha vaina con eso de Ligia Elena y el trompetista o ese ya es un chiste demasiado viejo?

- ¡Se te cayo la cédula panita! Por supuesto, es un clásico que nunca falta para un trompetista…

 

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