El mundo tecnológico ha sufrido una gran pérdida con la desaparición de un genio que cambió el concepto de las computadoras personales y portátiles. Apple y Macintosh fueron sus primeras innovaciones, pero con iPod, iPad y iPhone conmocionó a millones de personas, haciéndoles la vida más placentera y productiva. La animación cinematográfica también se benefició con el aporte de este hombre extraordinario que dejó su huella en Toy Story.
Steve Jobs es un ejemplo de perseverancia y superación. Fue un hombre inconforme, creativo y profundamente afectado al descubrir que fue un niño no deseado y dado en adopción. Su vida reflejó ese conflicto interior, que se manifestó con una inquietud permanente y un talento avasallador. Tuvo, afortunadamente, modestos pero excelentes padres que no solo le dieron cariño y protección, sino también orientación. Su padre le dio las herramientas básicas para crear, construir y soñar. Fue un visionario que persiguió sus sueños buscando siempre lo que más amaba. Consiguió el amor en una mujer con la que se casó y tuvo hijos. No llegó a graduarse en la universidad porque no era eso lo que él quería en la vida. Nunca tuvo miedo al fracaso; lo consideraba una oportunidad para comenzar de nuevo.
Demostró que hay dos maneras de vivir: la que él escogió y la que pudo haber preferido, como sentir lástima de sí mismo, malgastar la vida echándole la culpa a otros por su desgracia o conformarse haciendo algo que no le gustaba. Pudo también haberse entregado al licor o a las drogas para ahogar sus penas. Quizás la fama y el dinero también lo hubieran atrapado en su red ¡Cuántos casos así vemos a diario! Pero la vida es muy corta para desperdiciarla. Así vivió Jobs. Sabía que debía vivir cada día como si fuera el último.
Como él, con cada amanecer tenemos la oportunidad de perseguir nuestros sueños y abrazar la esperanza de hacerlos realidad. La perseverancia se alimenta con pequeños logros, pero hay que tener un plan a largo plazo. No debemos entregar nuestra vida al azar o a las circunstancias que nos rodean. Somos los únicos dueños de nuestro presente y futuro. El pasado sólo debe servir para no repetir malas experiencias y para recordar las buenas que nos permitan avanzar. La vida es un proceso inagotable de aprendizaje en el que nada está hecho. Todos los días hay que inventar algo nuevo.
No hagamos nada por rutina, pues siempre hay retos que superar. El entusiasmo y la voluntad son los medios infalibles para triunfar. No existe la mala suerte. Hay solamente sucesos que nos sirven de entrenamiento para continuar el camino. Esas experiencias nos enseñan a tomar la mejor decisión, y sólo con optimismo podemos asumirla. Sin embargo, hay una fuerza poderosa que impulsa nuestro diario quehacer. Sin ella todo esfuerzo es vano. Es la intensidad del amor para hacer algo, para crear y para entregar. Jobs dijo que había encontrado esa fuerza desde muy joven. Él vivió de una manera más que satisfactoria: feliz y con propósito. Fue una vida con sentido.
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