
Valeria poseía una inteligencia privilegiada. A los quince días de nacida, el pediatra notó que ella tenía una capacidad de observación nada común para un bebé de esa edad. “Señora, —le dijo— su hija será buena estudiante”. Poco a poco, sorprendía a quienes la veían crecer cuando, por ejemplo, sus ojitos...

María Larotta















