I.
Artemisa: -Amanece y debo irme. Ya no soy diosa lunar del bosque. Renuncié a la inmortalidad.
Oráculo: -Eras bosque; ahora eres camino. El Olimpo agoniza: Prometeo le robó el fuego y tú la libertad de elegir. Los hombres son más divinos y los dioses más humanos.
Artemisa: -Están viejos, ya no pueden hacer el amor.
Oráculo: -¡No se deja de amar porque se envejezca; se envejece al dejar de amar! grita Odiseo para que lo escuche Penélope, que también eres tú.
Artemisa: -Lo conocí hace mucho. Mis perros querían despedazarlo.
Oráculo: -¿Por qué contuviste tus flechas, implacable hija de Zeus?
Artemisa: -No pienses que fue amor. Admiré su audaz inteligencia.
Oráculo: -Para amar, la mujer necesita, primero, admirar. Devanarás con él la madeja de Ariadna.
II.
Artemisa: -Antes debe cumplirse la profecía de Casandra. Y Odiseo tendrá que cabalgar el Caballo de Troya. Dime, ¿ha envejecido mucho?
Oráculo: -Nadie es tan viejo que no pueda vivir un día más; nadie es tan joven que no pueda morir al día siguiente. Diez años duró el sitio de Ilión y otros tantos el regreso a Itháka. Su remo estremece el Egeo y anticipa la inundación universal. Alfombras voladoras destilarán fuego sobre la Sheherezada del infinito cuento de las mil noches. Entre Tigris y Éufrates empezó la historia. Allí terminará.
Artemisa: -¿Llegaré a presenciarlo?
Oráculo: -Lo viste, pero no recuerdas. La humanidad retornó a la caverna. Algún día descubrirá -otra vez- la palabra. Tal vez no vuelva a inventar dioses.
III.
Artemisa: -¿Qué pasará conmigo?
Odiseo: -Soñarás mi sueño, Ártemis.
Artemisa: -¿Quién eres?
Odiseo: -¿No me recuerdas? Polifemo me llamó Nadie. Circe, Recuerdo. Itháka, Rey. Troya, Enemigo. Penélope, Espera. Llámame Reencuentro.
Artemisa: -Busco lo nuevo. Tú, lo extraviado. ¿Podremos reconocerlo?
Odiseo: -Llevo en mí La Isla.
Artemisa: -Llevo en mí El Bosque.
Oráculo: -Ambos son encrucijada. Tus ciervas, Artemisa, surcan otros vientos. Y tú, Odiseo, ¿olvidas que una noche de vino, semen y sudor, montado sobre Circe la llamaste Penélope y también Ártemis?
Odiseo: -Era memoria. Ahora soy olvido.
Artemisa: -Era diosa cazadora. Ahora soy mortal.
Oráculo: -Ahora son libres. Sólo los esclavos y los dioses tienen miedo.
Artemisa: -¿Qué temen?
Odiseo: -Perder su esclavitud.
Artemisa: -Cuentan que entre mar y nube escuchaste el canto de Las Sirenas.
Odiseo: -Mis oídos sangraron mientras empujaba el horizonte.
Artemisa: -¿Tan atroz era el aullido?
Odiseo: -No. Su canto era el silencio: ausencia de la voz amada.
IV.
Oráculo: -La ausencia es círculo de tiempos. Comienzos y finales. En mares lejanos volverás a ser diosa. Te llamarán Diana.
Artemisa: -Pero ahora soy mujer sobre el camino de los cuatro vientos ¿podré amar a Odiseo cuando me diga Penélope?
Oráculo: -Ámalo antes de que muera por la espada de Telégono. No volverás a verlo hasta que renazca en Ulises. Ya ronda la ancianidad.
Odiseo: -La vejez no existe. El hombre tiene la edad de la mujer que ama. Dame tu edad, Ártemis; ya soplan los vientos.
Artemisa: -Nos columpiaremos sobre ellos, pero te acompañaré hasta uno solo de los finales. Seremos un ramo de huesos con memoria.
Odiseo: -Guíame en mi sueño. ¿Reconoceré la vieja Itháka?
Artemisa: -Guíame en mi sueño. ¿Reconoceré el nuevo bosque?
Oráculo: -Cada cual tiene el sueño que teme.
Artemisa y Odiseo: -Ignoras la respuesta.
Oráculo: -En la pregunta está la respuesta.
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