En los anales de lo insólito, lo sorprendente y lo increíble, la combustión humana espontánea es uno de los fenómenos más terribles que ha impactado a diversas sociedades en el mundo a lo largo del tiempo. Pero, ¿qué es la combustión humana espontánea? La combustión humana es lo que le sucede a una persona al quemar su cuerpo de adentro hacia fuera, sin ninguna razón identificable de ignición, pudiendo resultar en simples quemaduras en la piel o en la incineración completa del cuerpo. En estos casos el fuego aparece bruscamente sin que haya una causa evidente de su origen. Según la opinión de algunos médicos, no existe razón biológica ni médica para que esto ocurra. En la mayoría de los casos, el intenso proceso destruye casi todo el cuerpo en breves minutos o segundos, quedando reducido a ceniza. Todo ocurre tan rápido que la víctima no tiene posibilidad de pedir o recibir ayuda. Por tratarse de un hecho asombroso, este genera duda e incertidumbre, ya que ni la ciencia ni los analistas de lo paranormal han podido descubrir el misterio que lo envuelve, puesto que a nadie le cabe pensar que un cuerpo humano pueda auto-incendiarse. Una de las hipótesis de la combustión humana plantea que esta se origina por la combustión de la ropa que porta la persona en el momento del siniestro; mientras que otra teoría sostiene que se produce por una extraña descarga estática. En relación a esta última teoría, aun cuando el cuerpo humano contiene suficiente energía almacenada en la grasa para que el fuego se propague, en circunstancias normales no puede encenderse solo y, menos, mantener la llama viva. En ocasiones, partes del cuerpo como las piernas y los pies resultan casi sin daño y, extrañamente, los objetos que rodean a la víctima (muebles, cuadros, libros, entre otros), resultan sin daño alguno. Según los analistas, lo que suele aparecer en las paredes y en el techo del lugar del siniestro es una capa de hollín grasiento y maloliente. “Hasta ahora se conocen reportes médicos de casi 300 casos de personas muertas en estas extrañas circunstancias que desafían las leyes científicas”. En 1974, en Georgia, USA, Jack Angel se fue a dormir y despertó cuatro días más tarde con unas quemaduras tan severas que fue necesario amputarle el antebrazo derecho. Lo extraño es que no sintió dolor sino varias horas después de haber recuperado la conciencia, mientras que su pijama y las sabanas quedaron intactas. Incluso, bajo regresión hipnótica no pudo recordar cómo sucedió el hecho. Consultados varios patólogos en relación al fenómeno, expresaron: “el cuerpo humano es muy difícil de quemar ya que más de 75% está compuesto por agua. Un horno crematorio requiere de temperaturas entre 750 y 1100°C, durante 2 ó 3 horas para poder quemar un cuerpo, aunque los huesos quedan reducidos a fragmentos de tamaños irregulares que requieren luego de un proceso mecánico para su destrucción”. En 1944, Peter Jones dijo haber sobrevivido a esta terrible experiencia, explicando que no sintió ningún dolor ni sensación de calor ni avistamiento de las llamas. Otro de estos casos sucedió en un hospital de Alemania, donde, a la vista de todos, una enfermera comenzó a incendiarse. Las llamas brotaron tan rápido en su cuerpo que nadie pudo hacer nada para apagarlas, debido a que en segundos estaba completamente calcinada. Los exámenes que se le hicieron a sus restos no pudieron determinar el origen del fuego, pero lo insólito es que los investigadores afirmaron que para poder producir tal fenómeno de calcinación, una temperatura debe estar tan alta que solamente se puede lograr en hornos crematorios. Lo que significa que aún si la enfermera hubiera estado empapada del producto químico más inflamable no se hubiera producido ese resultado. Estos hechos casi siempre ocurren en el cuarto de la víctima. Las severas quemaduras no se distribuyen uniformemente por el cuerpo, siendo más afectados el torso y los muslos pero las extremidades no resultan dañadas. Por supuesto, todo esto resulta realmente impresionante; de inmediato se agolpan en nuestra mente imágenes de fuerzas terroríficas, de dimensiones alteradas, de vorágines psíquicas, de poltergeists y otras del mundo del satanismo, porque, según, los ocultistas, “solo Satanás tiene el poder de incendiar a una persona”.
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