Cada día son más los niños que no tienen familia propia; gracias a madres cuidadoras, sus vidas toman sentido hacia un futuro de esperanza
Por Yarlis González — Fotografía Bogdan Pantic
La fortaleza de una sociedad radica en el cuidado de la familia, que es el núcleo donde la vida adquiere sentido, donde los niños son formados para ser hombres y mujeres de bien, mientras los adultos aprenden a ser padres. De ellos depende la seguridad emocional que un niño pueda alcanzar.
Y es que un niño no deseado sufre las consecuencias de la inmadurez de sus padres; un menor abandonado lamentablemente es víctima de la sociedad, pues debe enfrentar la vida con dolor. Ante escenarios como éstos hay mujeres abnegadas que son capaces de dar amor a estos pequeños que no gozan del cuidado de sus padres biológicos, porque en su mayoría han sido víctimas del maltrato infantil, del abandono o de haber quedado huérfanos. Madres por vocación que llegan a la vida de muchos de ellos para crear lazos emocionales que en algunos casos suelen perdurar en el tiempo. Por tal motivo, a esa mujer dedicada, consideradas por algunos como madre cuidadora, madre social, madre comunitaria o madre sustituta, dedicamos estas líneas.
La maternidad significa más que traer un hijo al mundo, es el compromiso más grande que una mujer puede asumir con Dios, cuya responsabilidad se fundamenta en la orientación y la educación de su hijo para que sea un hombre o una mujer de bien, íntegro y feliz.
Lamentablemente la realidad en estos tiempos es que cada día se suman más niños a los millones de infantes que viven en el mundo en situación de calle, algunos tal vez más afortunados, residen en fundaciones o en casas hogar, pero todos ellos con el común denominador de no tener una familia, un hogar que les dé un verdadero sentido de seguridad y pertenencia.
Para dar sentido a este reportaje se entrevistaron a madres cuidadoras de diferentes centros ubicados en Caracas y Maracay.
En las Aldeas Infantiles SOS Venezuela, específicamente en la que está ubicada en Turmero (Maracay) donde Aizkel Montiel desde hace casi tres décadas ha sido madre social.
En la Villa de los Chiquiticos, ubicada en la Avenida Río de Janeiro, de la urbanización Las Mercedes, Caracas, se encuentran Cindy Calzadilla y Norelys Martínez, dos madres cuidadoras que tienen el compromiso de velar por niños con edades comprendidas entre los 0 meses y 9 años.
En la Casa Hogar Rincón Infantil San Edmundo, ubicada en la calle Federación de las Minas de Baruta, Caracas, vive Leslie Hernández, de 27 años de edad, quien hace 8 años fue en busca de ayuda como madre soltera y terminó quedándose en el hogar como madre cuidadora de otros niños.
En el Centro Comunitario de Petare, en Caracas, se complementa el trabajo de las Aldeas Infantiles SOS atendiendo directamente a los infantes, la juventud y las familias en riesgo; en este lugar se promueve la inclusión de madres comunitarias; Aquí se encuentran Marly Hernández y Patricia Sanmartín, dos madres jóvenes que decidieron sumarse al cuidado de niños de la comunidad, además de atender a sus propios hijos.
Ser madre nace del corazón
Aizkel Montiel tiene 50 años de edad, es educadora y lleva casi tres décadas dedicada a la crianza de niños y jóvenes que están en Aldeas Infantiles SOS Venezuela. Actualmente vive en las Aldeas de Turmero-Maracay. Es marabina de nacimiento y fue en su natal ciudad donde comenzó a vivir esta hermosa misión en las Aldeas de La Cañada de Urdaneta. Se ausentó por seis años para dedicarse a su profesión y dio a luz a su hija de nombre Adnagaly a quien luego crió en la institución. Actualmente tiene 20 años, estudia Ingeniería de Sistemas y comparte con ella el cuidado de “sus hermanos”.
Como buena madre Aizkel se llena de orgullo al referirse a cada uno de sus hijos. Recuerda sus nombres y edades, hasta sus respectivas fechas de cumpleaños, y conoce cuáles son sus sueños y metas.
“Actualmente tengo dos hijos de 20 años, dos de 14 años, uno de 16 que es especial, otro de 16 años, tres de 11, uno de 8 y otro de 9. Pero si sumamos todos mis hijos he tenido 30, ya hasta abuela soy”, refirió orgullosa de esta gran familia que Dios le ha dado.
Para una madre como ella, son muchas las satisfacciones, dice celebrar cada una de las graduaciones de sus hijos, así como verlos crecer superándose en la sociedad, mientras con otros celebra sus matrimonios.
“Tengo un hijo que se llama José Enrique que está por graduarse en Administración. Tuvo la oportunidad de salir de las Aldeas de Venezuela a Costa Rica, gracias a que ganó una beca a los 13 años, y ya tiene su pequeña empresa contable. Ahora tiene 27 años, es uno de mis orgullos”, menciona.
Acerca de lo más difícil que ha vivido en estos años, dice con voz melancólica: “Yo decía que lo más fuerte es cuando tus hijos pasan a la comunidad porque ya tienen 15 años, era el duelo de que se iban y me dejaban. Pero el dolor más grande fue hace tres años cuando falleció una de mis niñas de 9 años que tenía un tumor fulminante y yo no lo sabía”
Cuando tenía 22 años Aizkel recuerda que su abuela le decía con lágrimas en los ojos: “Quiérelos como tus hijos y lo primero que le vas a enseñar es a quererse a sí mismo, que entiendan que son hijos de Dios y por ende son hermanos”. Un sentir que desde entonces ha procurado inculcar a cada uno de ellos.
“A mis hijos les digo que cada uno vale por lo que es y no por lo que tiene. Si son dignos tendrán siempre el mundo por delante”, destacó.
Un refugio con calor de hogar!!!
Así es la Casa Hogar San Edmundo, que tiene 9 años de fundada, en este lugar su directora Soledad Ramírez es madre sustituta de los 250 niños que conforman este centro, de éstos sólo 50 viven allí, los otros 200 son niños de la comunidad con grandes carencias.
Cuenta con 16 madres cuidadoras que en su mayoría han pasado dificultades severas, algunas han crecido sin padres y otras inclusive se formaron en ese lugar. Son madres cuidadoras por vocación que no reciben pago de nómina puesto que los recursos son mínimos.
Hay madres de la comunidad que logran alimentar a sus infantes gracias a la institución. Es una casa grande donde la necesidad básica es la alimentación física y la alimentación del alma. Son niños que no tienen donde vivir dignamente.
“Somos básicamente una casa de alimentación, pero en esencia somos un Centro Educativo Complementario. Es una puerta abierta las 24 horas del día para los niños y adolescentes de la comunidad. Si no estuviéramos aquí, habría más indigentes en las calles”, destaca su directora.
Leslie Hernández de 27 años de edad, es una de las madres cuidadoras de este centro. Tiene cinco hijos naturales, de 12, 9, 7, 6, y 1 año, y desde hace ocho años asumió la responsabilidad de cuidar a otros niños, de 4 y 5 años, respectivamente.
“Creo que Dios me puso esta misión, no me imagino yendo a otro lugar, esta es mi casa. Aquí somos todos una familia y Soledad ha sido como una madre para nosotras, ella siempre está dispuesta a orientarnos”, refiere.. Ella cuenta que siempre procura sembrar en los más pequeños el respeto, la solidaridad, la honestidad y ser buenos cristianos, como valores principales para su desarrollo integral.
“De ellos aprendo todos los días, me han enseñado a ser paciente. Todos son mis hijos, los trato por igual y les doy el mismo cariño. Ellos me dicen tía y otros profe”, comenta.
Como experiencia inolvidable habla de la bondad de Dios. “Recuerdo a uno de nuestros niños que quería un juguete difícil de comprar por lo costoso que era, pero Dios se lo puso en sus manos, a través de donaciones que nos hicieron en Prados del Este, no fue nada planificado, ver su cara de felicidad fue una bendición”.
Una Villa es un hogar
Norelys Martínez es de Cariaco, estado Sucre, bachiller, con cursos de enfermería; desde hace 10 años vive en Caracas. Hace cuatro, comenzó a trabajar como madre cuidadora en Las Villas de los Chiquiticos de Fundana y desde entonces no se ha separado de los nueve niños que tiene a su cuidado, con edades comprendidas entre 2 y 9 años.
“Cuando llegué a las Villas no tenía conocimiento de lo que me esperaba, pero confié en Dios y gracias a él lo logré. Lo que me parecía difícil, ahora es una satisfacción. Aquí estoy feliz de poder educar a mis niños en valores y buenos modales”, comenta satisfecha con la labor que realiza a diario. Y es que para Norelys, más que un trabajo, es una misión de vida.
“Mi satisfacción es ver que ellos crecen y están bien. Me he ganado su confianza y respeto. Ellos saben que pueden contar conmigo porque les doy seguridad”, expresa.
Norelys no tiene hijos naturales aún. Por lo pronto dice estar feliz con sus nueve niños que le dicen madrina o mamá. Confiesa sentirse como en casa, pues es así como se lo transmite a todos ellos, sólo sale un día a la semana, y cuando regresa a la Villa dice llenarse del más puro amor.
Esta joven sostiene que la maternidad debe ser planificada para que los niños no sufran. “Ellos necesitan cariño, confianza, seguridad, que le inculquen valores para que sean íntegros como hombres y mujeres en un futuro, y por encima de todo sentirse amados”, destacó.
Ricardo es un niño especial que Norelys tiene a su cargo, para ella a pesar de su condición y de ser muy intranquilo, es un gran niño, pues afirma que el día que se vaya de la villa le hará mucha falta.
“Quiero que me recuerden como una gran mujer, así me siento, capaz de dar lo mejor de mí”, refirió.
Cindy Calzadilla Rada de 33 años es caraqueña, con estudios en preescolar, tiene dos hijos naturales, un niño de 11 y una niña de 9. Desde hace dos años y siete meses decidió asumir el reto de ser una madre cuidadora en Las Villas de Los Chiquiticos, actualmente cuida a 14 bebés con edades entre 0 y un año y medio. Comenta que gracias a que siempre ha contado con el apoyo de su familia es que ha podido dedicar el mayor tiempo de la semana a dar amor a estos bebés. Su mamá es quien cuida de sus niños mientras ella está en la fundación.
“Me siento la mamá de todos estos niños. Cuando los adoptan me da tristeza porque siento que me quitan una parte de mi, pero a la vez me alegro porque ellos merecen tener una familia, un hogar donde puedan crecer”, manifiesta Cindy, quien como cualquier madre natural sufre cada vez que se enferma uno de sus pequeños.
Cindy confiesa que lo más difícil para ella ha sido dejar de compartir a tiempo completo con sus dos hijos, sin embargo, se refugia cuando ve que los bebés de la fundación empiezan a caminar y le reconocen desde su inocencia y la llaman mami o mamá. “Es un amor puro que no lo llena nada. Son sus primeras palabras”, dice con lágrimas en los ojos.
Ante la pregunta de cómo quiere ser recordada, manifestó que es una mujer sensible y que espera ser recordada como una mujer luchadora y emprendedora.
Por su parte, la directora de Las Villas de los Chiquiticos, Karol Fraino, también expresó su sentir desde que hace cuatro años asumió esta gerencia social tras decidir hacer un alto a su vida agitada por la rutina laboral. Karol es madre de dos hijos, una de 23 y otro de 18 años respectivamente. Afirma que estar frente a este compromiso es un gran reto porque siempre terminas involucrándote más allá de lo que dice el contrato laboral.
“Desde que estoy aquí no tengo un no para nada, porque siempre hay que resolver. Disfruto lo que hago”, destaca Fraino.
Fortalecimiento familiar comunitario
En Petare se encuentra uno de los 16 centros sociales que promueve Aldeas Infantiles SOS en esa localidad, allí están Marly Hernández de 26 años y Patricia Sanmartín de 19 años. Marly tiene dos hijos naturales, de 10 y 1 año, respectivamente; Patricia es madre de un bebé de 8 meses. Ambas son madres comunitarias, llegaron al centro por recomendación de amigas que le hablaron de este programa.
“Yo tengo la labor de preparar la comida para los niños. Es una experiencia que me ha hecho crecer como madre porque veo sus necesidades y quisiera tener mucho dinero para asistirlos a todos, por eso trato de ayudar con lo que puedo demostrándoles cariño. Nosotras estamos para completar las horas de afecto que sus madres no pueden cubrir”, dice Marly, quien es madre soltera.
Patricia, por su parte, cuida con su compañera Milagros a 23 niños de 6 meses a 3 años, incluyendo a su hija Aranza. Para ella estar en el Centro Social es una experiencia maravillosa.
“Yo no pensaba que iba a trabajar con tantos niños pero ha sido una bendición. Antes de estar en el centro no sabía que quería estudiar en la universidad pero ahora quiero estudiar Educación Inicial”, comentó.
Tanto Marly como Patricia afirman que lo que hacen no es un trabajo común. Dicen que todos los días se levantan con deseo de llegar para compartir con sus niños.
Todas ellas son mujeres emprendedoras, admirables y amorosas que coinciden en que la maternidad definitivamente es un sentimiento que nace del corazón más que un acto de concepción. Sostienen que el alimento principal entre una madre y su hijo es el amor, sumado a la seguridad que le deben hacer sentir desde que está en el vientre. Son madres cuidadoras conocidas también como madres sustitutas que tienen la admirable labor de velar por estos niños llenándolos de amor para que tengan la esperanza de un futuro mejor.
Para mayor información:
Casa Hogar Rincón Infantil San Edmundo: www.riselasminas.org.ve / Teléfono: 0212-910.89.69
Aldeas Infantiles SOS Venezuela: www.aldeasinfantiles.org.ve / Teléfonos: 0212- 239.03.40 / 0212- 237.19.37
La Villa de los Chiquiticos: www.fundana.org / correo: fundana09@gmail.com
Teléfonos: 0212-257.51.52 / 0212- 257.91.10.
Sensibilidad a flor de piel:
“Las madres deben querer a sus hijos por encima de todo, aceptarlos y demostrarles cariño. Ellos necesitan las caricias y el beso de su madre. Un hijo es lo más grande que Dios nos da”, Aizkel Montiel.
“Ser madre es la luz que Dios te da. Una madre debe ponerse la mano en el corazón y sentir que sus hijos son propios, son un regalo; solo así podrán sentir dolor al imaginar dejarlos sin su amor y sin su protección”, Leslie Hernández.
“El concepto de madre es uno: ella es el patrón principal para un niño. Una madre debe tener buenos sentimientos, valores y buenos modales, pero por encima de todo debe tener mucho amor. Por favor amen a sus hijos para que no estén en un lugar como este”, Norelys Martínez.
“Ser madre es la responsabilidad más grande que una mujer debe asumir. Por eso debe estar bien preparada para traer un hijo al mundo”, Cindy Calzadilla.
“Un hijo es lo más importante para una madre, necesita atención y mucho amor”, Patricia Sanmartín.
Un pequeño aporte hace la diferencia
Todas ellas, madres cuidadoras por vocación, elevan su voz para tocar otros corazones.
Norelys Martínez pide sensibilidad. “A todos les pido que se sensibilicen con esta realidad, su ayuda será siempre bienvenida”
Cindy Calzadilla pide solidaridad. “Pongan su granito de arena, con cualquier aporte, para que estos niños puedan vivir en un espacio con las condiciones más cercanas a un hogar”
Karol Fraino pide colaboración. “Invito a las personas que no nos conocen a que se acerquen a Las Villas de los Chiquiticos, esto es una realidad, necesitamos su colaboración”
Leslie Hernández pide que se involucren. “Los invito a que vengan a San Edmundo a conocernos para que nos ayuden y se involucren con nosotros como una familia. Necesitamos su apoyo”
Aizkel Montiel pide que se hagan amigos. “Quisiera que conocieran lo que es Aldeas Infantiles SOS. Somos una familia. Los invito para que vean lo que siento y descubran que pueden ser unos amigos SOS. Somos una organización que quiere a sus muchachos”
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