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Los diez tipos de compradores venezolanos

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Nada como salir de compras para sacar a relucir de qué estamos hechos todos. Directo de los pasillos de los centros comerciales llegan estos diez personajes, con sus formas particulares de gastar y ahorrar sus bolívares

Por Pedro Camacho — Twitter: @10personajes — pedrocamacho84@gmail.com 10El agarrao

Tiene muchos sobrenombres. Algunos lo conocen como el tiranosaurio, por aquello de que sus brazos son demasiado cortos como para llegar a sus bolsillos. Otros, se refieren a él como gallina vieja porque nunca pone nada. Los más básicos lo conocen con el nombre con el que se lleva conociendo desde hace siglos: el pichirre.  Fue el inventor de trucos inmortales como el de “olvidar la billetera en casa” cuando sale a comer con amigos o el de ofrecer pagar con cheques y tarjetas que de antemano sabe que no tienen fondos. Es un misterio cómo tiene las pertenencias que posee en su haber considerando que nunca ha comprado nada y casi todo le ha sido brindado o regalado. Además, tiende a convertirse para sus seres queridos en una especie de parasito. Con todas ellas mantendrá deudas desmesuradas y lamentablemente se acostumbrarán a sus peticiones de ser incluido en los regalos de cumpleaños de terceros a pesar de no aportar ni 10 bolívares. La confianza, en el caso del agarrao? definitivamente da asco.

9La ahorrativa

No llega a los niveles del agarrao? (¿y quién sí?) pero se asemeja a él en su desdén a gastar dinero. Es una cazadora empedernida de ofertas, con un conocimiento asombroso de los sitios ideales para ahorrar dinero en la ciudad, de acuerdo a rubros, localidades y temporadas del año. Es una especie de Google humana de ofertas. Sus salidas de compras suelen ser extenuantes y pueden durar una eternidad ya que jamás en su vida ha comprado algún producto sin comparar su precio con el de 15 tiendas más. Sólo va al cine si hay promociones, de comida rápida sólo conoce los combos del día y se ha vuelto adicta a las páginas de descuentos con tarjeta de crédito por Internet. Si nunca has visto a este personaje de cerca basta con colocar un letrero de “compre 2 y lleve 3” o “60% menos”  en la esquina de cualquier calle en Venezuela y esperar a que la ahorrativa nos encuentre. Porque sin duda alguna nos encontrará.

8 La compulsiva

Su enfermedad cumple con todas las condiciones de cualquier mal hábito como el cigarrillo o el alcohol: es dañino, caro (especialmente caro, en este caso) e incapaz de generar autocrítica (“yo no tengo un problema, puedo dejar de comprar cuando yo quiera”). Su adicción también la llevará a inventarle a su marido que va al médico o a visitar a una amiga enferma cuando en realidad va de compras, por ejemplo. O a ocultar las bolsas con las compras en la maleta de su carro para que no la vean entrando a su casa y la sermoneen. Este es el tipo de perfil que llena la compulsiva. Junto a su inseparable amiga, la tarjeta de crédito, ha sido campeona en múltiples ocasiones del cuasideporte de compra desmedida en una sola jornada, en la modalidad individual. Como es de esperarse tiene una colección grosera de zapatos y una cantidad absurda de prendas que, a pesar de haber sido compradas hace años, aún no han sido usadas y conservan la etiqueta de compra adherida, intacta. Si sientes que tú o alguien cercano a ti puede ser víctima de esta condición confróntala con cautela pero pronto, antes de que se gaste el mercado de este mes en una cartera y un cinturón de marca en el Sambil.

7 El “pura marca”

Desde la gorra oficial de formula 1 en su cabeza hasta los zapatos blancos edición limitada de Adidas en sus pies, pasando por los hipercaros interiores Calvin Klein en su... En su vestuario... Si no es de marca, sencillamente no lo usa. Su esnobismo se pudo haber generado por dos vías: a) le fue inculcado por sus padres que le habrían enseñado a apreciar hasta el valor agregado del pañal de la mejor marca, o b) empezó a ganar buen dinero a partir de cierta edad y desde entonces cree que comprando marcas tiene más caché. En algunos casos, como para verse más cool, usa ropa rasgada y desgastada, como si quisiera tratar de verse como que no le importa nada de lo que lleva puesto, ocultando que su look ya viene rasgado y desgastado desde la tienda y cuesta una millonada. Es que hasta el perfume del tipo irradia un aroma ostentoso. Siempre he querido hacer un experimento sociológico con este personaje, darle a elegir entre una camisa pirata y una original muy parecidas, ocultándole cuál es cuál. “No sabes, ¿verdad, pura marca? Ah bueno, eso pensé....” .

6 El pirata

Con lo que el “pura marca” gasta en una camisa y un par de zapatos, se puede vestir un ejercito de piratas de pies a cabeza. El pirata se trazó un plan desde hace mucho tiempo: preferir siempre cantidad por encima de calidad. Con ese precepto en mente se maneja respecto a la comida que ingiere, la ropa que usa, los cds que compra, las bebidas que toma, etc. Con respecto a la ropa, el tema de la cantidad también responde a que la mayoría de las prendas que compra sólo tienen una vida útil de dos meses aproximadamente antes de que se les reviente la costura de un lateral, se le caigan los botones o se decolore por completo en una lavada. Sus marcas predilectas son Kalvin Clain, Tony Hillfiger y Abidas. Es feliz en lugares como el cementerio del sur en Caracas o el mercado de Conejeros en Margarita, no posee ninguna película que no haya sido grabada ilegalmente en una sala de cine y tiene la discografía completa de los Beatles y los Rolling Stones en dos disquitos que compró en la autopista.

5 El regateador

Todo precio es negociable para este personaje, desde una pulsera artesanal en la playa hasta un carro en un concesionario. Confía plenamente en sus habilidades como negociador, hasta el punto de que disfruta participando en negociaciones de sus amigos con terceros, como si fuese una especie de asesor. Uno de sus principales rasgos es la cara de tabla que ha perfeccionado con el tiempo, aquella que muchos conocen como cara de poker, que no permite a los demás distinguir en su rostro el más mínimo indicio de que está mintiendo, de que en realidad tiene suficiente plata como para comprar 10 pulseritas playeras de esas pero que sencillamente no quiere, sus preceptos de vida no lo dejan. Es común que, cuando le decimos que cierto producto nos costó 20, él se ría de forma sarcástica y condescendiente y te diga: “yo seguro hacía que me lo dieran en 15”. Lo más increíble es que cuando intenta vender algo de su pertenencia se indigna si le ofrecen un monto que no considera adecuado, replicando con agallas: “es que la gente a veces como que no tiene idea de lo que cuestan las cosas”.

4 La previsiva

Generalmente es la madre del hogar y por si sola ha reformado la máxima de que hombre precavido vale por dos y la ha convertido en madre precavida vale como por cuatro o cinco. Para pintar su personalidad con imágenes, es aquella que compra decoraciones navideñas en marzo, la única persona que el 24 de diciembre en la tarde está tomando una siesta en su camita mientras todo el resto de la población está en las calles buscando sin cesar el regalo para aquel primito que se les había olvidado. En lo domestico, jamás se le ha acabado algún producto (shampoo, mayonesa, pasta dental...) sin tener un repuesto almacenado, como si su cabeza tuviese instalada una tabla de Excel en la que lleva el inventario del hogar, de sus hijos, de su marido y, por supuesto, de ella misma.

3 Las vitrineras

Merodeando los pasillos y probadores de centros comerciales por doquier están estos personajes, compañeras un tanto frívolas cuyo mayor placer en la vida es el de ver cosas en vitrinas, con un énfasis en zapatos y carteras. Esta es, junto a la peregrinación a la peluquería, la actividad idónea para congeniar entre amigas, para reanudar lazos o fortalecer aún más los ya existentes. Para niñas, ir de shopping con sus mayores es símbolo de una iniciación, de que ya se está en edad suficiente como para opinar sobre vitrinas. Cuando se aproximan eventos especiales como matrimonios o graduaciones este ritual se hace aún más intenso y suele durar varias agotadoras jornadas consecutivas. Es más, dudo que alguno de los grandes maratonistas kenyanos de la historia lograrían sobrellevar dos días al ritmo de las vitrineras.

2El esposo que llevan arreado

Muy fácil de distinguir: es el sujeto con cara de dormido sentado en los asientos afuera de los probadores, jugando obsesivamente los jueguitos de su celular, luchando por reprimir el deseo de salir corriendo con todas sus fuerzas por la puerta principal del local. Pero las consecuencias de huir serían garrafales para el bienestar de su matrimonio que está basado en estos pequeños sacrificios (recíprocos además porque por cada paseo a la tienda de zapatos que tiene que hacer el hombre hay seguramente algún partido de beisbol al que ella tendrá que acompañarlo). En algunos casos varios esposos se encuentran a la salida de los probadores, se conocen y comparten sus frustraciones; se ponen a hablar del partido del día anterior, hacen lo posible por sobrellevar tener que opinar sobre los 15 trajes de baño que su esposa se probará. En algunas ocasiones el sujeto elige dar una vuelta por el centro comercial y se le puede ver divagando sin rumbo fijo por los pasillos como un viajero errante que ha sufrido algún trauma atroz.

1La raspacupo

La compradora por excelencia de los tiempos que corren. Cadivi ha condicionado su vida, la ha obligado a viajar para otros países para buscar ofertas, le ha dictado que debe comprar regalos de navidad si viaja en abril sólo para aprovechar el cupo. Todos los compradores de esta lista al salir al exterior se convierten en la raspacupo, una especie de versión de la compulsiva exaltada a la máxima potencia. Es fácil reconocerla porque es la única turista que tiene una calculadora en vez de una cámara en la mano buscando sin cesar el logo de Visa en las vitrinas de todas las tiendas. Y es que su mente en el exterior funciona como una pantalla de Wall Street con cientos de marcadores y valores incomprensibles para alguien que no es venezolano: Dolar a 4,30 pero el otro a 8 y pico casi 9, quedan 2000 del cupo de los 2500,  regresar al país con 300 de los 500 en efectivo, dejar afuera 40 pal? taxi de regreso...  Cadivi nos ha vuelto economistas a todos  y ha cambiado nuestra forma de ver las compras para siempre. Que lo diga la raspacupo...

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