Gerson Avendaño es como un cóndor. Desafía a los aires desde su parapente. Se siente, como pocos, privilegiado: surca el cielo armado para contemplar el mundo desde otra perspectiva
Por Hans GrafEste joven merideño, de 31 años de edad, competirá en el Premundial de Argentina de 2011 en una de las disciplinas deportivas más excitantes para muchos: el parapente. Su espíritu aventurero lo animó a convertirse en un profesional de falsas alas, sin dejar de lado la faceta divertida de esta práctica. Gerson Avendaño está convencido de que tiene el mejor trabajo del mundo, pues hace lo que más le gusta y procura, con ello, brindar gratos momentos de felicidad para sus seres queridos.
- ¿Cuántos años tienes volando como profesional?- Tengo cuatro años volando. En ese tiempo, obtuve el galardón máximo del campeonato nacional. El año pasado participé, por primera vez, en una competencia internacional, en Bucaramanga, Colombia.
- ¿Qué sientes cada vez que sales a volar?- Me emociono más: cada vuelo es irrepetible. Por suerte, no he tenido accidentes. Sólo un pequeño inconveniente una vez que me lancé. Empezó una lluvia repentina y tuve que maniobrar.
- ¿Cómo distribuyes tu tiempo entre la práctica personal y el trabajo?- Trato de equilibrarlo: practicar y, al mismo tiempo, hacer los tándems. Me ejercito estableciendo distintos retos. Cuando enseño a volar a la gente descubro muchísimas reacciones. Unos se asustan, otros gritan; otros se ríen y algunos lloran. También están los que me insultan o los que me dicen ‘te amo?. Y, por supuesto, no falta el que no dice ni una palabra. Mi función es una: enseñar a quien no sabe volar. Que sienta lo que yo siento. Que viva esa experiencia para que nunca la olvide.
- ¿La actividad se ha expandido? ¿Cuánto tiempo sueles volar?- Soy piloto avanzado tándem. Puedo trabajar con personas, pero todavía no puedo ser instructor. Y sí, definitivamente es un mundo que esta creciendo. Acá en Venezuela cada vez hay más opciones. Debe haber unas 400 personas que practican parapente. Yo hago unas 150 horas de vuelo al año, por ejemplo.
- ¿Es un deporte costoso? ¿Cómo has hecho para practicarlo?- Sí, lo es. Yo vengo de una familia humilde, con limitaciones. Sin embargo, mi papá siempre me entusiasmó a perseguir mis sueños. Él era montañista. Escalador. Mis hijos, José Manuel y Guillermo Javier, y mi actual compañero de vuelo también creen en mí. Y ya Jose y Guille son, como yo, fanáticos del vuelo. Pueden volar, pese a tener 13 y 8 años. Lo importante, siempre, es la supervisión.
- ¿Venezuela es el paraíso del parapente?- Venezuela tiene de las mejores condiciones para volar, sobre todo, en Mérida y en La Victoria, donde se ha desarrollado esta actividad. Acá en Caracas hay sitios buenos, aunque hay limitaciones por el tráfico aéreo.
La vida en Caracas se ha hecho un poco complicada, pero Gerson guarda una inmensa fe en sus posibilidades. Con una cadena al cuello que lleva un pequeño dije de un parapente como amuleto, este merideño siente que puede volar hasta que Dios le revoque su licencia. Espera hacerlo más allá de los setenta años y seguir en su encuentro con los cóndores y las águilas, peleándose el espacio para contemplar un mundo que lo inspira a ver y vivir la vida desde otra perspectiva.
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