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De tapeo por los discos

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Por Daniel Centeno M.

En la música, una portada de un disco es como la cara en un individuo: su carta de presentación. Después quedará en la gente corroborar si corresponde con la personalidad o contenido de cada quien. Con el advenimiento de la cultura pop, las carátulas han sido un detalle tan importante como la música que encierre cada entrega. De allí que, hasta ahora, muchas de estas tapas fueron pensadas con mimo artístico y luego atesoradas por el público como obras de arte, retazos de memoria y pedazos dispersos de la biografía de una generación. Quizás por esa razón, con el advenimiento del formato CD, muchos incondicionales despotricaron en contra de unas dimensiones físicas en donde el detalle se perdía y el trabajo gráfico pasaba a un segundo plano (¡y mejor que no se hable de los discos electrónicos!). Es posible que en este reclamo se encuentre el principal motivo que aún mantiene una producción moderada de clásicos y lanzamientos en discos de vinilo para sibaritas y nostálgicos.

Sin embargo, no todas las portadas son cónsonas con la calidad del contenido musical del álbum. Grupos como Soda Stereo, pese a cotas creativas tan altas como Canción Animal, rara vez despacharon una carátula decente. Otros casos como el de Animal Logic son todo lo contrario: un diseño de tapa alucinante, para unas canciones prescindibles. Pero la lógica suele ser confiable en estos casos: es casi fijo que una pésima presentación sea el augurio de un material aún más catastrófico.

Puestos a clasificar, hay muchos tipos de portadas: las que hacen los mismos músicos con pretensiones de artistas plásticos, las elaboradas por encargo, las barrocas, las minimalistas, las que parecen un mero trámite y las típicas que sólo son un retrato soso del músico o grupo (muy usual en baladistas, grupos juveniles, artistas productos o cantantes urbanos venezolanos).

Si bien es cierto que en toda lista existen omisiones imperdonables, en la siguiente sobran las buenas intenciones:

Cheap Thrills (1968)

Big Brother & the Holding Company

El grupo en donde comenzó Janis Joplin estuvo cargado de leyenda. Con esta placa pasaron la prueba del gran público, y el dibujo de tapa se volvió un clásico instantáneo. Su creador: Robert Crumb, el caricaturista más importante de la contracultura norteamericana. No le pagaron mucho por la portada y él, jazzista empedernido, siempre vio con asco al mundo del rock. Ni siquiera sucumbió a la oferta de los Rolling Stones para otra carátula con pequeñas historias incluidas.

Kookoo (1981)

Debbie Harry

El debut en solitario de la cantante de Blondie no podía ser más auspicioso. Sin embargo, los resultados no estuvieron a la altura. El disco contó con una portada de H.R. Giger, artista suizo, mejor conocido por ser quien diseñó el Alien de Ridley Scott. Quizás no es de las mejores portadas de la historia, pero sí de las más perturbadoras: el hermoso rostro de Harry atravesado por cuatro agujas gigantes aún exuda una sensualidad capaz de remorder conciencias.

Revolver (1966)

The Beatles

Ésta fue diseñada por el artista alemán Klaus Voorman, un amigo de los Beatles desde la época de Hamburgo. La carátula, innovadora como pocas, muestra dibujos de los integrantes del grupo completados con pedazos de fotos en blanco y negro. El collage es efectivo, y marca el cambio de timón en la propuesta musical de la banda. Voorman ganó fama, fortuna, salud y sus 15 minutos de fama por un aporte esencial.

Sticky Fingers (1971)

The Rolling Stones

Este disco es bueno por donde se mire (o escuche). Con esta entrega estuvieron dispuestos a tirar la casa por la ventana: el guitarrista Mick Taylor toca todos los temas, el sonido se distanció del de sus orígenes, fue el primer álbum editado bajo el sello Rolling Stones Records, mostró al mundo el logotipo de la lengua realizado por John Pasche y la portada fue creación de Andy Warhol. En la edición original, el pantalón es la primera capa que esconde un calzoncillo que, a su vez, cubre un pene erecto.

Unfinished Music, No. 1: Two Virgins (1968)

John Lennon/Yoko Ono

Ésta es la tapa de las pesadillas de Paul McCartney. No se habían disuelto los Beatles y ya Lennon se despelotaba con su mujer. El desnudo fue inesperado, por lo que fue cubierto en las portadas de la época. Los dos vírgenes era un concepto basado en la inocencia. La música del álbum también lo fue, porque no pasó a la historia por la puerta grande: ocurrencias, ruidos, secuencias… Otro caso en donde la portada le ganó al contenido del disco.

Candy-O (1979)

The Cars

Para el segundo disco de esta banda de new wave se contrató a Alberto Vargas para el diseño de tapa. Para entonces, el hombre contaba con 83 años y gozaba de un apacible retiro. Fue el baterista del grupo, asiduo coleccionista de las pin-ups dibujadas por Vargas en los 40 y 60, a quien se le ocurrió la idea. Aunque, para ser justos, quien persuadió al artista fue su propio sobrina, fan incondicional de The Cars.

Led Zeppelin (1969)

Led Zeppelin

Pocas veces un debut fue tan contundente como éste. Iluso quien pensara que el cuarteto no venía en serio: una batería que parecía descolocar todo el sistema solar, una de las mejores guitarras de la historia, un bajista excepcional y un alarido casi ancestral trastocaron los cimientos del género. Para no dejar duda, en la portada reprodujeron la foto de la catástrofe del dirigible Hindenburg.

The Velvet Underground & Nico (1967)

The Velvet Underground & Nico

Pese a su incuestionable calidad, fue uno de los debuts más desastrosos de la historia. Las letras no fueron entendidas para la época, la gente los consideraba demasiado europeos y el disco fue perseguido por la censura. La portada del también conocido banana album corrió a cargo del padrino del grupo, Andy Warhol. Originalmente era una calcomanía con invitación incluida (pelar lentamente y ver), debajo se escondía un plátano color carne con claras alusiones fálicas.

Nevermind (1991)

Nirvana

Decir que éste es el clásico indiscutible de los 90 no es ningún delirio. Con el disco se popularizó el movimiento grunge y a su patrono: Kurt Cobain. La portada era toda una declaración de intenciones de sus decanos: desde que se viene al mundo hay que moverse por la plata. Como dato curioso, cada vez que se cumplen cinco o 10 años del álbum, muchos medios suelen entrevistar a quien fue el bebé de la carátula.

London Calling (1979)

The Clash

La portada de este clásico es hipnótica y casi un estandarte punk. En ella se ve al bajista del grupo, Paul Simonon, machacando su bajo en pleno concierto. La colocación de las letras en ángulo de 90 grados le da aire de carátula pop a una foto cargada de rabia. Hay un clímax y anticlímax gráfico que no deja de ser llamativo. Existen muchos testimonios de personas que entraron al mundo del grupo por la intriga inicial que les causó la tapa.

The Dark Side of the Moon (1973)

Pink Floyd

Hipgnosis es la empresa de Storm Thorgerson, nacida para crear las tapas más extrañas de la industria musical. De ellos son casi todas las mejores carátulas de Genesis, Led Zeppelin y Pink Floyd. Para esta ocasión optaron por la imagen de un prisma que descompone un rayo de luz en seis colores, como perfecto acompañamiento de un disco que va sobre la locura y otros demonios. Enigma asegurado o le devolvemos su dinero.

Abbey Road (1969)

The Beatles

Ésta es otra de las portadas más copiadas de la historia, y salió de pura casualidad: aún sin tapa para el disco alguien sugirió salir del estudio y tomar cualquier foto. Ian McMillan fue el responsable de coger la cámara y disparar seis veces en ese paso de cebra. Los Beatles estaban vestidos con la ropa que cargaban ese día. El resto fue pura leyenda, incluida la de las pistas sobre la muerte de Paul McCartney que contiene esa instantánea.

Achtung Baby (1991)

U2

Steve Averill fue el creador del concepto de la tapa al usar fotos de Anton Corbijn. El disco planteó un cambio de estilo en la banda, y así lo quisieron hacer notar desde su propuesta gráfica: del blanco y negro de sus portadas iniciales al colorido collage de esta entrega (en donde una de las imágenes muestra al bajista de la banda en un desnudo frontal y sin pena). En fin, rock moderno, clásicos instantáneos y otro gran disco de un buen año musical.

Ghost in the machine (1981)

The Police

Aunque no suele estar en estos conteos, la portada tiene su punto. Es el disco menos luminoso de The Police, con letras oscuras y con un título en inglés que suelen relacionar con el del libro de Arthur Koestler. Por primera vez no salen los músicos en una foto. Sobre un fondo negro, en cambio, se muestran unos signos rojos dignos de un reloj digital descompuesto. Si se presta atención cada uno de estos parece representar la cara de cada integrante del trío.

Sgt. Pepper?s Lonely Hearts Club Band (1967)

The Beatles

La Capilla Sixtina de las portadas. Una media de 70 personajes inventados y famosos aparecen en un barroco collage en compañía de los Beatles, quienes a su vez visten coloridos trajes militares diseñados por el mexicano Manuel Cuevas. La idea fue del artista pop Peter Blake y, aunque la productora nunca pudo creer lo que le cobraron por la carátula, ésta quizás fue la más copiada de la historia. Como dato curioso: fue el primer álbum que trajo la letra de sus canciones.

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