Diversos estudios exponen la cualidad musical de los sonidos de la naturaleza. El aullido, el gruñido, el canto de los canarios o las ballenas tienen, según especialistas, un aire musical. No son ruidos, son melodías
Por Hans Graf
El trinar de los pájaros no es mera casualidad. Las mañanas llenas de los cantos de las aves delatan un patrón musical. Muchos estudiosos hablan del aullido de los lobos, del ronroneo de los gatos o los cantos de la ballena como expresiones de la musicalidad en la naturaleza. La Biomúsica, una de cuyas especialidades se ocupa de estudiar el fenómeno de las notas en el mundo animal, parte del principio de que los animales son capaces de generar no sólo notas aisladas, sino complejos mecanismos de comunicación basados en los tonos que emiten y que perfectamente pueden ser tenidas como piezas musicales.
Si esto constituye o no una verdadera obra musical al mejor estilo de las composiciones de Wagner o digna de ser dirigida por el renombrado Gustavo Dudamel, es tema de debate. La Biomúsica se puede dividir en dos categorías: aquella creada por los animales y la que se basa en los ruidos de la naturaleza como el agua y el viento, entre otros, agrupados en composiciones por un ser humano. Algunas definiciones y prácticas incluyen los sonidos naturales producidos por el hombre con fines terapéuticos y existen diversas interpretaciones científicas que dan cuenta del alcance de cada una, razón que podría confundir a quienes intenten aproximarse a este concepto.
Desde pájaros hasta ballenas
Reportes científicos, entre ellos el trabajo de Patricia M. Gray y otros colaboradores titulado La Música de la naturaleza y la naturaleza de la música, exponen que un buen número de animales produce lo que se puede calificar como música, en contraposición a la creencia que, simplemente, le atribuía a estos sonidos el calificativo de chillidos de varios tonos o estruendos azarosos.
Analistas aseguran que variedades de pájaros, incluidos los canarios, cantan con ritmos similares y repiten cadencias que sugieren ciertas reglas musicales y de composición. Las ballenas jorobadas utilizan, según el reporte, ritmos similares a los que se pueden identificar en la música generada por humanos. Son capaces de vocalizar en varios rangos y pasar de un tono a otro como si estuviesen ejecutando una obra maestra leída de una partitura. Mezclan tonos a placer como si de una sinfonía se tratase y son capaces de enseñar a los más jóvenes los secretos de la melodía.
“Las ballenas usan rimas en el mismo modo que lo hacemos nosotros”, reseña Gray en su investigación. Para la especialista, es sencillo seguir el ritmo. Asimismo, en un artículo publicado por Susan Milius en la revista Science News, se citan las investigaciones de Nigel Mann, biólogo de la State University of New York, quien expone la cualidad especial de las aves para cantar en duetos. Graznidos o melodiosas sílabas son fáciles de registrar y diferenciar. Existen, según reseña este estudio, cerca de 222 especies de aves en el mundo, cuyos cantos “a duetos” son una rutina fascinante por la coordinación que muestran en su ejecución. El ejemplo del Estornino es ideal. Este pájaro reproduce con increíble exactitud notas musicales, algo que lo convierte en el compañero ideal de compositores. Fue ese el caso de Mozart, quien tuvo a su lado a uno de estos ejemplares en las horas de más arduo trabajo. Estos emplumados son capaces de reproducir sonidos de otros animales y, más allá de su habilidad para imitar, pueden variar tonos a la par del más encopetado tenor.
Así, el croar de las ranas, el canto de las ballenas, el aullido de los lobos y el trinar de un canario no son meros “ruidos de animales”, sino que se consideran sonidos musicales en su más pura esencia. Sin embargo, existen quienes atribuyen a esto una simple función mecánica, como en el caso del canario. Según estudios de Tim Gardner, publicados desde la Rockefeller University, para emular el canto de este animalito sólo se necesita imitar determinadas tensiones musculares que ocurren en la caja torácica del ave y cierta presión de aire para reproducir los sonidos que deleitan a miles de dueños y que terminan siendo, según el investigador, producto de una acción mecánica lejos de cualquier inspiración divina.
José Francisco Zamorano, especialista en Psicología comparada entre diversas especies y profesor de Etología en diversas universidades de Chile, afirma que el estudio de la biomusicología profundiza en la definición de lo que es la música y cómo es que ésta continúa evolucionando. La biomusicología procura, en uno de sus propósitos señalados por Zamorano, sensibilizar, dar a conocer y acercar al público en general a los sonidos de la naturaleza y su relación con la música humana.
Concepto para aclarar
La Biomusicología es una interdisciplina que deriva principalmente de la etología (estudio del comportamiento animal) y la musicología. Esta rama de estudio reúne tanto a científicos como a músicos que, a partir del estudio de los sonidos musicales en las especies animales, pretenden profundizar en la definición de lo que es la música y cómo es su constante evolución.
Dentro de estas áreas del conocimiento, la biomusicología se forma con relación a la pregunta sobre el origen, causas, funciones y posible evolución de la música, incluyendo un rico camino de teoría y observación otorgado por la biología conductual, la psicología y la antropología en áreas como la comunicación, las vocalizaciones y la expresión emotiva en los seres humanos y en el resto de las especies del reino animal. De esta manera, se intenta demostrar los parentescos musicales con otras especies, focalizándose en los principios musicales. Las investigaciones han revelado que éstos son utilizados y compartidos por gibones, ballenas, aves y elefantes, entre otras especies y culturas humanas del pasado y el presente.
Fuente: http://biomusica.blogia.com
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