Dos ambiciosos campesinos que viven en un pequeño poblado japonés, abandonan a sus familias en búsqueda de poder, fama y riqueza. La historia está basada en una leyenda del siglo XVI
Por Nelson Cordido Rovati - nelcordido@yahoo.comEsta joya del cine inspirada en una antigua leyenda japonesa, reúne elementos de melodrama, relato feudal, retrato social, cine fantástico y además de samuráis, y todo esto gira en torno a la avaricia y la codicia. La traducción más correcta del título parece ser: Cuentos de la luna pálida de agosto después de la lluvia.
Pocas veces puede verse en pantalla una composición de planos tan perfecta, con la iluminación oportuna y el apropiado ritmo narrativo. Particularmente Cuentos de la luna pálida es una película bastante más rápida que otras del director, por lo que resulta más “entretenida”. La historia conlleva pérdidas irreparables que llegan a provocar cambios en la forma de pensar del espectador y lo puedan llevar a sentir cierta tristeza.
Se trata de dos familias japonesas, Genjuro (Masayuki Mori), el cabeza de una de ellas es un habilidoso alfarero que sueña con la riqueza. Su cuñado Tobei (Eitaro Ozawa), añora la gloria militar y triunfar. A pesar de las amenazas de la guerra, estos dos hombres que sueñan con un futuro mejor, deciden ir a la ciudad para vender piezas de cerámica y obtener dinero. Sus mujeres Miyagi (Kinuyo Tanaka) y Ohama (Mitsuko Mito), más sensatas que ellos, deben mantener los pies en la tierra para que la familia permanezca a flote. Ellas demuestran su inteligencia e instinto de conservación, intuyen la amenaza con ese sexto sentido del que sus cónyuges carecen y sin poder detener las egoístas ambiciones de estos, les tocará la peor parte. Finalmente entre peligros e imprudencias, los hombres dejarán en el abandono a sus mujeres con los niños y se dejarán seducir por las tentaciones de la gran urbe.
Genjuro conoce en el mercado a una bella y enigmática mujer con la que vive un intenso romance que literalmente lo hechiza y se va a vivir con ella hasta que descubre que la chica es en realidad un fantasma.
Cuando los hombres regresan después de varios años de ausencia, una de las esposas ya no está en este mundo y la otra ha tenido que vender su cuerpo para poder sobrevivir y alimentar a sus hijos.
La película tiene algunas escenas de esas que se graban en la memoria y nunca se olvidan como por ejemplo el viaje nocturno en la barca por un lago lleno de neblina, o cuando el aspirante a samurái descubre que su mujer se ha convertido en prostituta durante su ausencia, o la primera vez que vemos la aparición del espíritu de la mujer seductora.
Los críticos japoneses del momento interpretaron este filme como un triste lamento moralista sobre las artimañas de la humanidad pervertida y mutilada por la guerra y como la crónica de un sueño truncado o una esperanza rota. Cuentos de la luna pálida admite más de una lectura. Quizás la primera impresión nos aproxima a una fábula moralizante y simple pero existe una segunda lectura que nos lleva a analizar la evolución del ego, la ambición, la esperanza y los miedos del ser humano.
En esta película las mujeres son un ejemplo de sensatez, mientras que los hombres aparecen como alocados, propensos a incursionar en aventuras demenciales pero quienes sufren las consecuencias son ellas, las protagonistas, aunque se les ve menos en la pantalla. Creo que en cierto modo es una película feminista, a pesar de que la sociedad japonés no lo sea.
Uno de los méritos del filme es su mensaje discursivo perenne que todavía está actualizado en la sociedad actual. Situaciones que llegan a demostrar que la felicidad no siempre viene atada a tener más en lo material y cómo la ambición de fama y riquezas, lleva a los hombres a perder elementos fundamentales en sus vidas como son sus familias.
Cuentos de la Luna pálida le hace una exigencia al espectador, un poco de paciencia para envolverle en sus hilos y grabar imborrables imágenes en la memoria.
Acerca del director
Kenji Mizoguchi nació en Tokio el 16 de mayo de 1898. Fue admirador del arte occidental, por lo que hay cierta influencia extranjera en su formación. Se inició como ayudante del director japonés Osamu Wakayama. Pronto comenzó a dirigir sus propias películas. Realizó el primer filme en 1922: El día en el que regresó el amor, que fue censurado por el gobierno debido a su inclinación socialista.
Dirigió muchísimas películas como por ejemplo: Las hermanas de Gión (1936) un gran éxito, La historia del último Crisantemo (1939) con la que obtuvo el Premio del Ministerio de Cultura, Vida de O-Haru (1952), la primera película conocida en occidente, y su obra maestra, Cuentos de la Luna pálida (1953).
Unos años después de esta asombrosa producción, Mizoguchi enfermó de leucemia. Falleció en Kioto el 24 de agosto de 1956 mientras preparaba un nuevo rodaje. Aunque sus colaboradores lo ignoraban, él sí sabía que le quedaban pocos meses de vida.
Pueden ver un extracto de la película en la siguiente página de Internet: www.librospeliculas.blogspot.com
Hasta el próximo número donde comentaremos otra de los grandes filmes del cine negro: Los sobornados (1953) de Fritz Lang con la actuación protagónica de Glenn Ford en una de sus mejores actuaciones.
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