jue, 17 may

Ultima Actualización:07:26:06 PM GMT

Titulares:
Ud. está aquí: Destacados Casos y Rostros La literatura pasó de ser una afición a una vocación

La literatura pasó de ser una afición a una vocación

E-mail Imprimir PDF
Usar puntuación: / 1
MaloBueno 
El escritor, dramaturgo, periodista, actor, Premio Rómulo Gallegos, Premio Príncipe de Asturias y Premio Cervantes recibió el galardón de literatura más importante del mundo gracias a su cartografía de las estructuras del poder y a sus imágenes mordaces de la resistencia humana

Por Andrés Schmucke - Madrid - @andy_schmucke - aschmucke@gmail.com

El estudio donde Mario Vargas Llosa trabaja mientras se encuentra en Madrid es impresionante. Una biblioteca de dos pisos cubre prácticamente todo el espacio. Los libros conviven junto a unos discos de jazz, mientras unas figuras de Charlie Chaplin y el ingenioso hidalgo Don Quijote de la Mancha vigilan que todos se comporten.

En el segundo piso de su biblioteca madrileña se puede ver un espacio donde cuelgan una serie de condecoraciones, diplomas y premios. Vargas Llosa no está allí para verme observar, con minuciosidad, su territorio. Creo que eso poca importa. Estoy en el apartamento donde vive el escritor peruano cuando se encuentra en España, y estoy a minutos de entrevistarlo; a minutos de conversar con el último latinoamericano ganador del premio de literatura más importante en el mundo.

Me limpio compulsivamente las manos. No quiero tenerlas sudadas cuando llegue el momento de conocerlo. Qué pena, ¿qué podría pensar ese señor de mí?

El escritor de La casa verde es sumamente puntual: a las cinco de la tarde es nuestra cita y a las cinco en punto llega. Me da un firme apretón de manos y me pregunta: “¿Cómo estás? ¿Todo bien?”. Le respondo que sí, que todo perfecto. Luego, reviso mi mano para ver si está húmeda. No, está seca.

- ¿Cuándo decidió que quería ser escritor?

- La decisión la tomé tarde, pero desde que descubrí el placer de la lectura, a los cinco años, la literatura forma parte de mi vida. En mi juventud, pasó de ser una afición a ser una vocación.

Lo que ocurre es que en esa época era muy difícil que un niño o un joven latinoamericano pensara en dedicarse a la escritura de manera exclusiva. Eso parecía imposible. La literatura no parecía una profesión que pudiera alimentar a nadie. Se parecía más a un hobby para los domingos y días feriados. Algo que uno encajaba en una vida dedicada a otras actividades.

Yo no me atrevía a pensar en ser un escritor, pero era lo que me gustaba desde que estaba en el colegio. Empecé a escribir muy jovencito. Al principio, como jugando. Luego el juego se fue convirtiendo en algo serio.

Entré a la universidad a estudiar Letras y Derecho, porque pensaba que el Derecho era lo que estaba más cerca de la literatura. Creo que es un error que cometen muchos escritores (risas). Cuando terminé la carrera, obtuve una beca para hacer un doctorado en la Universidad Complutense de Madrid. Aquí, en Madrid, fue donde realmente me planteé la posibilidad de dedicarme a la literatura. No con la idea de que algún día podría dedicarme sólo a la escritura, pero sí con la convicción de que si no dedicaba la mayor parte de mi tiempo, la mayor parte de mi energía, a mi vocación, jamás sería un escritor de verdad.

Aquí en Madrid, en 1958, tomé la decisión de organizar mi vida en función de mi pasión. Busqué trabajos que me dieran para comer y tiempo para escribir. Creo que esa fue una decisión muy importante: me ayudó mucho a convertirme en lo que soy hoy.

- El escritor peruano, Santiago Roncagliolo, una vez me comentó que sus primeras novelas fueron rechazadas por casi todas las editoriales existentes, pero que decidió persistir, hasta que publicó una. ¿En algún momento pensó que no lo lograría?

- Mi primera novela, La ciudad y los perros, la rechazaron también varias editoriales, pero ya estaba embarcado en la segunda novela, La casa verde. En ningún momento pensé que dejaría de escribir. Por esa época, en el Perú aún los escritores eran de días de domingo. La publicación era un lujo. La mayoría de los autores sacaban dinero de su propio bolsillo para editar, y repartían sus libros entre amigos. Realmente, la actividad literaria era muy precaria. No existían casi editoriales. Entonces, en ese contexto, que me rechazaran un libro no era nada excepcional; era lo que se esperaba. Lo extraordinario fue que una editorial, finalmente, aceptara mi novela. Debo reconocer que me sorprendió.

También tuve la suerte de conseguir trabajos que me permitían escribir. En París di clases de español en una escuela. Luego, trabajé como periodista en France Press y en la radiotelevisión francesa.

- ¿Cómo ha sido su experiencia con el periodismo?

- Yo empecé con el periodismo cuando estaba en el colegio. En las vacaciones, entre el cuarto y el quinto de bachillerato, mi padre logró que me aceptaran en el diario La Crónica como redactor. Primero cubrí informaciones locales, luego sucesos.

El periodismo lo he practicado durante casi toda mi vida. Nunca he dejado de hacerlo. Es una riquísima fuente de experiencias. Buena parte de mis novelas han nacido gracias a las historias que descubrí como reportero.

Además me gusta este oficio porque, aunque mi vocación es la literatura, no concibo la idea del escritor completamente encerrado en un estudio, apartado de lo que ocurre en la calle. Me fascina tener un pie afuera. Para mí, ese puente con el otro lado me lo ofrece el periodismo

- ¿Y dónde deja el teatro?

- El teatro fue mi primera afición. Siempre digo que si en el Perú de los años cincuenta hubiera habido un movimiento teatral, probablemente yo hubiese sido, antes que novelista, un dramaturgo. Lo primero que escribí, más o menos en serio, cuando aún estaba en el colegio, fue una obra de teatro. Un texto que yo mismo dirigí en 1952, durante mi último año de colegio. Pero no existía un actividad vigorosa en aquel momento. Si uno escribía teatro se condenaba a la gran frustración de no ver su obra montada en un escenario. Por eso, creo que ese escenario me empujó más hacia la narrativa.

Sin embargo, siempre tuve la idea de volver al teatro. A finales de la década de los setenta, lo hice y me encantó. Es una forma de ficción distinta a la novela pero que también sirve para contar historias. Corrijo: más que contarlas, las muestra, las revive en un escenario.

- ¿Cómo es un día en la vida de Mario Vargas Llosa?

- Comienza muy temprano. Yo duermo poco. Siempre dormí poco. A las seis de la mañana ya estoy despierto. A esa hora leo un poco. Luego hago media hora de ejercicios, y salgo a caminar con mi esposa una hora. En cualquier lugar del mundo donde nos encontremos siempre lo hacemos. Además de que es bueno para la salud, me gusta porque en esa hora empiezo a escribir. Siempre preparo mi trabajo del día. Tengo claramente orientado lo que voy a hacer.

Luego de esa caminata, me siento a leer los periódicos. Soy un lector voraz de diarios. Por lo menos dedico una hora del día para leerlos. Después, me doy una ducha y me encierro en mi escritorio. Suelo trabajar hasta las dos de la tarde. Esas, para mí, son las horas en las que soy más productivo y creativo.

En las tardes me gusta trabajar fuera de la casa. Si estoy en un sitio donde hay cafés, me siento en uno a escribir. También me gustan las bibliotecas, incluso si no estoy investigando nada. Me satisface muchísimo leer y escribir en un ambiente de este tipo, porque siempre hay silencio y siempre estoy rodeado de libros.

Ese es mi horario de trabajo de lunes a sábado, pues los domingos se los dedico sólo a mis artículos de prensa. A las siete de la noche yo lo abandono. No escribo nunca en las noches. En ese tiempo, suelo ir al cine, visitar a mis amigos o leer. Las horas más duras de mi rutina son las del día. Por las tardes corrijo, rehago textos y tomo notas de mi próxima jornada.

- Ha dicho en varias entrevistas que la única novela de su autoría que salvaría del fuego es Conversación en La Catedral. ¿Qué tiene ese libro que le otorga esa indulgencia?

-Bueno, si me ponen una pistola en la cabeza y me dicen que elija uno, probablemente sería ese porque fue un texto que me costó mucho trabajo escribir. Pasé más de tres años desarrollándolo. El primer año estuve perdido, escribiendo sin saber cómo organizar ese material. Esa historia tiene muchos personajes, una estructura compleja. Fue una obra muy ambiciosa para mí. Con él, mantuve una gran lucha contra el desaliento. El material me desbordaba: no conseguía encontrar una estructura coherente para lo que tenía.

- ¿A qué escritores admira usted?

- Admiro a Flaubert, quien me ayudó mucho a reconocer el tipo de literatura que yo quería hacer. Admiro a Faulkner, con quien descubrí la importancia de la forma, de la técnica en un texto. Admiro a Víctor Hugo, a Cervantes. Podría hacer una lista larguísima de todos los escritores que admiro. A todos algo les debo. Me han enseñado el arte de narrar historias y me han revelado el tipo de escritor que quería llegar a ser.

- ¿Cuál libro no ha podido terminar de leer?

- Varios. Por ejemplo, no he podido terminar La muerte de Virgilio, de Hermann Broch. Debo reconocer que he sido derrotado por su complejidad y densidad. Tampoco pude terminar El hombre sin cualidades, de Musil. Creo que son las únicas grandes novelas que he abandonado. Ahora, historia malas he abandonado muchas, pues no me interesaba leerlas.

- ¿Cuál libro le hubiera gustado escribir?

- Me hubiera gustado escribir todos los grandes libros que he leído, como La Guerra y La Paz, El Quijote, Los Miserables, y pare usted de contar (risas).

-A un año de haber sido galardonado con el premio Nobel de Literatura, ¿en qué ha cambiado su vida?

-El premio Nobel acarrea muchos compromisos, muchas invitaciones, participaciones en ferias de libros, eventos. Hay una actividad que no es propiamente literaria que viene con el Nobel. Ha sido un año agitado, pero el próximo año recuperaré mi tranquilidad y mi disciplina de siempre.

El tiempo se agotó y mis preguntas también. Vargas Llosa mira su reloj y se levanta de la silla. Me da la mano y me dice: “hasta lueguito”. El Nobel entra a una habitación y desaparece, y yo vuelvo a chequear mis manos. Están secas.

Revive la experiencia del Impreso On-line


blog comments powered by Disqus
 
Exposición Pedro Fermín

Galería La Cuadra. Cuadra Creativa y Gastronómica. Transversal 6 entre avenidas 3 y 4, Los Palos Grandes, Caracas. (0212) 2870414. info@galerrialacuadra.com Fecha: Hasta el 27 de mayo. El horario de... Leer más...
 
Extremely loud and incredibly close

Tan fuerte y tan cerca Estreno: 4 de mayo Es la adaptación al cine de la novela de Jonathan Safran Foer. Se trata de la historia de Oskar Schell, un niño cuyo padre, interpretado por Tom Hanks, muer... Leer más...
 
Thundercats

Cartoon Network De lunes a viernes a las 6pm. Perdón, pero esto merece una mención. Una de las caricaturas más aclamadas de los viejos tiempos regresa para que revivamos las aventuras que están su... Leer más...
 
Don´t Think

The Chemical Brothers Filmado con 20 cámaras en su presentación como acto estelar en el Glastonbury de Japón —el Festival Fuji—, Don?t Think es la primera experiencia en vivo completa de The ... Leer más...
 
Moda

Charlotte Seeling Este excepcional volumen reproduce la evolución de la moda, inscrita en la historia de su tiempo. Primero vienen los grandes modistos, quienes a partir de los años 60 siguieron num... Leer más...