Hace unos años, en buena hora me topé con una excelente grabación del grupo Barquisimeto IV, para entonces todavía conformado por sus integrantes originales, en la cual mi espíritu de músico tuvo ocasión de encontrar y disfrutar de un muy buen trabajo de instrumentación y voces, que ha quedado siempre en mi recuerdo como uno de esos ejemplos de la inagotable creatividad y buen gusto de los músicos venezolanos. Sin embargo, muchos de ellos permanecen en un relativo anonimato porque, a criterio de los jerarcas de la industria del disco y del espectáculo, no son “comerciales”.
En fin, el hecho es que en una de las piezas que conforma la referida grabación, una muy grata canción en la que se intenta dibujar o describir aspectos del modo de ser de los barquisimetanos, me encontré con esto:
“Dame mi palito e? triquilín,
el matador,
que me voy ya,
soy un guaro alegre y cantador,
no sé por qué,
pero así soy...”
En general, los venezolanos sabemos que “guaro” es una expresión popular cuyo origen ignoro, que constituye el gentilicio con el cual se identifica a la gente del Estado Lara, y que igualmente da origen a una popularísima expresión de la región: “Na guará”, que escrita así es una cosa, pero pronunciada con el cantaíto propio de los guaros, adquiere una dimensión especial de sabrosura idiomática que además puede ser usada de infinitas maneras y casi en cualquier contexto, como en este diálogo:
El ciudadano se dirige al Policía de la plaza y le dice:
?Agente, ese guaro le dio un guarazo a ese guarito.
A lo que el Policía responde:
?Cómo va a sé, ¡na guará!
Lo que en verdad llamó mi atención en aquella estrofa de la canción, fue la palabra “triquilín”, pues nunca la había escuchado, y por el contexto de la frase obviamente se refería a alguna bebida alcohólica que igualmente resultaba para mí desconocida. Si a continuación ese palito e? triquilín era calificado como “el matador”, eso sólo podía significar que se trataba de un trago fuerte, después del cual no quedaba sino irse a dormir para enfrentar el “ratón” al día siguiente.
Comencé entonces a indagar entre mis amigos guaros, sin mayor éxito, porque recibí explicaciones poco verosímiles y nada convincentes, hasta que finalmente salió el tema del triquilín en una conversación con el Dr. Francisco Suárez León, que no es guaro sino un “barquisimetido”, es decir, alguien nacido en otras tierras pero que se fue a vivir a Barquisimeto. El hombre me dio “con pelos y señales” la explicación pertinente, que ahora comparto con Ud., amigo lector.
Según Fran, en los viejos y recónditos bares de un sector del centro viejo de Barquisimeto, conocido como El Manteco, tenían un tonel o barrica en la cual iban echando todos los “sobrados” de los tragos servidos, lo que significa que la mezcla podía llevar o contener desde anís El Mono hasta cualquier clase o tipo de whisky, pasando por caña blanca como el Cocuy Lara y cualquier otra cosa que a Ud. se le pueda ocurrir.
Huelga decir que un trago de semejante mezcla tiene que ser matador, como acertadamente dice la estrofa de la canción.
Pues bien, esa mezcla estaba reservada para los borrachitos locales que a punta de la madrugada y con una buena carga de palos previos, se asomaban a la puerta de los botiquines para pedir “un palito, que ya me voy”, en respuesta a lo cual el botiquinero le daba entonces un vaso de aquella bomba etílica que para el borrachito significaba fin de fiesta y pérdida de todo resto de conciencia, hasta el siguiente día en que vería la luz como un monstruo deslumbrante, mientras a su manera pediría perdón a Dios con una frase: “Señor, si con la rasca te ofendo, con el ratón te pago y me quedas debiendo...”.
Así es la cosa, amigo lector, así que cuando le toque andar por esos lares, si un guaro le ofrece triquilín, rechácelo cordialmente
Hasta la próxima.
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