La época más alegre del año trae consigo rica comida, mucha gaita y un despertar de la nostalgia. Las familias con sus tradiciones hacen del último mes del año un acontecimiento lleno de alegría. Tanto el 24 como el 31 de diciembre son días ideales para disfrutar de estos individuos
Por Pedro Camacho - pedrocamacho84@gmail.com
10El gaitero aficionado
“Anda dile al tamborero que le dé más duro ahora”. Ya desde agosto, época en la que -por lo general- se acaba la última hallaca guardada en el congelador desde el diciembre anterior, comienza a desempolvar su Serie 32 de las mejores gaitas, sus mejores éxitos de Maracaibo 15 y sus quemaditos de Cardenales del Éxito y Gaiteros del Pillopo. Por lo tanto, serán cinco meses de “taquiti taqui ta” constante que le darán sabor y alegría a las reuniones a las que acuda, como si su andar tuviese un soundtrack gaitero permanente. Obviamente, es un wikipedia del género musical capaz de cantar todos los versos de una gaita con sólo decirle las primeras dos palabras de la primera estrofa. Es raro que no acompañe el canto con un bailecito y, mientras más se acercan las últimas fechas de diciembre, tiende a subirle cada vez más decibeles a su voz, como para que nadie a 15 cuadras de su ubicación se quede sin espíritu gaitero. Dato adicional: llora durante “Sin rencor” y cierra los ojos con “Cuando voy a Maracaibo”.
9 Las prepara hallacas
La tradición antigua de la preparación de hallacas junta a miles de familias venezolanas en diciembre en un alegre compartir amenizado con discos, gaitas, chismes familiares y mucho alcohol, lo que culmina en una producción masiva de más de cien hallacas (más si se pretenden vender) y unos cuantos bollitos. La principal estrategia consiste en la línea de producción, en la que cada miembro familiar se encarga de una tarea distinta: desde la que vierte el guiso hasta la que echa aceitunitas, cebolla, pimentón y pasas, culminando en el amarrador (mi tarea principal en la familia). Hay algunos hogares en los que este magno evento suele ser reservado para las mujeres de la familia, como una especie de ladies night navideña. La mejor manera de apreciar las dimensiones de este ritual es llegar en la noche cuando todo está por terminar y presenciar, con ojos sobrios, la alegría navideña en su estado máximo de efervescencia.
8 El/la de las compras el mismo 24
Termina comprando los regalos horas antes de la cena navideña luego de haber tenido todo el resto del mes (es más, del año) para comprarlos, y yo me pregunto: ¿por qué? Es decir, hay algunas personas que trabajan hasta el 23 y no tienen opción, pero este personaje sencillamente lo hace por olvidadizo, por una condición patológica que lo conserva en un estado permanente de último minuto. Siempre hizo sus tareas el día antes de la entrega, arregla las maletas la misma mañana que viaja, entre otras actividades que deja para última hora. Por lo general ha tenido buena suerte con este estilo de vida, pero el 24 suele ser el día en el que su condición le pasa factura mediante colas interminables en los centros comerciales que visita, mercancía agotada y sistemas caídos. Como consecuencia, la noche de la Navidad suele estar extremadamente cansado, cabeceando por el sueño, o con un humor de perros que se va a convertir en caos si, como siempre pasa, a alguien le queda pequeño o grande alguno de los regalos que compró. Si eres este personaje y estás leyendo esto, te recuerdo que este año los centros comerciales cierran más temprano por ley, así que haz algo bueno por tu vida y compra con anticipación por primera vez.
7 La de las tradiciones el 31
Si alguien es supersticioso, es el venezolano. Una fecha en la que esa condición sale a relucir con mayor fuerza es el 31 de diciembre. Por lo general, todos practicamos por lo menos una superstición, pero este personaje las practica todas. Siempre me ha despertado curiosidad saber el origen de la mayoría de estas supersticiones y me he tratado de imaginar lo que pensaría algún japonés o nigeriano si nos viese un 31 de diciembre a todos vestidos de ropa interior amarilla y adorando lentejas, argumentando que traen prosperidad. Me imagino el pavor de su cara al observar a todas las señoras antes de las doce atragantarse de uvas y correr con maletas hacia la calle a la medianoche con las caras llenas de lágrimas. Ha de parecer, descontextualizado, como un ritual de brujería o algo por el estilo. Mi favorito creo que es el del manojo de billetes (preferiblemente de los verdecitos de allá del norte) que tenemos que tener en la mano para que económicamente nos vaya bien el venidero año. ¿O es en la cartera? ¿O en el bolsillo? Bueno, en cualquier caso la de las tradiciones estará siempre cerca para sacarnos de cualquier duda (aunque mejor preguntárselo el 31 en la mañana, porque en la noche tendrá sus manos un poco ocupadas).
6El tío pirotécnico
Anualmente prohíben la venta de fuegos artificiales en la calle y, anualmente, este personaje encuentra la manera de gastar millones de bolívares en explosiva y -potencialmente- peligrosa diversión. Su conocimiento de todos los antros principales de venta de pirotecnia siempre nos hace cuestionarnos qué otra cantidad de información ilegal tiene en su cabecita. Es sencillo distinguirlo el 31 cuando organiza en el patio sus adquisiciones para que, al sonar el campanazo, pueda soltarlas al unísono junto a los cientos de tíos pirotécnicos de la vecindad. Por lo general, viene acompañado de una esposa que no deja de gritarle cada dos minutos cosas como “cuidado” o “recuerda lo que pasó hace dos diciembres” y de su hijo de 10 años, un tío pirotécnico en potencia que, por su corta edad, está sólo limitado a lanzar fosforitos para saciar su sed explosiva. En algunos casos, también tienen un niño menor que es controlado a través de las inofensivas cebollitas.
5El tío borrachito
Desde que llegamos a las cenas familiares del 24 o el 31 ya él está ahí, con su indescriptible olor a whiskey, sus ojos desorbitados y su risa, que irá aumentando en volumen (y frecuencia) a medida que transcurra la velada. Para él, la Navidad es la excusa perfecta para tomar. En caso de que haya sido un buen año, toma para celebrar; en caso contrario, toma para olvidar. Propondrá un brindis cada veinte minutos dedicado a cualquier motivo: desde el reencuentro con algún familiar que tenía tiempo sin ver hasta los logros de alguno de sus hijos. Con respecto a éstos, coincidirán en que nunca vieron a su papá más feliz, aunque estarán toda la fiesta pidiéndole que baje la voz. Por lo general, sus abrazos a la medianoche de ambos días suelen ser los más prolongados y vienen acompañados de algún discurso, entre lo emotivo y lo incomprensible, recitado en la oreja del abrazado. Como es de esperarse, termina dormido en algún sofá en la madrugada.
4Los padres que a su vez son el Niño Jesús y San Nicolás
Si todas las personas supieran a ciencia cierta lo que sus padres tuvieron que hacer durante sus infancias para conservar los secretos navideños, probablemente desistirían de realizar el mismo proceso con sus propios hijos, porque ha de ser extenuante. Hace falta un operativo cada 24 para engañar al niño y hacerlo pensar que la magia existe, operativo en el que terminan participando los demás miembros de la familia tendiendo trampas, diciendo mentiras y creando cortinas de humo para que la ilusión quede viva. Tarde o temprano los niños crecen y aprenden a ubicar las inconsistencias de la farsa por sí solos, empezando por esa extraña relación con San Nicolás, que poco a poco se hace más confusa. Es decir, si uno le escribe al Niño Jesús, entonces ¿quién es ese gordito con barba vestido de rojo que aparece en todos los centros comerciales? ¿Trabaja para el niño? ¿Cómo es que el niño este viaja por el mundo si, al fin y al cabo, es sólo un niño? ¿Y qué tiene que ver un arbolito en toda esta ecuación?
3La mujer de los adornos
Finales de noviembre suele ser la época en la que hombres y muchachos de los hogares venezolanos son enviados a depósitos y maleteros para retirar las cajas de adornos navideños, generalmente ubicadas detrás de un caucho de repuesto y una máquina de ejercicios que nadie usa. Este personaje considera que el espíritu navideño no debe llevarse adentro, sino que hay que exteriorizarlo en forma de lucecitas, san nicolases de múltiples tamaños y un pesebre que ocupe la mitad de la sala, cual ciudad miniatura, con distintas urbanizaciones de pastores. Otro detalle del pesebre es que suele reinar una desproporción enorme entre sus integrantes, ya que como esta mujer tiende a utilizar muñequitos de distintos pesebres que ha tenido en su vida, Baltasar es dos veces más grande que los otros dos reyes magos y el Niño Jesús es del tamaño del buey. Si contamos con la mujer de los adornos en casa, es importante recordarle que las miles de luces que encandilan a sus vecinos deben desenchufarse al salir de casa, ya que la línea que divide una casa exageradamente adornada y un hogar en llamas es muy, muy delgada.
2El que va de casa en casa después de las doce
Todos sabemos que el 24 y el 31 son para pasar en familia. Si bien muchos encontramos esto apropiado y divertido, hay muchos que esperan ansiosos que llegue la medianoche para salir volando a disfrutar con sus amigos. Por lo general, este personaje adopta esta actitud en la adolescencia, época de rebelión familiar por excelencia, pero vuelve a disfrutar de las tradiciones como a los 24 ó 25 años, edad en la que empieza a añorar ser niño y no tener responsabilidades en lo más mínimo. Algunos, sin embargo, se mantienen de por vida en este estado y utilizan la madrugada de las mencionadas fechas para visitar las familias de sus amistades cercanas, arrasando con todo el alcohol y la comida en su camino, cual huracán. Cuando forme su propia familia, lo más probable es que use estas fechas para irse para la playa y sólo asistirá a la cena familiar cada cuatro o cinco navidades, acontecimiento en el cual la tía mayor dirá a todo pulmón la expresión que la define: “¿y ese milagro?”.
1La que llora durante todo diciembre
Ninguna época del año coloca las emociones más a flor de piel que diciembre. Basta con escuchar la letra de cualquier gaita jamás compuesta para saber que esto es así. Como último mes del año, saca a relucir lo mejor y peor del año que se va y nos genera expectativas para el año venidero (en serio, cualquier gaita, la que sea). Pero este personaje va más allá y convierte su diciembre en un maratón de lágrimas en el que recuerda no sólo su año, sino su vida entera, desde momentos dolorosos de la infancia hasta las razones de su existencia. Obviamente, el 31 es la cúspide del llanto y llorará desde la llegada de cada familiar a la cena hasta los doce campanazos, momento en el que se acercará peligrosamente a la deshidratación. El llamado es a tratarlas con sensibilidad, ya que cualquier tema es propenso a ser totalmente inflado fuera de sus proporciones y generar lágrimas. Por ejemplo, todos sabemos que vamos a engordar como cerdos en diciembre, así que no vale la pena recordárselo a este personaje y aumentar su ya enorme agravio.
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