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Los diez amantes de la música en Caracas

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La música es una válvula de escape de nuestros trajines diarios. Si bien estos diez personajes son muy distintos entre sí, comparten el no poder iniciar ni terminar sus días sin una melodía como fiel compañera
Por Pedro Camacho

10El de la música en el auto

Sus interminables horas en el tráfico caraqueño han fomentado una intensa relación entre él y su reproductor de automóvil, similar a la de un padre y un hijo. Recuerda con gran nostalgia cuando sólo sabía leer cassettes. Luego presenció sus primeros pasos hacia la modernidad con el advenimiento de los CD y, más recientemente, sintió momentos de orgullo cuando dio el gran paso y aprendió a leer Ipod. Este personaje conoce mejor que nadie el poder analgésico de la música, ya que es la única cosa que ha evitado que se baje de su vehículo en hora pico, al mediodía, bajo el sol caraqueño y empiece a destrozar a batazos los vehículos de los demás en medio de un ataque iracundo. Por lo general, siente un odio desmedido hacia los programas de radio “demasiado hablados”, razón por la cual sólo sintoniza emisoras cuando sale volando de la casa y se le queda el Ipod en el tope de la cocina o en su mesita de noche.

9 El adicto al Ipod

Hablando de Ipod… ¿En qué momento se hizo más común una oreja con un auricular blanco delgadito guindando a un Ipod que una oreja al natural? Entre estos y aquellos que hablan con el manos libres del celular, la probabilidad es grande de que al preguntarle a la persona que tenemos al lado por la hora o una dirección, esa persona sencillamente no nos esté escuchando y nos haga quedar como un completo idiota hablando solo. Para este personaje, el mundo sólo funciona siempre y cuando haya música durante las 16 horas que está despierta al día. Nació durante la era de los videoclips y, por lo tanto, se crío con la idea de que sus días podían y debían ser vividos al estilo MTV, con pequeños intervalos entre canciones. Su Ipod es como un órgano adicional a su cuerpo que, incluso, tiene una correspondencia directa con sus estados emocionales diarios, a través de las listas de reproducción que tienen nombres como “Feliz”, “Depre” o “Rumba”.

8El maestro de la descarga (sin fines de lucro)

Ser virtual por excelencia. Ha amasado la mayor colección de películas, canciones y series televisivas posible, todo desde la comodidad de su propia laptop. Este personaje no debe ser confundido con el maestro de la descarga con fines de lucro que vende lo que descarga en un kiosquito en la Central o en la Guairita y es responsable, casi por sí solo, de que hayan cerrado casi todos los alquileres de video (y pronto las discotiendas) de Caracas. El maestro de la descarga sin fines de lucro tiene como meta obtener toda la música existente en el planeta, desde cumbia hasta death metal, pasando por cantos gregorianos y música tradicional hindú. Como es de esperarse, no ha llegado a visualizar u oír ni 30% de las cosas que baja, pero sólo tenerlas en su haber es una hazaña bastante grande. Su jerga está repleta de términos como “torrents”, “bitrate”, “peer to peer” y muchas otras palabritas en inglés que lo hacen sonar bastante gallo.

7 El arqueólogo musical

La música es para él una religión; escucharla es un acto divino. Es de esas personas que al observarlas oír una de sus canciones predilectas con los ojos cerrados da miedo hablarles, por temor a que las tumbemos estrepitosamente en su camino hacia el nirvana. Si alguna vez vuelven a transmitir en nuestro país el programa ¿Quién quiere ser millonario?, este es el personaje indicado para tener presente si nos sale una pregunta acerca de música. Pensemos en él como un maestro Yoda de la canción (conocimiento musical, sí poseer). Conoce desde lo más comercial hasta las rarezas que ni siquiera los mismos artistas deben saber que existen. En casi todas las familias hay uno de estos, generalmente un tío con una colección enorme de discos de acetato y CD organizados mediante un complejo sistema de categorización basado en alfabetización, influencias musicales y semigéneros que sólo él entiende. Sentarse a hablar de música con este personaje provoca dos cosas: nos hace admirar la importancia que tiene la música para algunas personas y nos hace comprender que toda la música de nuestro Ipod es una basura.

6El de vanguardia

Pariente muy cercano del personaje anterior. Todos los esfuerzos que invierte el arqueólogo en conocer la historia musical, este personaje los utiliza para mantenerse siempre a la vanguardia del acontecer musical actual. Su mayor goce proviene de lucir su conocimiento y jactarse de que sabe más que nadie. Al referirse a grupos y cantantes nuevos, tiende a utilizar descripciones rebuscadas y complejas sacadas de revistas como Rolling Stone y blogs musicales y hacerlas pasar como propias. Por ejemplo: “son como medio disco punk con bohemia urbana”. Por lo general tienen amigos muy cercanos que son DJ (o incluso son DJ ellos mismos), se visten con ropa comprada en ferias de diseño y estudian diseño gráfico o son publicistas. Sólo por diversión, la próxima vez que lo vean pregúntenle si ha escuchado “Purple Dwarfs From Oslo”, observen su cara de desespero por no conocerlos y disfruten imaginando cuando el personaje caiga en cuenta de que era una banda inventada.

5El roquero sin instrumentos

No, no toca ningún instrumento en realidad. Pero si juzgamos solamente por sus destrezas tocando la mesa con sus dedos índice como baquetas, pensaríamos que estamos ante la presencia del nuevo baterista de Metallica. Cuando escucha los primeros acordes de una canción de Zeppelín o de Guns and Roses, su cuerpo entra en un estado de trance endemoniado (similar al de la niña de El exorcista); se ve obligado a simular cada solo de guitarra con sus manos y lo mezcla todo con un incesante batuqueo de su cabeza de atrás hacia adelante al mejor estilo “rockanrollero”. Algo curioso que suele pasar con este personaje es que no sabe hablar inglés, pero termina gritando solamente los coros de las canciones en una jerga basada en una que otra palabra que sí existe y cualquier cantidad de interjecciones basadas en similitudes fonéticas. En el caso de la batería invisible, sus dedos suelen ser sustituidos por cualquier elemento que simule una baqueta en su entorno, desde bolígrafos en la oficina, hasta palitos chinos en una feria de comida. Qué viva el rock

4La que cree que sabe cantar

Es el personaje más risible del conteo aunque, al mismo tiempo, el que más genera pena ajena. Ha vivido bajo la falsa impresión de que tiene talento para cantar, hecho que nadie a su alrededor ha tenido el corazón para refutarle. Con el pasar de los años y la confianza que falsamente se ha ido afianzando, ha aumentando los decibeles con los que expone su voz al mundo y, paralelamente, ha ido perdiendo la timidez para hacerlo en espacios muy públicos. Su principal escenario, sin embargo, sigue siendo su propio automóvil, una cabina hermética con vidrios transparentes (o, como mucho, ahumados) donde se exhibe a los demás conductores, cantando a gritos los últimos éxitos de Shakira y Julieta Venegas. Ya ha participado en varios castings para Latin American Idol, aunque, como es de esperarse, nunca ha logrado la aprobación ni del primer jurado. Es adorable la pasión que siente por la música. Ensordecedora, pero adorable. Pendiente de ella en los karaokes.

3La de los temas de moda

Wikipedia del reguetón, la electrónica y otros ritmos rumberitos. Su conocimiento de la música se limita a todo aquel ritmo que se pueda escuchar en un local nocturno, en un cumpleaños o en un viaje a la playa. A ella pertenece el Ipod que siempre hace falta para empezar la fiesta. A veces tiende a asombrar a las personas lo poco que este personaje sabe de cualquier otro estilo de música que no encaja en sus géneros predilectos. Para ubicar a este personaje en un grupo de personas sólo basta con iniciar una conversación acerca del último disco de Franz Ferdinand y esperar ver quién es la persona que no presta la más mínima atención a nada de lo que se dice, sino que repite constantemente: “¿y entonces?, ¿rumbita esta noche o qué?”. Cuando escucha una canción que le gusta suele levantar los brazos, menear su cabello y gritar “¡Wuuuuu!”, como si estuviese en medio de una discoteca, sin importarle mucho que se encuentre en su propio carro, en su cuarto o caminando en el Sambil.

2El del celular sonoro

Existen pocas modas más invasivas que el celular que suena a todo volumen imponiendo sus ritmos (salsa erótica y reguetón, por excelencia) sobre los oídos que involuntariamente caigan en su rango sonoro. Es el equivalente auditivo de la persona que fuma, sólo que en este caso lo que nos queda es un pitico desesperante en nuestros tímpanos y no un hedor a cigarrillo en el cuerpo. Para un disfrute multisensorial, podemos encontrar a ambos personajes en varias camionetitas caraqueñas, uno al lado del otro, atacando nuestras narices y oídos en simultáneo. La cosa que aún no puedo entender de este personaje es el placer que encuentra en poner música en su celular a full volumen, en vez de colocarle unos benditos audífonos. ¿Será que acaso gastó todo su salario en el primero y no le alcanza ahora para comprar los segundos? Porque, de ser así, creo que la próxima vez que esté en su presencia soy capaz de hacer una vaca entre todas las demás personas a su alrededor para que se los compre. Sería como mi buena obra para la sociedad.

1El músico de verdad

Lo que diferencia a este personaje de todos los demás es que este vive (o más bien intenta vivir) de su pasión por la música. Es aquel que el arqueólogo y el de vanguardia idolatran. Es el que el rockero sin instrumentos y la que cree que sabe cantar quisieran ser. Es el que el del celular sonoro logra que odiemos. Es la razón de ser de todos estos personajes. Es todo esto y muchas cosas más. Es un conjugador de notas musicales, un poeta con un instrumento como pluma, un mago con… con… Es un tipazo, como James Bond: todas las mujeres quieren estar con él, todos los hombres quieren ser como él. Es increíble la desproporción entre la pasión que tienen los músicos buenos (porque sinceramente hay algunos músicos que en vez de cautivar a aquellos a su alrededor los espantan) y la escasa remuneración con la que suelen contar. En un mundo perfecto, los buenos músicos estarían siempre sonando en las radios y los reguetoneros trillados tocando en pequeños bares a los que sólo asisten sus familiares y amigos. Pero bueno…

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