Venezuela no irá al Mundial, pero lo vive con una intensidad ferviente. Aquí, un decálogo de las maneras de vivir ese evento que nos descontrola a todos durante un mes cada cuatro años
Por Pedro Camacho
10El “fiebruo”
Lleva cuatro años esperándolo. Lo vio todo, desde las eliminatorias sudamericanas y europeas hasta las primeras rondas de clasificación de Oceanía. El mundial será para él un mes de fútbol intravenoso. De tener un empleo, probablemente lo perderá. De tener una novia, sin duda alguna lo dejará. Desde que tiene uso de razón, ha presenciado todos y cada uno de los juegos de cada mundial, perdiendo clases, reuniones familiares y amigos en el trayecto. Por lo general, disfruta más que nada ver los partidos en la seguridad de su propio hogar, pero no tiene problema con compartir su pasión con demás “fiebruos”, siempre y cuando no le hablen mucho durante los encuentros. Se puede distinguir físicamente gracias a su barba descuidada, su aroma a ermitaño y la camiseta de algún equipo de fútbol, un emblema sin el que jamás ha sido visto. Cuando el mundial finaliza, el fiebruo divaga por las calles buscando motivos para seguir viviendo y gritando resultados de sus partidos favoritos, al menos hasta que comienzan las ligas otra vez en agosto.
9 El geniecito de las estadísticas
Se interesa más por los números que por el deporte como tal. Como prueba de ello, está el hecho de que nunca ha jugado y que, cada vez que lo intenta, o lo ponen a arquear contra su voluntad o lo lesionan en los primeros dos minutos. Más que en los 90 minutos que dura el partido, encuentra un placer enorme en los 30 minutos previos, el medio tiempo y los 20 minutos posteriores, momentos en los que es bombardeado por numeritos como tiempo posesión de balón, tiros a puerta y los siempre emocionantes fueras de juego. También suele tener una obsesión anormal con el reglamento y puede imponerse en discusiones ante cualquier eventualidad, ya que lo tiene memorizado por artículos. Hay unos geniecitos fastidiosos que pasan todo el encuentro queriendo lucirse, lanzando datos curiosos que empiezan con “¿Sabían que…”, que al principio son simpáticos y lindos, pero que a la media hora se convierten en pequeños dardos que nos hacen cuestionar por qué los invitamos en primer lugar.
8 El que no sabe nada de fútbol
Le pica el bicho del Mundial un par de semanas antes de que empiece el magno evento. Durante el partido inaugural, se empezará a dar cuenta de que la mayoría de los jugadores que recuerda de la copa pasada llevan tres años retirados de las canchas o se convirtieron en pésimos jugadores que ni siquiera fueron convocados. Por algún motivo, siempre suele convertirse en fanático de la selección de Brasil y memorizarse sólo la plantilla de ese equipo, sin tener idea ni de la posición que juega cada jugador. Durante los partidos, se puede reconocer porque permanece callado a menos de que se le ocurra algún comentario gracioso acerca de los apellidos de los jugadores o de las observaciones de los comentaristas que compense su falta de conocimiento. A pesar de tratar de ocultarlo, todos están conscientes de que no sabe nada y se convierte en una válvula de escape humorística.
7El propenso al gasto
Todo comienza cuando adquiere el paquete completo de DirecTV para ver los juegos en HD, el primero de la enorme cantidad de gastos en los que va a incurrir durante los 30 días del Mundial de fútbol. Posteriormente, comprará las camisas de sus equipos favoritos, verá 65% de los partidos en locales que le ponen sobreprecio hasta a las servilletas y va a adquirir material de colección que luego agarrará polvo al fondo de un clóset como un set de balones de todos los mundiales de fútbol o una réplica de la copa mundial. Veinte por ciento de los partidos restantes los verá en su casa durante parrilladas que organizará los domingos y en las que gastará más que en cualquier otra jornada al comprar cantidades de cerveza, pasapalitos y carne para la típica cuerda de arroceros que llegan dos horas antes del partido y merodean ocho horas después de sonado el silbato final. Este personaje es al que uno siempre hace referencia cuando le comenta a sus amigos: “bueno, si quieren lo podemos ver en casa de un pana mío que tiene pantalla plana y todo…”. Será visitado por amigos de secundaria que ni recordaba que tenía y vecinos que ni sabe que existían, todo por su sala de entretenimiento.
6 La que quiere que se acabe desde el día que comienza
Le molesta. Sinceramente, el mes que dura el Mundial le molesta. Sentirá brotar sus instintos asesinos cada vez que necesite salir a hacer alguna diligencia en la mañana y la ciudad esté paralizada, como en las películas esas que una epidemia terrible deja las calles en estado de abandono total. Le disgustarán cada almuerzo pospuesto, cada desayuno cancelada. Las veces que sí logre convencer a algún ser querido para un almuerzo o un café, tendrá que lidiar con su mirada ojeando de manera constante algún televisor a distancia, intermitentes pausas para revisar resultados en su blackberry y visitas al baño sospechosamente recurrentes. Lo fascinante de este personaje es que es inmune al virus mundialista que invade a Venezuela entera: desde amas de casa hasta niños de cinco años. Es un rebelde que prefiere hacer lo inconcebible para todos los demás: continuar su vida normal durante Sudáfrica 2010. De clasificarse Venezuela algún día a un Mundial de fútbol, este personaje probablemente cruzaría ese borde que separa la cordura de la locura, pero sin pasaje de regreso.
5 La que ve el Mundial, pero no por el fútbol
Pariente cercana del que no sabe nada de fútbol, la que siempre va por el equipo débil es un personaje que se basa en argumentos completamente desligados del deporte como tal y más ligados a elementos cromáticos, estéticos o incluso históricos para decidir por qué equipo inclinarse. De tal manera, siempre va a preferir hacerle barras a equipos africanos por el hambre que pasa ese continente y equipos caribeños en sus primeros mundiales porque, según ella, “deben estar súper felices de estar ahí. ¿Tú te imaginas?”. En algunos casos va por equipos solamente porque le gusto el color de sus uniformes o porque algún jugador le pareció bonito. Generalmente, va acompañada de su novio, un fanático (de verdad) que le lanzará unas miradas asesinas cada vez que diga cosas como: “Cuando expulsan a un jugador de un equipo, el otro equipo debería sacar un jugador también, porque si no la cosa no es justa…”. Como elemento adicional, aún no entiende lo que es offside y lo preguntará durante cada partido del Mundial. Lease bien: no antes, no después, sino durante.
4El caravanero
Personaje extremadamente venezolano, el caravanero expresa sus emociones de alegría a través de su carro, una extensión de su propio cuerpo. Así ha sido durante cada boda que ha asistido, cada campeonato que su equipo de béisbol ha conquistado y cada vez que se ha graduado de algo, así sea de un curso breve para aprender inglés. Obviamente, el mundial no es una excepción. Generalmente, va por un equipo que sabe que llegará lejos en el torneo (por algún motivo también suele ir por Brasil) para así tener más jornadas de disfrute de caravana. Tiende a manejar una camioneta “enhierrada”, tocar una corneta ensordecedora y escuchar música a full volumen. Su meta, a partir de los cuartos de final, será poner su granito de arena para trancar las principales arterias viales del país durante horas de celebración, gritos y mucha bulla. De dañarse su carro durante el Mundial, probablemente se haría socio de la que quiere que el Mundial acabe desde el día que comienza, en un compartir inigualable de amargura y mal humor.
3La dupla generacional
Entre las cosas más bonitas que puede compartir un padre con su hijo, está el amor por el deporte. De tal manera, el amor por un equipo, por ejemplo, será un vínculo de dimensiones enormes (caraquistas criarán caraquistas y caerán en depresión si salen magallaneros, por ejemplo). Esta herencia se materializará en hechos como que, en cada Mundial, el hijo tendrá que escuchar las mismas anécdotas del Mundial del setenta de la boca de su papá como si la estuviese escuchando por primera vez, a pesar de que ya casi puede recitarla él mismo. Además, caerá en discusiones generacionales típicas como si Messi es mejor que Maradona o si el fútbol era mejor hace 40 años. He presenciado familias en las que padre e hijo no se hablan de nada en todo el santo día al menos de que el tema tenga algo que ver con deporte. Es más, los buenos días y buenas noches entre ellos han sido reemplazados por un sencillo “¿viste el juego?”, que no hace referencia a ningún juego en específico sino que da cabida a hablar del acontecer deportivo general.
2El nacionalista extremo
Durante el Mundial, se exacerba su sentido de pertenencia a la comunidad italiana, española o portuguesa, que por lo general se encuentra en recesión durante el resto de sus años no mundialistas. El único otro momento que ha salido a relucir su descendencia es cuando ha tenido que hacer el papeleo para sacarse la doble nacionalidad. Es un sujeto que se queja por todo lo que ha pasado su selección (en el caso de los italianos, sólo se quejan de que se les estigmatice con lo del catenaccio y lo del juego aburrido). En el caso del español y el portugués, les molesta que su selección nunca pase de cuartos de final en el Mundial y tener que sufrir cada cuatro años el terrible episodio de cientos de personas en silencio absoluto, confinadas al Centro Portugués y a la Hermandad Gallega. Por algún motivo, siempre despierta molestias en los fanáticos de otros equipos que no tienen descendencia que trascienda la frontera venezolana.
1El futbolista nato frustrado
Cuando se sienta a ver un partido del Mundial, siente que verdaderamente él pertenece a esa cancha. O sea, dentro de su mente, haber estudiado ingeniería sencillamente fue un escollo demasiado grande en su camino para convertirse en un grande del fútbol mundial. Mientras se aferra con las uñas a esta ilusión, ha participado en torneos desde que era niño, pasando por todas las etapas de su vida, siempre como capitán indiscutible y organizador absoluto. Si alguna vez has estado en un equipo de fútbol, este personaje era el que te llamaba un domingo a las 10 de la noche para decirte cuánto iba a ser el precio de los uniformes y te mandaba un correo todas las semanas con la información del próximo partido y las estadísticas actualizadas del torneo (por él). A partir de octavos de final del Mundial, organizará una caimanera después de cada partido para drenar sus ínfulas de grandeza, alimentadas al máximo durante los 90 minutos de ver a los verdaderos profesionales.
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