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Diez personajes indispensables en el gimnasio venezolano

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Todos tienen en común el deseo perenne de ponerse en forma. En el camino a un cuerpo perfecto, tendremos que cruzarnos con ellos en los pasillos del templo del ejercicio. Así que aprendamos a reconocerlos con este listado
Por Pedro Camacho - pedrocamacho84@gmail.com

10El Schwarzenegger

El emblema del gimnasio. Su silueta suele distinguirse en los logos de miles de gimnasios alrededor del mundo, estirando sus brazos o contrayendo sus bíceps. No existe ningún registro fotográfico de su cuerpo previo a comenzar a ejercitarlo ya que, o fue borrado por él mismo para no dejar huellas de ese turbio pasado, o desde que nació parecía un bebé físico culturista. Siempre me he preguntado qué otras cosas hace en su vida, ya que nunca lo he visto fuera del gimnasio. No me extrañaría que existiese algún compartimiento secreto debajo del portamancuerna donde este personaje tiene su propio apartamento tipo estudio en el que pasa a descansar luego de que los últimos clientes del gimnasio se han ido en la noche. Le gusta mostrar sus atributos con camisas excesivamente ajustadas y suele tratar de levantar el equivalente a dos caballos en pesas cuando sabe que lo están observando (especialmente si sabe que la que observa es una mujer que está chévere). En algunos casos incluso le pagan por lucir sus músculos, decirle a los más débiles qué es lo que deben entrenar y hacerse llamar “instructor”.

9El mujerón

Ella es el motivo por el que 50% de los hombres se mete en un gimnasio (porcentaje mayor en el caso de la población adolescente). Sus vestimentas a base de licra han provocado incontables accidentes a clientes en el gimnasio que van desde lesiones graves con maquinarias pesadas hasta accidentes menores, pero también dolorosos como machucamientos de dedos con mancuernas por falta de concentración. Suelen tener la atención devota de algún instructor que le estará cayendo desde el día que se inscribe hasta que, o acepte salir con él, o se vaya molesta a otro gimnasio para repetir el mismo ciclo con algún otro instructor. Su preferencia absoluta para ejercitarse, sin embargo, se encuentra en las clases de spinning, un espacio paradisíaco que reúne a todas las de su especie. Esto es lo más cerca que estará el hombre común de asistir a una sesión de fotos de supermodelos.

8Las doñas del gimnasio

Grupo de sexagenarias que frecuentan el gimnasio por no tener nada mejor que hacer en el día. Por lo general, sus rutinas de ejercicio son dos: por un lado la caminadora, donde pasan un tiempo desmedido, privando al resto del gimnasio de su uso durante horas en total; por otro lado, una extensa gama de ejercicios con las mini mancuernas, que deben pesar menos de 100 gramos en total. Siempre andan muy perfumadas y disfrutan las clases de bajo impacto como yoga (aunque en las noches se vuelven “locas” y no se pelan una bailoterapia). Suelen reunirse con otras doñas en bandadas que lo que hacen es chismear, bloqueando los pasillos del gimnasio y obstaculizando el tránsito libre de la clientela menor de 50 años.

7La de la carga de conciencia

La frecuencia con la que asiste al gimnasio es directamente proporcional a la cantidad de comida y bebida que ingirió durante el fin de semana. Si fue poco lo consumido, irá par de veces a la semana no más. Si tragó y tragó como si el mundo estuviese llegando a su fin, despertará el lunes con una vocecita en la cabeza que le pedirá a gritos que vaya al gimnasio a expulsar sus pecados en forma de gotas de sudor. Este personaje se hace más presente en las fechas navideñas, donde las toneladas de hallacas, pernil y torta negra hacen que las cargas de conciencia se tornen más pesadas y las promesas de ejercitarse el mes siguiente más frecuentes. Su rutina de gimnasio viene acompañada generalmente por una dieta, que suele variar cada mes o mes y medio de acuerdo con la que esté de moda (que si la de los puntos un día, que si la de las alcachofas en otro). Cualquier chiste acerca de su peso ha de ser volado fuera de proporción, así que es recomendable mantener esos comentarios para uno mismo, sobre todo sí se es el novio (en el caso de este último, hacerse “el graciosito” puede ser motivo de ruptura).

6El que sólo va el primer día

Motivado (o más bien desmotivado) por la insistencia de sus seres queridos, recientemente tomó la decisión de ejercitarse. Es un sujeto flaco, buen estudiante y con muy poco interés en cualquier actividad física. A pesar de todo esto, el primer día que asiste al gimnasio va bastante motivado, tal cual aquel primer día de clases en su infancia. Pero basta que le aqueje ese dolorcito típico de haber ejercitado el cuerpo por primera vez en la vida para que el día siguiente empiece a poner excusas para dejar de asistir, tales como “bueno, igual hay que darle un día a los músculos para que se desarrollen” o “yo no sé, chamo, pero yo creo que me jalé un tendón ayer o algo…”. Las veces que sí asiste se le puede observar estirándose por el gimnasio mientras se esconde del instructor o luchando por completar la novena en una serie de 25 repeticiones de algo.

5La del escritorio de la entrada

Recepcionista de cuerpo ejercitado, es la encargada de hacernos el tour del gimnasio antes de inscribirnos y de pedirnos y devolvernos el carnetcito cada vez que asistimos. Fuera de esas dos funciones hace muy poco, aunque en muchas ocasiones se le encomienda una tercera que es indispensable para el buen funcionamiento del gimnasio: poner la música. La mayoría de los gimnasios pueden dividirse en dos, de acuerdo con lo que sale por sus cornetas: los que ponen música electrónica todo el santo día o los más retros que colocan hits ochentosos y noventosos sin cesar. Su escritorio funciona además como un punto de encuentro para que todos los instructores se junten a hablar de bíceps, malteadas multivitaminicas y una que otra cosa más. Como cualquier otra recepcionista contemporánea, siempre tiene el Facebook abierto y conoce los chismes de todo el gimnasio.

4El gordito

En una oración: eximido en esfuerzos, raspado en resultados. Todos los gimnasios tienen por lo menos uno y en algunos casos varios. Es la imagen del “antes” de los infomerciales para maquinas que ejercitan los abdominales, ansiando a diario lograr parecerse, por lo menos de reojo, a la imagen del “después”. Suele cuestionarse todas las noches por qué el gimnasio no le ha funcionado desde que empezó a asistir, aunque por lo general se lo cuestiona mientras se come un pote de helado o una bolsa de papitas fritas de las grandes. Lo más simpático de este personaje es que igual disfruta la experiencia del gimnasio al extremo y se le suele escuchar decir en reuniones: “qué bien me siento ahora que voy al gimnasio”, mientras sus amigos lo ven de arriba abajo sin observar ninguna diferencia e incluso sospechando que puede que esté más gordo. A los gimnasios les conviene tener a este personaje en su clientela, ya que sirve de motivación para todos los demás que terminan sintiéndose bastante bien luego de verlo.

3El señor mayor que ya le toca cuidarse

Durante su vida disfrutó de una cantidad enorme de vicios, uno de los cuales definitivamente no era hacer ejercicio (al menos que consideremos levantar el vaso o cargar la cava en la playa como un ejercicio). Recientemente, ese estilo de vida le pasó factura, disfrazado de alto colesterol o un preinfarto, y se vio obligado (a veces por sus hijos y su esposa) a arrastrar su cuerpo hacia un gimnasio. Ya estando ahí, debe manejar cuidadosamente su ritmo de ejercicio de tal manera de que sea lo suficientemente activo para que sea efectivo, pero no demasiado movido como para que lo encuentren muerto sobre la pila de colchonetas. Si bien la idea del gimnasio jamás va a ser de su completo agrado, encuentra una motivación inmediata en ver a las señoritas tres veces menor que él ejercitándose. Si contamos con un personaje de estos en nuestro núcleo familiar, no dudemos en pagarle a una instructora femenina para obtener resultados realmente asombrosos en su estado de salud.

2Los coqueteadores

Cazadores de parejas, estos personajes entendieron que el único sitio que agrupa a las personas más bellas de la ciudad, sudadas y escasas de ropa es el gimnasio. La versión femenina de este personaje suele ser veinteañera, sobreperfumada y capaz de utilizar estrategias de belleza contraindicadas para hacer ejercicio como aretes enormes, cabello suelto y, la peor de todas, maquillaje. La versión masculina suele ser un pavito a la moda con ropa de marca y un sin fin de piropos trillados. De más está decir que el ejercicio para estos personajes es algo supeditado a levantarse a alguien (primer lugar indiscutible en sus prioridades) y verse bonitos. Bonitos no necesariamente implica que estén en forma, vale acotar. Suelen aprovecharse del hecho de que, parados al lado de un sujeto todo sudado y maloliente por haber hecho un esfuerzo genuino en las máquinas, se ven especialmente buenmozos ante los ojos de las mujeres. Es similar a la formula que usan las mujeres medianamente bonitas en la universidad que terminan formando un grupo con mujeres feas para verse más bonitas aún.

1El señor en forma

Entendió, a una temprana edad, que el camino del bien era el del ejercicio y la buena alimentación. A sus cuarenta y pico está en mejor forma que 90% del gimnasio. Es una especie de Clark Kent moderno: abogado o ingeniero de 9 a 5, superatleta en cualquier otro momento. Cosas que hace: inscribirse en 10K, correr maratones, subir montañas, nadar ríos, detener balas con su propia boca, levantar carros con sólo usar sus manos… Cosas que no hace: fumar, tomar, acostarse tarde, comer tocineta, comer chicharrón, levantarse después de las 6 de la mañana, disfrutar… Tiene un equivalente femenino, una tipa hecha de pura fibra que podría ganarle en pulso a casi todos los hombres que conozco. En algunos casos ambos personajes se juntan en un matrimonio fibroso, que tendrá hijos cuyos kilos de más serán juzgados como si fuesen pecados capitales.

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