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Diez personajes indispensables en el supermercado venezolano PDF Imprimir E-mail
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Redacción - Casos y Rostros
Miércoles, 03 de Febrero de 2010 03:02

Los viajes al mercado más nunca serán iguales luego de este compendio de personajes sacados de los pasillos y los anaqueles

Por Pedro Camacho

10La busca ofertas

Guerrera de la economía ahorrativa, se especializa en hacer mercados de más de tres horas, aproximadamente 20 minutos por cada pasillo. Si existiese un museo de personajes del supermercado, el busto de la busca ofertas tendría un frasco apuntando hacia un verificador de precios y la otra mano acomodándose los lentes para no equivocarse al leer.

Suele cambiar de marca de galletas y de refresco cada semana, de acuerdo la que esté en oferta. Si vives en casa de este personaje, lo mejor es disfrutar esta incertidumbre jugando “¿Cuál será el jugo de la semana?” cada vez que abrimos la nevera.

 

9El que nunca ha ido al mercado

Si el personaje anterior pasaba tres horas en el mercado sorteando precios, éste pasa la misma cantidad de tiempo desorientado, sin poder encontrar nada de lo que necesita. Se puede identificar con facilidad ya que es la persona que más vamos a ver durante nuestra permanencia en el mercado, caminando de un lado a otro sin cesar con cara de perdido y el carrito estacionado en un pasillo para no tener que rodarlo por todos lados. Sus únicos amigos son los que arreglan los anaqueles, que son sus principales fuentes de información. Por algún motivo siempre suele provocar desastres enormes al tomar decisiones tontas, como querer retirar una caja de Zucaritas de una de esas pirámides promocionales de cajas de cereal.

8La que recuerda algo mientras hace la cola

Mi personaje favorito en el conteo. Cuando ya está en la cola es que empieza la parte más ajetreada de su mercado, un “corre corre” frenético por encontrar la mayor cantidad de artículos olvidados mientras su acompañante (que suele ser su hijo) le guarda el puesto en la fila, vaciando de la manera más lenta posible el carrito para darle tiempo a su madre a que encuentre todo. El principal factor que suele desencadenar su desespero es observar los carritos en las filas adyacentes a la suya, una especia de galería de todo lo que se le olvido comprar pero que, en su atropellada opinión, indudablemente va a necesitar. Cuando le toca el turno en la fila y su acompañante suda la gota gorda ante las miradas asesinas del siguiente en la cola, suele llegar trotando con varios artículos en las manos y diciendo, inocentemente: “Es que se me había olvidado una cosita”.

7La viejita abusadora

Advertencia: su carita dulce es sólo una fachada. Detrás, yace una señora inclemente, con la única meta de querer terminar su mercado rápido para poder sentarse otra vez en su sofá. Por lo general, suele utilizar su coraza de abuelita tierna para adelantársenos en la fila de la carnicería y en la fila para pesar las frutas y los vegetales antes de culminar su jornada en la fila de la caja. Es aquí donde aplica su plan más despiadado: primero engatusa a una inocente víctima para que le dé su puesto, señalándole que tiene sólo unos pocos artículos en la mano. Luego, apenas cede, llama a su nieto que trae un carrito abarrotado de compras para que ocupe su lugar. Tenerla adelante en la fila es también una lenta tortura ya que, por lo general, paga el mercado con puros billetitos de 5 y de 10 que va contando uno por uno hasta llegar al monto total.

6La señora de las hortalizas

Palpando melones y manipulando cerros de tomates se encuentra la señora de las hortalizas, una mujer cuyos años de experiencia en supermercados y fruterías le han enseñado que las frutas y los vegetales hablan, tienen lenguaje corporal y cambian de acuerdo al día. Menear aguacates para sentir la pepa y tocar patillas como si fuesen puertas son gestos de esta señora, una especie de Doctor Dolittle de hortalizas. Encuentra un placer enorme en comprar ingredientes para ensaladas y siempre suele llevar a casa cosas extrañas como chirimoyas o semerucos sólo porque “estaban fresquitos”. Su concentración al apreciar las hortalizas sólo se puede comparar a la de un cirujano en pleno quirófano. Tiene un loco deseo recurrente de derrumbar las habitaciones de sus hijos apenas se muden de la casa para hacer espacio al jardín de sus sueños.

5El empaquetador

Por lo general son expertos en determinar la distribución perfecta de los artículos de mercado en bolsas. Dos reglas básicas: doble bolsa para las que son muy pesadas (esto generalmente lo aprende por ensayo y error, al rompérsele una bolsa llena de cervezas individuales y melocotones en almíbar justo al llegar al carro estacionado del cliente) y los huevos van en una bolsa aparte (al menos de que se quiera hacer la mezcla del perico de una vez, en cuyo caso es recomendable lanzar en la misma bolsa tomate y cebolla picadas y colocar esa bolsa debajo de las demás). A partir de estas reglas los estilos varían, respetando la concordia del contenido (el jamón, el queso y la mantequilla en una bolsa, los productos de limpieza en otra). Si ocurre cualquier alteración de esta simple armonía, terminaremos comiendo “sanguchitos” con sabor a jabón azul.

4Los niños del carrito

Aún recuerdo la fascinación que me producía llegar a un mercado cuando era niño y correr como un desquiciado al volante de un carrito, sin importarme la cantidad de personas que pisase con las ruedas en mi recorrido, ni el dolor que inevitablemente le causaba a la señora que frenaba mi viaje por completo con sus piernas. Si hoy día pudiese tener un encuentro con ese niño que fui, probablemente lo agarraría por los brazos y lo colocaría de cabeza en la nevera de los pescados. Por lo general tienen poca edad como para querer ayudar a su mamá con el mercado y demasiada edad como para que su representante los encaje en el compartimiento superior del carrito. Cuando ya no caben en este grillete, en algunas ocasiones los padres los colocan directamente donde van las compras, dándoles libertad absoluta para destrozar con sus pies todas las frutas y bolsas de papitas. Como con muchos otros personajes, son adorables a distancia, pero sólo a distancia.

3La cajera del mal día

Hago la salvedad: No todas las cajeras tienen mal humor. Es más, puede que ni siquiera sean la mayoría. Pero basta con que nos toque la que se despertó con el pie izquierdo (que con toda seguridad hay por lo menos una en todo supermercado) para que le destruya la reputación a las demás. Todo comienza con un “¿afiliado?” pronunciado con voz baja, entre dientes y sin establecer ningún contacto visual (su mirada está por lo general divagando alrededor del resto del local, como si estuviese deseando que se iniciase un incendio o un asalto masivo que le diese la oportunidad de irse para su casa de una vez por todas). Algo que suele suceder con ella es que su mala vibra se transporta hacia otros elementos y conlleva a que ninguna de las tarjetas del cliente quiera pasar o que se caiga el sistema por completo. Su mal humor y desdén por lo que hacen sólo rivaliza con los de las secretarias de las oficinas públicas.

2El que va abriendo artículos antes de pagarlos

El escudo de su bandera es una bolsa de papitas abiertas, al lado de una manzana masticada. Es una verdadera amenaza para los supermercados, un abusador que generalmente se escuda de las miradas desaprobatorias de los demás clientes explicando: “yo esto igual lo voy a pagar”. Una de las cosas que más chocan de su actitud es que incorpora a sus seres queridos en sus fechorías, entregándole a su esposa la bolsa medio abierta de pistachos para que las pruebe u ofreciéndole a su hijo el último trago de una botella de refresco de dos litros, con lo que se asegura que esta desagradable tradición permanezca en la familia durante generaciones. Lo más interesante del asunto es que, por lo general, sí terminan pagando lo que consumen: un sin fin de bolsas, paquetitos y botellas vacías que dan la impresión de que este personaje ayuna por completo entre cada visita al mercado.

1La amiguera

Parece ser la dueña del supermercado. Conoce por el primer nombre a todos los empleados: desde las cajeras, hasta los que atienden las carnicerías, pasando por los encargados de los anaqueles que solamente van al mercado una vez a la semana. La experiencia del supermercado es para ella sumamente cordial y gratificante. Suele coincidir con otras de su especie todas las semanas, momentos en los que clausuran por completo un pasillo del supermercado mientras conversan de carrito a carrito, bloqueando el paso hacia ambos lados. Su forma amiguera le proporciona beneficios tales como pasar por la fila de “máximo 10 artículos” a pesar de tener 20 y no agarrar “tiquecito” en la carnicería, hecho que irrita a los demás clientes.

 

Revive la experiencia del impreso online!

 

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Comentarios (1)
1 Viernes, 05 de Febrero de 2010 10:45
Diana Jimenez
Amigo Pedro Camacho, no se imagina como me he divertido leyendo sus artículos, a veces hasta me provoca robarme las revistas en los consultorios médicos jejeje... existira alguna posibilidad de poder leer un buen bloque de sus articulos de los diez mas, como yo los llamo...

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