| Productos de cocina de factura nacional Los 800 de Smart Cook y Smart Home |
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| Redacción - Casos y Rostros | |||
| Miércoles, 03 de Febrero de 2010 03:02 | |||
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Por Vanessa Rolfini Entrar en su sala de exhibición es cómo entrar a la cueva de Alí Babá, cubierta del piso al techo alto de todo tipo de maravillas para los amantes de la cocina, en un margen que incluye a profesionales y aficionados. Ralladores, cuchillos de todos los tamaños y modelos, sartenes, ollas, cafeteras, tablas, moldes en metal y silicona, coladores, sacacorchos, rodillos, cestas de vapor, paletas, utensilios, rejillas, máquinas para pasta, planchas eléctricas, parrilleras, platos, tazas, copas, fuentes de servicio y pinzas es sólo el comienzo de una lista que alcanza los 800 productos para la cocina y el hogar producidos por las marcas venezolanas Smart Cook y Smart Home. Ambas marcas llevan cinco años en el mercado. Por una parte, Smart Cook identifica los productos dirigidos a la cocina, mientras que Smart Home agrupa a los artículos susceptibles de ser utilizados en la mesa. Todo comenzó cuando los hermanos Jacobo y Meyer Milgran decidieron irse para China con un portafolio lleno de ideas, especificaciones técnicas y de mercadeo estipuladas por el gusto criollo y muchas ganas de no depender de terceros a la hora de vender los productos destinado a los fogones. “Queríamos tener este segmento bien abastecido y no depender de los cambios de las marcas del exterior, con precios competitivos y un servicio técnico de calidad. Comenzamos con los cuchillos, que en la actualidad se dividen en tres líneas; luego vinieron los utensilios y lo que nosotros llamamos gadgets (coladores, destapadores, entre otros artefactos). A eso le siguieron las porcelanas de uso casero y para restauración, y de allí en adelante vinieron más productos, al punto que hoy producimos hasta electrodomésticos”, afirma Jacobo Milgram, director general e ingeniero eléctrico de profesión.
¿Quién dijo crisis?Cuando José Milgran -judío asquenazí padre de Jacobo y Meyer- llegó a Venezuela en 1932, no hablaba nada de español, pero le contaba a sus hijos que la primera palabra que aprendió fue “crisis”. A pesar de ella y con mucho trabajo, logró levantar a su familia y su negocio. “Mi papá decía que crisis es sinónimo de oportunidad”, asegura Jacobo, quien habla con un entusiasmo contagioso de los productos, los materiales y de los planes que tiene a corto y mediano plazo. Las ideas vienen de todos lados: del gusto de Jacobo Milgran por la cocina, de las recomendaciones y sugerencias de sus clientes y usuarios, de las ferias internacionales a las que asiste con regularidad -donde se ven los avances y tendencias- y, por supuesto, de la respuesta del mercado en sí. Según Jacobo, las modas las marcan los europeos, en especial los italianos. Por ejemplo, ahorita el material más utilizado es el acero inoxidable. “Hemos crecido rápidamente. En tres años, de cuatro a cinco veces lo que fue al comienzo y planeamos seguir creciendo. Ahora estoy en los trámites para producir ollas de fondo grueso, pero a precios competitivos”, asegura Milgram. Actualmente, se pueden encontrar sus etiquetas en más de 800 puntos de venta a escala nacional, como consecuencia de un empecinado objetivo de ganar espacios. “Cada producto que colocamos en el mercado, así como cada nuevo proveedor, lleva muchas horas de trabajo, pero lo celebramos. Además, intentamos proporcionar el mejor servicio técnico. La gente con su garantía en mano puede llamar a un teléfono y le indicamos dónde ir”. En una época en la que parece que nadie invierte, los Milgran asumen el riesgo. Tal vez allí está el secreto: avanzar cuando otros se repliegan con ideas osadas y creativas que respondan a las necesidades de un mercado creciente, producto del boom de la moda gourmet dada por programas de televisión, libros y escuelas de cocina. “Me han llamado loco, reloco, pero estamos en el mejor país del mundo”, asegura Jacobo, mientras explica detalladamente el mecanismo de uno de sus productos.
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