| Kevin Johansen A puro timing |
|
|
|
| Redacción - Casos y Rostros | |||
| Viernes, 05 de Junio de 2009 07:41 | |||
|
Por Daniel Centeno M. A Dakmar Hernández, pa´ que en la próxima me dé más tiempo con un entrevistado.Antes de que Kevin Johansen se fuera de Buenos Aires en 1990 rumbo a Nueva York, hizo de todo. Uno de los oficios más singulares fue el de actor. Sí, el tipo se metió en cuanto cortometraje independiente se produjo en la época. El episodio que le resulta más gracioso, y que luego lo marcaría en esa etapa, lo suele recordar en sus conciertos y entrevistas: -Tenía que besar apasionadamente a la actriz, que era la novia del director —comenta con su voz calmosa. Yo estaba encima del capó de un carro con ella en la escena y su pareja estaba montado en una escalera con la cámara en mano, mientras me gritaba: “¡besala más!, ¡dale!, ¡agarrala más!” (ríe). Ya sabes, ellos estaban muy enamorados de la nouvelle vague francesa. La mina se creía Anna Karina y él Goddard. Después de 25 tomas yo estaba muy feliz, como comprenderás… Claro, como el equipo éramos nosotros tres, uno ayuda a guardar los cables, las cosas y todo eso después del trance”. Al mes del papelón, Johansen se atrevió a llamarla para ir al cine. La excusa era perfecta: se había enterado de que la pareja no estaba pasando por buenos momentos. Así que terminaron viendo La sociedad de los poetas muertos. -¡Fue un bajón, che! Era la película menos viagra que existe, el antiviagra. Terminamos hablando de la nouvelle vague en un café, bien loser yo… En la parada del autobús intenté hacer mi último movimiento, y la piba me dijo: “no, Kevin, ahora no. Es el timing”. Ella se metió en su colectivo, yo me fui en el mío y allí compuse “Timing”. Esta entrevista también tiene algo de timing. Kevin Johansen da la sensación de ser de ese tipo de gente que, ante una situación de riesgo — un terremoto, por ejemplo-, conserva la calma y tranquilidad sin problemas. De hecho, quizás sea de los que se ponen en los marcos de las puertas hasta que los escombros lo rodeen al nivel de la cintura, mientras escucha los gritos a lo lejos. Hay algo de Buster Keaton en él. Cuando vino a Caracas se quedó una semana y todo se lo tomó con una feliz tranquilidad. Deambuló por las calles, saboreó el queso telita de Upata, se fue a sitios a tomar bebidas refrescantes, escuchar salsa, rock nacional, joropo y reggaetón. El día que llegó a la capital coincidió con la última noche de su amigo Jorge Drexler en la ciudad. El músico uruguayo venía de una agotadora sesión de sol y playa en Los Roques y, hecho polvo de tanto relax, lo aguardó por horas en un famoso local nocturno. Dicen que Johansen se tomó la noticia con calma y mucha flema. Sin malicia lo hizo esperar más tiempo del debido y, luego, con una sonrisa de Buda abrazó a su compañero, no sin antes contarle lo interesante que fue haber escuchado al grupo C4 Trío minutos atrás. Drexler, quizás perplejo, le enseñó las fotos de Los Roques y toda su amargura e impaciencia se tornó en alegría. 13/05/09 Terraza del hotel — 5:40 pm.Kevin Johansen estrecha la mano y se ríe de algunos nombres venezolanos. Usnavi es el que más le gusta de todos. Le dan una taza de café y lo sorbe con gusto. La primera pregunta es tan larga como obvia: -Tener padres de diferentes nacionalidades, haber nacido en Alaska y vivir en varias ciudades y países en el mundo le habrá creado una enorme crisis de identidad. Dicen que la música es el lenguaje universal. ¿Por eso se amparó en ella y de la manera tan ecléctica como hasta ahora lo ha hecho?-Sí, seguramente me amparé. Es un buen término… También digo lo mismo que Youssou N?Dour, el famoso cantante senegalés: “la música es el primer idioma”. Esa es una buena frase… Hace pocas semanas estaba pensando en eso de que algunos somos medio de algo cuando tenemos dos culturas: mitad norteamericano o mitad argentino. En realidad, ahora pienso que soy enteramente argentino y enteramente gringo. Como dicen en inglés: “You have the best of both worlds”. Tengo lo mejor de dos mundos y estoy en paz con eso. Aparte, me parece que esto es algo cada vez más frecuente. Mucha gente tiene un padre de una parte y una madre de otra. En mi caso quizás sea un poco más extremo, bipolar, realmente. -¿Entonces nunca se sintió presionado por ese hecho multicultural?-Puede haber presiones, pero no en mi caso. Tengo buena relación con músicos de todos lados, en especial de Argentina, España, Uruguay y Brasil, y esto va en aumento. Creo que no hay un problema o, en todo caso, la complicación es de otro. No es mía. -Sin embargo, cuando era muy joven le daba vergüenza decirle a sus amigos uruguayos que su nacionalidad era norteamericana. ¿Eso no puede percibirse como una crisis de identidad?-Sí, es cierto. En Uruguay, cuando tenía 12 ó 13 años, cometí el error de que me diera vergüenza decir que era alaskeño, porque iba a ser muy extraño para los muchachos de Montevideo. En esa época jugábamos al fútbol… Entonces, no tuve mejor idea que decir que era porteño, que es lo peor que puedes decir en Montevideo (ríe). El argentino de Buenos Aires es el rival, el vecino, el que pasa la luz en rojo, va a Punta del Este, el canchero. Ese es el peor retrato que puede existir. Igualmente me tomaron cariño y todos nos cagamos de la risa… Calculo que un día uno de los chicos se puso cargoso, y quise demostrarles que no era de allá. Me los llevé a casa para enseñarle mi pasaporte, y uno me dijo que yo era un porteño mentiroso con un documento falso. Luego, cuando era joven en Buenos Aires, me daba cosa mostrar las canciones en inglés y, cuando fui a Nueva York, con 25 años me sucedía al revés: me daba un poco de cosita mostrar las que había compuesto en español. Eso se me curó rápidamente, gracias al dueño del club nocturno CBGB?s que fue mi mentor tormentor, como le digo yo. Kevin Johansen es de esa extraña raza de músicos de la que forman parte personajes como Gustavo Cerati o Björk. Tipos ya no tan chicos pero que parecieran apresar una juventud encapsulada. Con 45 años, tres matrimonios y tres hijos, tiene la pinta de hermano mayor con mucha onda. No viste como un adulto y tampoco lo parece. Además, hay un recorrido de vida con un enjambre de múltiples líneas, que quizás le den la suficiente autoridad para aconsejar a almas perdidas: Johansen vivió en Estados Unidos, luego en Uruguay y después en Argentina. En esta última ciudad fundó un grupo de nombre Instrucción Cívica, el cual llegó a grabar dos discos de pop ochentoso y logró cierta notoriedad como banda telonera. Sin haber colgado los guantes, en 1990 se mudó a Nueva York para probar suerte. Allí preparó desayunos en un restaurante, fue vendedor ambulante de videos, barman, empleado de hotel, trabajador de la ONU y músico nocturno. En el año 2000 fundó su grupo, The Nada, y regresó a Argentina con un disco debajo del brazo. La placa no fue mal recibida y, con una propuesta que mezclaba diversos géneros, logró salir de gira con las canciones “Guacamole”, “Campo Argentino”, “El Círculo” y “Mc Guevara?s o Che Donald?s”, ésta última con una evidente carga política. Sin embargo, no fue hasta Sur o no Sur (2002) y Citi Zen (2004) cuando el éxito comenzó a sonreírle: algunos músicos reconocidos quisieron colaborar con él, el dibujante Liniers hizo la portada de su último álbum y se prestó a salir de gira como caricaturista oficial de sus conciertos. -¿Llegar a la fama a los 40 años no es lo más anti rock que puede pasarle a alguien?-¡Total! Es lo más anti rock que hay. Aunque en realidad fue a los 35 años, pero si quieren decir que fue a los 40 y envejecerme, está todo bien (ríe)… Igual, creo que fue bueno el camino. Fui muy inocente e inconsciente, en el mal y buen sentido. Nunca lo tomé como una carrera. Componía canciones y tenía ganas de mostrarlas. Afortunadamente tuve momentos claves en donde alguien que sabía mucho me decía: “Tú puedes, ¡vamos!”. Eso ayudaba. La verdad es que nunca me hice mucho problema. Quizás es esa parte gringa la que fue determinante en mí, en el buen sentido. Hablo de la costumbre de trabajar en lo que sea. Y eso pasa desde que terminas el high school. Hay una cultura del trabajo muy buena. Fui un poco tarde (a los 25 años) a Nueva York y lo asumí con la finalidad de hacer música. En sus canciones, Kevin Johansen juega con las palabras. A veces, suele meter contenidos cultos en sus temas, aunque los géneros no sean los más esperados para sus estrofas. En su música existe una extraña comunión entre la palabra exacta con la melodía, la cual provocará la gracia esperada. Hay un misterio en eso, que él sabe manejar por pura experiencia e intuición. Uno de los mayores ejemplos está en el tema “Cumbiera intelectual” del disco Sur o no sur. En éste se narra una absurda historia de amor dentro de una bailanta, con una chica culta y un ritmo más relacionado con la gente poco instruida. “Esa canción es una observación social o sociológica del Buenos Aires del noventa con el que me encontré en 2000 —comenta-. Ese género estaba mal visto. La música tropical que llegaba no era de buena calidad, salvo Los Guaguancó que hacían buen honor a la cumbia de por estas tierras. Hay una generación como la de Charly García y Luis Alberto Spinetta, por ejemplo, que nunca haría una cumbia… Eso ya no es así, porque empezó a existir una mirada más latinoamericanista en Argentina. También cambió toda la cuestión social. Cuando regresé fui a un par de bailantas, a modo de curioseo, y vi que había más interacción social, chicas de clase media que bailaban sin complejos. Luego volé y me fui al carajo (ríe). Canto como si fuera un pibe de clase baja que no sabe nada y que está sorprendido con esta mina.” -Su madre fue Licenciada en Filosofía y Letras, y se dedicó en algún momento a la docencia. ¿Cuán decisiva fue ella para su formación?-Sí. Tuve una mamá políglota, que hablaba entre siete y ocho idiomas. Aunque suene un poco edípico: la primera cumbiera intelectual fue mi madre. Es de esas que te obligaban a leer a George Orwell y Aldous Huxley a los 11 años. Me tiraba los libros y eso me nutrió mucho. Por eso digo que, en realidad, mi relación con la lectura fue buena hasta que falleció hace seis años. Ella me alimentaba y me sugería mucho, porque era incansable, aparte de que leía todo y estaba informadísima. Era de las que te decía las cosas que eran una cagada o buenas. Siempre descubría autores y nuevos libros. -¿Cuáles son sus autores favoritos?-Ahora mismo siento que estoy en deuda, aunque sigo leyendo a mi adorado Henry Miller con El Coloso de Marusi o Primavera Negra. También tengo algo de Haruki Murakami escondido, esperándome como otros libros. Lo que sí estoy es muy cinéfilo. Ahora mismo me encuentro en una revisión exhaustiva de Woody Allen. Ese pibe es muy actual. Hay quien dice “pintarás tu aldea y serás universal”, pero yo prefiero cambiarlo por “pintarás tu tiempo y serás atemporal”. De verdad, veo, leo y escucho de todo. -Eso es raro. En muchas entrevistas ha dicho que es muy cerrado en materia musical, que no suele darle oportunidad a las nuevas cosas que le dan para escuchar.-No, no. Escucho muchísima música todo el tiempo, porque los oídos no se pueden cerrar. Oigo un reggaetón sonando y averiguo qué es. Conozco el trabajo de Wisin & Yandel, de Calle 13. Me gusta, de hecho, ese grupo. Son gente muy linda. La vez que los saludé me llevé una grata sorpresa, porque no soy muy de esos de entrar a camerinos. De repente, me asombró saber que tenían registro de lo que yo hacía. Les gustaba mi tema “Desde que te perdí” y me pidieron que me tomara una foto con ellos (imita el acento puertorriqueño). Están haciendo cosas muy locas con las letras… También es por épocas cuando escucho los CD que me regala la gente. Pero, sí, estoy en la pomada, como quien dice. Del mismo modo, utilizo la frase de la lucha libre: “no imiten a sus ídolos”. Me disgusta mucho cuando un artista está influenciado por otro y canta igual. La otra vez un primo mío me dijo que tenía un amigo que yo debía escuchar. Estábamos comiendo y tal, me puso el iPod y la voz era igual a Eddie Vedder el de Pearl Jam (hace el remedo). No podía mirarlo a la cara. ¡Loco, no podés cantar tan igual a alguien! Una cosa es la influencia, que te gusta y está todo bien. Por eso quizás me da algo de temor de dejarme influenciar y cantar como Caetano Veloso, que no sería malo, o como Sinatra. Por lo menos hay que cruzarlos: sonar entre Caetano y Sinatra, aunque sea complicado. El músico elude preguntas comprometedoras. Tiene carisma. Le gusta llenar sus respuestas de citas interesantes. También manipula las palabras y sonríe mucho, pero le falta algo. Parece percibir cuando quien pregunta es un fan y se lo gana. Provoca suspiros en algunas mujeres que llevan una libreta de periodista y camaradería en los hombres armados con grabadores. En otros preguntadores profesionales, en cambio, siembra frustración, la sensación de no haber sacado algo diferente a lo que ha dicho mil veces. Se advierte cansancio, una entrega a medias. Hay algo que no cierra. Johansen se mantiene calmoso. Parece mentira que, pese a todo, siga diciendo que lleva a Alaska metida en su piel. -¿Cómo es su proceso al componer? ¿Cuándo sabe que una canción va en inglés, en castellano, en francés, en portugués y cuándo si es una cumbia, una milonga, una rumba?-Con respecto al idioma surge y trato de no traducir. Y si lo hago, lo hago al principio. Escucho y siento cómo suena mejor. A veces, le meto cosas bilingües a ciertas canciones. Con respecto a la música, me pasa desde tararear una melodía y luego buscarle una letra que ruede por la lengua. A la vez debo ser muy titulero. “Desde que te perdí” nació con el título, quería hacer algo en donde al pibe le fuera bárbaro y se me pegó una rumbita. Con el género hay una cosa muy linda que dice mi amigo Paulinho Moska: “la letra es como la persona y la música es como la ropa que se pone”. Eso surge muy desde el vamos, es algo muy postmeditado. Es premeditado pero en el sentido que nace en el momento el género o des-género musical. Anoche escuché al C4 Trío, el joropo, esos ritmos en los cuales no sé en dónde carajo está uno, y me dije: “llegué ayer a Venezuela y sigo viajando, porque con ustedes estoy perdido”. Es todo aire, puro aire musical. El joropo tiene un parecido rítmico con una chacarera, así que podemos ver si hacemos una joropera o un chacaropo. -¿Conoce a Simón Díaz?-Claro, Simón Díaz es el Atahualpa Yupanqui de aquí. -Por cierto, hace un rato se estaba riendo del nombre Usnavi, pero a su hijo le puso Tom Atahualpa. ¿Entonces cuál es más raro?-Mi hijo fue una libertad que me tomé, a pesar de la familia de su mamá que estaba muy shockeada (ríe). Los convencí diciéndoles que el segundo nombre es una anécdota, que queda en el olvido y que no lo anotaría en la escuela con ése para que no se burlen los demás muchachos. Instrucción Cívica duró poco, pero lo suficiente como para sacar un par de discos, pegar algunas canciones y salir de gira con el grupo Sumo. Esta última banda fue más que una institución en Argentina. Luca Prodan, su líder, resultó ser una piedra de toque incontestable en el movimiento de rock austral, hasta su muerte por sobredosis en 1987. Italiano de nacimiento, como su padre, y de madre escocesa, eligió Buenos Aires para llenar de música el movimiento underground porteño de los ochenta. Su propuesta fue inédita para la fecha: letras en inglés y español, en pleno conflicto de las Malvinas, acompañaron canciones que se paseaban por el punk, el reggae y el funk sin mayor escollo. Es posible que para Johansen esto haya sido decisivo al momento de absorber unas claves estilísticas que luego influenciarían su futuro musical. -¿Por qué escondía sus canciones compuestas en inglés en esa Argentina si ya existía ese bilingüismo con Sumo?-Lo que pasa es que los Sumo tenían 10 ó 15 años más que uno en ese momento. Es decir, había bastante camino hecho y fueron un ejemplo increíble. Cuando yo escuché por primera vez a Luca con un verso que decía “Dale baby, dame Nesquik, yo quiero verte next week”, me di cuenta de que eran buenos, eran geniales. Ellos me mostraron una enorme libertad que yo no poseía. Tenía mis tapujos, prejuicios, temores, en especial, temores al prejuicio ajeno. -Es raro que no le haya dedicado una canción a Luca Prodan, cuando en muchas no esconde sus homenajes.-Es que dedicarle una canción a Luca es un lugar común, como hacer lo mismo con Maradona. Claro, yo lo menciono brevemente en “Guacamole”, pero nada más. Creo que más que cantar algo dedicado a Luca, hace unos días pensé en tocar “Virna Lisi”. Ese es un tema bellísimo de Sumo, dedicado a la famosa actriz. Es una canción en inglés que, para mí, son fáciles de hacer. También hay otras piezas como “Mi bandera”. Son geniales y ellos fueron una gran escuela. Desde hace rato Kevin Johansen no toca la taza de café. Sus productoras revolotean. Una dice que faltan cinco minutos para terminar. Otra, vestida con una guardacamisa del merchandising del artista, pasa con cara de seriedad. Falta una entrevista corta, una rápida grabación para televisión, una visita a un canal y luego su breve entrada en tarima para acompañar a Famasloop. El hombre que no le tiene miedo a los terremotos, en cambio, curiosea una computadora portátil que muestra un video de su guitarrista y luego habla de sus ídolos. “Cuando me llevó Paulinho Moska a tocar por primera vez en Río, pasó algo bárbaro: en el segundo concierto fue Caetano como público, por una recomendación de una amiga que nos había visto el día anterior. De golpe veo a Paulinho temblando, nervioso. En un receso del recital voy atrás y el sonidista me dice: “boludo, está Caetano en la segunda fila”… Siempre digo que si un monstruo como él te va a ver cuando comienzas tu carrera y luego te saca a comer pizzas como nos pasó, habla de la humildad de los grandes. Es como ir a un pub en Nueva York y que te encuentres con Dylan. Son artistas enormes, referencias ineludibles. Por eso tengo homenajes a Leonard Cohen y a Atahualpa Yupanqui, porque son personajes que han influido en la cultura. Eso me recuerda cuando Miles Davis respondió que sus mayores influencias eran Orson Welles y Frank Sinatra. Al preguntarle por qué el primero, el trompetista dijo: ‘porque me inspiró su manera de hablar, sus ritmos, su fraseo, su dicción”. -En sus canciones hay muchas dedicatorias como la de Atahualpa Yupanqui, Paulinho Moska, David Bryne o Charly García, entre otros. Una gran parte de ellas son para personajes que quizás nunca conozcan sus discos, como es el caso de Susan Sarandon o Leonard Cohen. ¿O alguno se ha enterado?-Algunos se han enterado… Sé que Byrne me ha puesto en su radio y ha dicho buenas cosas de mí. En El País de Madrid habían escrito que yo era como él pero más completo, lo que me parece una tontería y ridiculez. Decían que yo era medio latino de verdad y Byrne se hacía. Eso fue una estupidez, porque él es un genio. -¿Se puede mantener la naturaleza underground cuando ahora lo conoce hasta el gato?-Bueno, suelo decir que ahora se puede ser masivo de culto. 15/05/09 Bar caraqueño — 1:45 am.Desde la noche anterior se corrió el rumor de la visita de Johansen a un bar de La Castellana. La gran noticia era que esa noche la salsa más brava inundaría el local con El Guajeo. Alfredo Naranjo, su líder desde el timbal, ya había tocado un primer repertorio cuando apareció Johansen. Con una sonrisa y una copa en la mano escuchó toda la cabilla que salió de las cornetas. -¡Qué grande! Me gusta verles las caras a los músicos —dijo-. Que el jefe del grupo tenga una remera de Pink Floyd dice mucho del pibe. ¡Qué bárbaro! Una chica de estampa alternativa se armó de valor y lo sacó a bailar un tema de Oscar D?León. Johansen no lo hizo tan bien… Otros le decían cosas al oído. Cuando le comentaron: -Kevin, te debo una novia por la “Cumbiera intelectual”. Johansen sonrió y respondió con picardía: -No sos el primer caso que me dice eso, che. Al terminar el concierto del grupo de salsa, Johansen pidió que lo llevaran a escuchar reggaetón a otro local nocturno. Sus guías accedieron y se dispusieron a salir del bar. Afuera, la novia de un escritor venezolano gritó al verlo partir, y pidió que posara para una foto con su pareja. Cuando se fue, ella preguntó: -¿Y quién era el pana?
|
| Agenda del mes |