| Diez personajes indispensables de la boda venezolana |
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| Redacción - Casos y Rostros | |||
| Domingo, 05 de Abril de 2009 03:37 | |||
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Por Pedro Camacho 10 La bailadoraVa a las bodas con el único fin de mover las piernas. Durante la ceremonia eclesiástica se puede distinguir porque mueve incesantemente los pies cual tic nervioso y tamborilea sus dedos contra sus piernas, haciendo lo posible por suprimir sus deseos de dejarse llevar por el ritmo y hacer un show en la iglesia. Es como un fumador con ansiedad. Ahora, apenas comienzan las primeras notas merengueras de la banda en la fiesta, la bailadora no vuelve a agarrar una silla hasta que agarra el carro para irse para su casa en la madrugada. A eso de las dos de la mañana, generalmente se quita los tacones y limpia el piso del salón de fiestas con las plantas de sus pies. Suele tener muchos, muchos amigos, aumentando sus probabilidades de tener una boda por lo menos una vez al mes y así saciar sus dosis de baile. 9 El fan de la hora locaA diferencia del personaje anterior, este baila poco. Usualmente pasa su tiempo en la boda bebiendo y hablando de mesa en mesa, por lo que para el momento que suenan las notas de “Allá Cayó” y “Música Ligera” ya se encuentra bastante pasado de tragos y listo para brincar como un loco, sin temor al ridículo absoluto. Su tema favorito es la conga de Montaner y, por lo general, suele ir al frente de la fila de personas, disfrazado con varios pares de lentes y sombreros, además de matracas en ambas manos y un pito en la boca. Todo un show. Meses después, cuando toda la familia esté viendo las fotos de la boda y vean las de la hora loca, dirán al unísono: “Este _____ (colocar aquí el nombre del sujeto en cuestión) sí que se volvió loco ese día”. Si la hora loca durase más de 60 minutos, posiblemente los recuerdos serían un poco menos gratos. 8 El comelónMuere por una mesa de queso. Muere por una minilumpia. Y, por sobre todas las cosas, muere por un tequeño. Al llegar a la fiesta, sin importar en qué mesa le haya tocado, hará siempre lo posible por estar cerca de la puerta por donde entran los mesoneros. Por lo general se hace amigo de ellos, pidiéndoles que no dejen de llevarle pasapalos por su puesto y que “no lo dejen morir”. A pesar de estar bastante consciente de que los días después de cada matrimonio al que ha asistido en su vida amanece indigestado, siempre comete el mismo error de comer de más. Incluso tiende a ayunar durante el día para tener suficiente espacio en la noche. Consejo: al menos de que seas este personaje que ya todos saben que comen demasiado y lo quieren a pesar de eso, agarrar más de un pasapalo por vez de las bandejas de los mesoneros es considerado mala educación. 7 La fotógrafa obsesivaSiempre me he preguntado cómo alguien cuya cara nadie recuerda en algún contexto que no incluya el hecho de tomar una foto, puede haberse divertido en la fiesta. Su cámara está adherida a su mano. Si al salir de la fiesta cayese víctima del hampa y perdiese su cámara, se perdería por lo menos 60% del total de fotos tomadas en la fiesta. Recientemente descubrí una nueva costumbre fastidiosa de este personaje, que consiste en acercarse a los invitados, abrazarlos y luego estirar el brazo que le queda libre (que además es el que tiene la cámara) para poder tomar la foto de ambos y salir retratada con cada invitado de la fiesta. Siempre me ha provocado esconderles la cámara mientras están en el baño para ver cómo pierden los estribos y arruinan la fiesta, obligando a todos los demás a buscar debajo de las mesas. 6 El tío pasado de tragosTan tradicional como el lanzamiento del buqué es este personaje. Una hora después de que se baila el vals y comienza la musiquita bailable, inexplicablemente aparece el tío pasado de tragos, levantando la eterna pregunta: ¿Cómo alguien puede llegar a ese estado en menos de dos horas? Existen generalmente dos subespecies de este personaje: uno es el tío violento (en el cual no me extenderé por temor a destapar malos recuerdos en los lectores) y el otro es el tío gozón. Este último suele pasar la fiesta echando chistes (mientras más tarde se hace, más groseros se ponen) y bailando con las amigas más bonitas de sus sobrinos. Suele terminar la velada dormido en alguna silla con la cabeza encima de las migas de torta de boda regadas en la mesa. Dato curioso: si durante la hora loca se encuentra de frente con el personaje 9 de la lista, juntos pueden lograr protagonizar los momentos más memorables y a la vez humillantes de cualquier boda, así que pendiente con las cámaras (eso es contigo, fotógrafa obsesiva). 5 El primo que todos llevaban años sin verHay familiares que uno ve todos los domingos. Hay unos más distantes que uno nada más ve los 24 de diciembre. Ahora, hay unos, los verdaderamente alejados, que sólo salen a relucir en las bodas familiares. Describo el ritual: por lo general, va acompañado de algún familiar que sí es cercano al núcleo. Este familiar le enseña el primo a otro familiar que dirá “Diooos, no puede ser… Pero si yo te cargué!”. Este último familiar llevará al primo a otra mesa a enseñarlo y de ahí lo llevarán a otra mesa y así sucesivamente. El primo, a su vez, se verá forzado a sonreír en cada nuevo encuentro y a asentir con la cabeza cada vez que la gente le pregunte si se recuerda de ellos (a pesar de que, en realidad, no recuerda a nadie). Lo más recomendable es aprovechar y tomarse todas las fotos posibles con él. Su aparición en público es rara, como los eclipses solares o las bodas venezolanas sin arroceros (más acerca de este punto un poco más adelante). 4 El padre orgullosoProbablemente es el personaje, sin contar los dos que se están casando, más feliz de toda la fiesta. El día de la boda es una montaña rusa de emociones que lo llevan de la alegría desbordada al llanto desaforado en instantes. Entre sus principales (y más aburridas) tareas se encuentran la de recibir las felicitaciones de todas las personas de la fiesta, un interminable caminar de mesa en mesa ejercitando los más diversos estilos de conversación trivial, que van desde hablar del clima hasta un debate político, siempre respetando la regla dorada de no pasar más de 10 minutos en cada mesa, para que el tiempo le rinda y no deje a nadie por fuera. Cuenta sencilla: a 5 minutos por invitado, con sólo 100 invitados, implica 8 horas de estar parado, conversando. Consejo: Haga rendir su tiempo. Su otro compromiso tradicional (por lo menos en Venezuela) es el de hacer el brindis y dar inicio al vals. Consejo para el discurso de brindis: debe tener un balance delicado entre humor y emotividad. Demasiada emotividad, arruinas el ánimo de la velada. Demasiado humor, arruinas tu imagen de por vida. 3 La que se tiene que llevar un recuerditoHay gente que ve las bodas como bazares para llevarse cosas. Para entender este personaje, vale la pena subdividirlo en dos especies. Dentro de esta subdivisión no se toman en cuenta el material entregado en la hora loca que todos tenemos en nuestros cuartos, ni los vasos de agencia de festejos que nunca faltan en todo gabinete de cocina. 3.1 La que se lleva el centro de mesaParece mentira, pero existe una cacería tácita entre todas las mujeres en una boda para ver quién se lleva los benditos centros de mesa. Lo fascinante de este fenómeno es que se tiene que esperar hasta que se haya acabado la fiesta para que dé inicio. Es más bien una competencia de resistencia. Sencillamente, si te vas muy temprano pierdes, pero si te quedas muy tarde y no estás pendiente, te quedas con las manos vacías. Lo mejor parece ser designar a alguien (recomiendo a la más joven) de cada núcleo familiar para que se encargue de tan delicada tarea. 3.2 La que se lleva lo que quedó de la comidaCuando estemos en nuestras casas el día siguiente de la boda, abramos nuestras neveras y veamos que podemos hacernos un sándwich con jamón serrano y queso tentación, unas galletas embadurnadas con paté y finalizarlo todo con un buen trozo de torta de boda, demos gracias a Dios por la existencia de este personaje y agradezcamos que tuvo el coraje y la falta de vergüenza como para llevarse un sorteado de comida de la fiesta entre platitos plásticos. 2 La amiga lloronaTodos sabemos cuál es. Es la que aparece con el maquillaje corrido en el álbum de la boda, desde que se tomó la primera foto justo antes de que entrase el cortejo en la iglesia. Sus lágrimas combinan dos sentimientos en una interminable cascada: por un lado, se encuentra la sensación genuina de alegría, al ver a su amigo o amiga casándose. Por otro lado, se encuentra el entendimiento de que cada vez se casan más de sus amigos y de que pronto será la única disponible (y dispuesta) los viernes por la noche para salir a rumbear. Por lo general, la vida le lanza una curva irónica permitiéndole atajar todos los lanzamientos de buqués en los que ha participado, acentuando cada vez más las crisis emocionales por las que pasa en estas veladas. 1 El arroceroEsta lista termina con un personaje que no debería estar en la boda, pero que siempre logra entrar en ella. Cuando toda la familia se reúne a ver las fotos, este es el personaje que la novia suele señalar, exclamando en voz alta: “¿Y este quién es?”, a lo que todos los demás responderán: “¿Ah? Yo siempre pensé que era amigo tuyo…”. Si eres lo suficientemente afortunado como para identificarlo el mismo día de la boda, haz lo posible por sacarlo cuanto antes, porque a estos parásitos no les basta haber entrado a la fiesta sin que los hayan visto, sino que tienden a consumir bebida y comida sin parar. Son verdaderos zamuros en busca de sitios para aterrizar. Sus lugares favoritos son las bodas lujosas en hoteles que poseen varios salones, ya que en esas ceremonias se supone que nadie será tan caradura como para querer entrar sin invitación.
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