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¿Es posible que el hombre desaparezca del planeta? ¿Volvería a habitar la Tierra? ¿Tardarían mucho tiempo las ciudades en ser devoradas por la naturaleza? Tales preguntas se hacen expertos biólogos, geólogos, climatólogos, botánicos, arqueólogos, ingenieros y ecologistas, quienes también tratan de hallar respuesta a cómo sería la Tierra después de la desaparición. Estas interrogantes surgen dado los graves problemas ambientales, sociales y políticos existentes. ¿Qué causas podrían generar la desaparición del hombre? Según la ciencia, existen varias: causas naturales (desastres de grandes proporciones, pandemias provocadas por enfermedades incurables); artificiales, que incluyen factores provenientes del espacio; una posible guerra nuclear o biológica; una hambruna mundial, resultante de la superpoblación; la disminución de los recursos naturales no renovables; la destrucción de la capa de ozono; el calentamiento global; la pérdida de una atmósfera respirable debido a gases tóxicos; cambios bruscos de frío a calor o de calor a frío; congelamiento de la Tierra; llamaradas solares; que la Vía Láctea colapse con la galaxia Andrómeda; que el Sol absorba a la Tierra mientras aumenta de tamaño; la sustitución del hombre por robots; la infertilidad humana o una invasión de seres alienígenas superiores. Si esto sucediera, la naturaleza tardaría poco en invadir las ciudades, haciendo que edificios, calles, monumentos y otras estructuras sucumban ante inundaciones, corrosión y crecimiento de bosques, desiertos y áreas nevadas. Los embalses producirían desbordamientos tan fuertes, que inundarían lugares como el metro de Nueva York. Después, las calles se agrietarían. En los primeros días, meses y años sin humanos, la naturaleza comenzaría a recuperar terreno, al mismo tiempo que la falta de uso y mantenimiento debilitaría presas, plantas de energía y túneles. Poco después, especies de animales domésticos desaparecerían por falta de comida. Grandes animales que escaparán de los zoológicos proliferarían por las calles. Según Edward Wilson, biólogo de la Universidad de Harvard, en poco tiempo, vacas, ovejas, gallinas, cabras y cerdos morirían. Por su parte, Gordan Masterton, de la Real Institución de Ingenieros Civiles de Gran Bretaña, sostiene: “Tras desaparecer el hombre, las luces del planeta se apagarían después de paralizarse las plantas eléctricas y, a los pocos días, el mundo se encontraría en total oscuridad. Seis meses después, las ciudades serían ocupadas por los animales. En menos de 100 años lobos, ciervos y osos migrarían a las ciudades; entonces, la jungla de asfalto se convertiría en una verdadera jungla donde la naturaleza ganaría terreno. Al no existir el hombre, desaparecerían también los piojos y parásitos que habitaban en su cuerpo y enfermedades como el sida y el cáncer. Un siglo después, los edificios se derrumbarían: primero los de madera, arrasados por millones de hormigas blancas; después, los de cemento y hormigón comenzarían a desplomarse corroídos por el aire, las raíces de las plantas y el clima. Las antiguas zonas urbanas, cubiertas por bosques y matorrales, serían incendiadas por los relámpagos. En Nueva York, cubierto por el hielo, quedarían medio enterradas la Estatua de la Libertad y otros monumentos. Mientras la muralla china y el canal de Panamá desaparecerían, los reactores nucleares de las 441 centrales existentes se sobrecalentarían e incendiarían. La radiactividad duraría milenios, mientras que fallas tecnológicas harían que las computadoras tomaran acciones imprevistas o que los robots comenzarán a luchar contra el hombre. Nuestra civilización requiere de un constante mantenimiento que sólo el hombre garantiza. Sin embargo, los expertos sostienen que a la naturaleza tan sólo le tomaría 15.000 años borrar totalmente su huella, por lo que cabe plantearse: si la Tierra tiene 4.500 millones de años, ¿es posible que una civilización anterior a la nuestra haya existido millones de años antes? Si fue así o si ahora pudiéramos desaparecer, entonces no sería extraño encontrar muchos años después, en algún lugar del despoblado planeta, una placa con el siguiente mensaje: “El mundo, tal como lo conoció la humanidad, ahora es sólo un recuerdo. Su lugar lo ocupamos nosotros, los muertos que andan. Los pocos sobrevivientes buscan cualquier cosa que les permita olvidar el infierno en que se ha convertido su existencia. La misión de conseguir comida y suministros esenciales ha sido asignada a un “ejército” que realiza tal tarea fuera de los límites de las ciudadelas con la seguridad que les ofrecen los enormes vehículos blindados de los androides. Mientras, como vestigio de viejas costumbres de los antiguos habitantes del planeta, crece el desorden y la anarquía, y fuera, el ejército de los muertos —dirigido férreamente por los robots-humanoides- está aprendiendo a respetar, a organizarse y comunicarse, a consecuencia de la convivencia con ellos. A diferencia de los otros animales, el hombre antiguo fue dotado de un cerebro e inteligencia que le permitía sobrevivir y transmitir a sus descendientes la información cultural. Pero mal empleada ésta, su egoísmo y soberbia lo llevaron hacia su propia destrucción”.
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